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domingo, 27 de febrero de 2011

CONTRA-TIEMPOS (6)


     El pobre de Atanasius Kleim culminó, luego de muchos años de afanoso esfuerzo, su inútil invento.
Sonrió satisfecho al admirar su creacion, pues en su fuero interno sentía que había logrado el éxito definitivo y que su vida tenía por fin un sentido.
El pobre Atanasius Kleim estaba convencido que su inútil invento seria celebrado por todos, amigos y desconocidos. Pobres y ricos. Ignorantes y sabios. Niños y ancianos. Mujeres y hombres. La humanidad toda.
Su mujer miró con pena el inútil invento de Atanasius Kleim, pero nada dijo pues lo amaba demasiado como para lastimar su corazón. En cambio lo felicitó, augurándole un futuro exitoso y grandes recompensas de sus pares.
En su fuero interno pensó que muchas veces la cruda verdad era más triste que una pobre mentira.
Para que la ilusión de su marido no se viera destrozada luego de tantos años de vanos  esfuerzos, habló con algunos vecinos del barrio y les expuso su idea con el fin de sostener la piadosa mentira.
Como todos ellos apreciaban al pobre Atanasius Kleim, alabaron sin dudarlo su inútil invento, pues ellos también pensaron que, muchas veces, la cruda verdad era más triste que una pobre mentira.
Esa idea se extendió por todo el barrio en donde vivía Atanasius Kleim y así fue como los vecinos acudieron a la humilde vivienda para poder ver el inútil invento. A los vecinos les sucedieron los vecinos de los barrios aledaños y más tarde los que vivían en toda la ciudad.
Si bien algunos, ignorantes de la mentira urdida, no sabían bien para que servía exactamente el inútil invento de Atanasius Kleim no se atrevieron a aclarar su ignorancia por temor a quedar como tontos y por lo tanto alabaron las inexistentes virtudes del mismo.
Atraídos por la noticia, los medios de información también hablaron y escribieron sobre el inútil invento de Atanasius Kleim. Exaltaron, con rimbombantes frases, el logro obtenido por el pobre inventor, a pesar de no tener ni la más mínima idea sobre su utilidad práctica.
Artistas plásticos, pintores, escultores y aquellos falsos intelectuales que veían cosas donde no las había, se maravillaron ante el inútil invento de Atanasius Kleim pues vieron en el mismo el punto cúlmine de toda obra creativa.
Un grupo de selectos científicos, filósofos y psicólogos, alertados por el cauce que estaba tomando el asunto, investigaron con sesuda incompetencia cada detalle del inútil invento de Atanasius Kleim. Por supuesto que no entendieron para nada su utilidad y forma de uso… pero aun así, temiendo quedar como tontos ante sus colegas y el público en general que se arremolinaba alrededor de la humilde morada, nada dijeron. En cambio alabaron su enorme practicidad y buen funcionamiento. Con rostros serios, acorde con tan magna ocasión, auguraron una nueva era de grandes logros.
Lideres religiosos y políticos de todo el mundo dejaron de lado sus apretadas agendas y dirigieron sus miradas y pareceres hacia la humilde morada de Atanasius Kleim y su inútil  invento. Por supuesto, no entendieron del todo para que servia tan extraño invento pero, temerosos de que su influencia se viera debilitada al oponerse a lo que todos ya creían, declararon que harían su mayor esfuerzo para que el mismo pudiera ser usado por toda la humanidad.
Alimentada por miedos, ignorancias e incompetencias, la mentira fue deformándose al pasar de boca en boca hasta que comenzó a tomar un atisbo de realidad.
Sabedora de la mentira que había puesto a rodar, la mujer del pobre Atanasius Kleim, permaneció callada.
Ella sabia perfectamente que muchas veces la cruda verdad era más triste que una pobre mentira.
Fue así como la piadosa mentira finalmente se transformó en una incuestionable verdad. Una simple muestra de afecto se transformó en adoración.
Con el correr de los años la gente, la humanidad toda, aclamaría al inútil invento de Atanasius Kleim como si se tratara de la última esperanza en sus miserables vidas.
Muchas personas, que se ungieron en enviados de Atanasius Kleim y su inútil invento, llevaron esa nueva verdad a cada rincón del planeta. Un nuevo estado espiritual dio comienzo, llenando los corazones de cada hombre, mujer y niño con una luz nunca antes vista o imaginada.
Bajo esa nueva égida todas las naciones se unieron por fin en una sola y se abolieron la violencia, las guerras, la discriminación y el hambre.
Libre ya de las ataduras de la tierra, la humanidad miró hacia las estrellas, las cuales parecieron mas cerca que nunca. La Luna. Marte. Alfa Centauro. Epsilon Eridani y más allá.
La conquista del espacio ya no fue más una quimera inalcanzable.
El ser humano había llegado al pináculo de su existencia en apenas unos pocos años, gracias al inútil invento de Atanasius Kleim.
     En su sencilla morada, que era el centro de toda la existencia humana, el pobre Atanasius Kleim se transformó en el bondadoso mentor del universo conocido.
Mientras miraba por la ventana de su cuarto de trabajo, sonrió satisfecho al ver que su inútil invento había logrado el cometido para el cual había sido creado.
    A poca distancia, al lado del inútil invento de Atanasius Kleim, su mujer calló... esta vez para siempre.
   Pues sabía perfectamente que la cruda verdad muchas veces era más triste que una pobre mentira.

domingo, 13 de febrero de 2011

INVASION DE LOS USURPADORES DE CUERPOS

(Invasion of the Body Snatcher –1956-)

FICHA TECNICA

Dirección: Don Siegel

Guión: Daniel Mainwaring y Richard Collins, basado en la novela homónima de Jack Finney

Música: Carmen Dragón

Efectos Especiales: Milt Rice y Don Post

Protagonistas: Kevin Mc Carthy (Dr. Miles Bennell), Dana Wynters (Becky Driscoll), King Donovan (Jack Belicec), Carolyn Jones (Teddy Belicec), Larry Gates, Jean Willes, Ralph Dumke. Virginia Christine, Whit Bissell, Sam Peckinpah, Tom Fadden, Kenneth Patterson y Guy Way.

Duración: 80 min.

Distribuidor: Walter Wanger Prod. / Allied Artist

Don Siegel (1912-1991), un montajista y director de policiales clase B apenas conocido, filmó una de las películas más importantes que se realizaron sobre invasiones a nuestro planeta, muy afín con las teorías conspirativas que imperaban por esos tiempos tan particulares, la cual sería conocida como La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos (que fue estrenada en la Argentina con el nombre de Muertos Vivientes). 

Incluso, este film tuvo la virtud de abrirle las puertas para realizar otras producciones de mayor envergadura, entre las que se pueden contar a Flaming Star (1960, junto a Elvis Presley), Madigan (1968), Harry el Sucio (1971) y Alcatraz: Fuga Imposible (1979).

En la pacífica comunidad de Santa Mira están sucediendo una serie de hechos extraños que llaman la atención del Doctor Bennel, el médico del pueblo, papel interpretado por Kevin Mc Carthy. Algunas personas, víctimas del pánico, le cuentan que sus parientes cercanos ya no lo son, sino que se tratan de extraños con características inhumanas. 

Al investigar más a fondo, descubre que esas experiencias no son alucinaciones y que se halla frente a la artera invasión de unas “chauchas” intergalácticas que pueden duplicar la forma humana, pero sin la miríada de sentimientos que esta posee.

Luego de muchas vicisitudes, en las que incluso su propia novia (Dana Wynters) es absorbida, el enloquecido doctor logra convencer a las autoridades sobre los hechos acontecidos y estas tomarán cartas en el asunto, a fin de evitar la destrucción de la humanidad.

El guión, a cargo de Daniel Mainwaring y Richard Collins, estaba basado en la novela homónima del escritor de ciencia ficción Jack Finney (1911-1995), que  originalmente se publicó de manera serializada en el Collier´s Magazine en 1954

Si bien el argumento no es muy diferente al de otras historias de similar factura realizadas unos años atrás, como Invasores de Marte (Invaders from Mars -1953-) o Llegaron de otro Mundo (It Came from Outer Space -1953-), la misma no deja de ser aterradora, al transformarnos en inermes testigos de la solapada transformación de los buenos ciudadanos en entidades sin alma.

A pesar de que el director no lo había tenido en cuenta al realizarla, numerosos críticos de cine se han encargado a lo largo de los años de analizar minuciosamente las metáforas implícitas en el film, sobre todo en lo que respecta al avance de las sociedades totalitarias, el conformismo de la gente y la deshumanización de la sociedad. 

Tan importante ha sido su influencia cultural y social, que esta película ha sido preservada junto a otras grandes producciones cinematográficas en la Biblioteca del Congreso de los EEUU.
Como dato anecdótico, tan solo nos queda decir que, originalmente, el film culminaba con el actor Kevin Mc Carthy corriendo enloquecido por la autopista y gritando a la cámara (o sea el espectador): “¡El próximo eres tú!”. Lamentablemente, esto no satisfizo a los estudios Allied Artist pues consideraban que era un final muy negativo, por lo que presionaron a Siegel y a Mainwaring para que cambiaran ese final por otro más acorde con el pujante espíritu norteamericano que imperaba en ese momento. Para ello desarrollaron un prólogo y un epilogo, en el cual el protagonista alerta a las autoridades sobre lo sucedido en el pueblo de Santa Mira y las medidas que toman estas para lograr detener la artera invasión.

En 1978, Philips Kaufman trasladó acertadamente el mismo concepto a la ciudad de San Francisco, una fría e indiferente metrópoli en donde la invasión es mucho más sutil que su predecesora. 

En esta nueva versión, un inspector de salubridad (Donald Shuterland) descubre que las cosas no están yendo bien y que mucha gente ya no es la que era. 

Junto a Leonard Nimoy (el señor Spock de Viaje a las Estrellas), Veronica Cartwright y Jeff Goldblum tratará de desentrañar el misterio. El estremecedor final, muy alejado de la visión optimista del primer film, aun nos da un placentero estremecimiento para aquellos que amamos este tipo de cine.

Algunos años más tarde, más precisamente en 1993, el director Abel Ferrara realizó una nueva versión sobre el mismo argumento, cuya acción transcurre en una base militar. El guión estuvo a cargo de Stuart Gordon y Larry Cohen, dos nombres bastante conocidos en el medio por haber realizado algunos clásicos de la década de los ochenta, y contó con la actuación de Gabrielle Anwar.

En el 2009 se volvió a reciclar la vieja idea y por ende fue estrenada Invasión, con Nicole Kidman (en el papel de la Dra. Carol Bennell) y Daniel Craig (como Ben Driscoll). En ella, un virus extraterrestre ingresa en la sangre de sus víctimas, cambiando su personalidad cuando estos duermen. 

Para serles sincero, esta es una innecesaria y algo tonta remake, en la que estuvieron presentes nada menos que 3 directores diferentes (Oliver Hirschbiegel –director de La Caida-, los hermanos Wachowski- creadores de la trilogía The Matrix- y James McTeigue) en donde lo único destacable es la fría belleza de la Kidman (¿Es cosa mía o realmente tiene cara de turrita?) y la insípida actuación de ese pétreo remedo de 007.

Si una noche de sábado, tu minita te plantó por las amigas y tus amigos están todos de vacaciones, ponete a mirarlas una tras otra de manera cronológica. Se que es una dura prueba para tu cordura, pero vale la pena… pues esa será la única forma de saber que todavía eres un ser humano.
Daniel Barragán (Alias Terraman)

¡CORRÉ VIEJA, QUE LLEGAMOS TARDE AL CINE!

sábado, 5 de febrero de 2011

PAYASOS ASESINOS DEL ESPACIO EXTERIOR

(Killer Klowns from Outer Space –1988-)


Ficha Técnica

Dirección: Stephen Chiodo

Guión: Charles y Edward Chiodo

Música: John Massari

Protagonistas: Grant Cramer (Mike Tobacco), Suzanne Snyder (Debbie Stone), John Allen Nelson (Dave Hanson), John Vernon (Curtis Mooney), Michael Siegel, Peter Licassi, Royal Dano, Chris Titus, Irene Michaels y Karla Sue Krull.

Duración: 88 min.

Distribuidores: MGM / Chiodo Brothers Productions

Seamos sinceros con nosotros mismos y hagámonos las siguientes preguntas...

¿Quién no sintió alguna vez la tentación de pegarle una patada en el culo a un mimo de la calle Florida?

¿Quién puede tenerle confianza a un tipo totalmente desconocido que se pinta la cara y te regala un globo, mientras ríe y grita como un poseso?

¿Quién soportaba al payaso triste que hacia el fenecido Marcos Zucker?


¿Cuál es el verdadero rostro que se esconde tras esa máscara de eterna felicidad?...

Yo por lo menos sé cual va a ser mi respuesta a estos oscuros interrogantes y ese es el motivo por el cual nunca me gustaron los payasos.

El director Stephen Chiodo (junto a sus hermanos Charles y Edward, que oficiaron de guionistas) llevó esos temores infantiles unos cuantos pasos más allá y nos ofreció una película que recomiendo gratamente y que representa con fidelidad el espíritu que imperaba en los nostálgicos años 80.

En un pequeño pueblo conocido con el nombre de Crescent Cove hace su aparición una extraña carpa de circo del que emergen unos sonrientes (y algo siniestros) payasos, los cuales comienzan a raptar a los habitantes del mismo. Es así como da inicio la más demencial y bizarra de las invasiones que halla sufrido nuestro planeta.

Grant Cramer y Susan Snyder, los casi desconocidos protagonistas de este alocado film, descubren aterrados que los Klowns de marras son realmente seres extraterrestres sedientos de nuestros fluidos corporales (para lograr esto envuelven previamente en algodón de azúcar a las personas que atrapan) y que la carpa en cuestión es realmente una estrambótica nave espacial.
Como es de esperar en las producciones de este tipo, cuando los jóvenes intentan avisar a las autoridades (por lo general más idiotas que los mismísimos protagonistas) estas se burlan de sus afirmaciones y los tildan de bromistas o de jóvenes gamberros sin nada mejor que hacer en la vida. La cosa se pondrá fulera cuando los malvados extraterrestres se apoderan de casi todos los habitantes del pueblo gracias al uso de su increíble tecnología, entre las que se cuentan pistolas que disparan pochoclo mutante, globos de animales asesinos, mortales sombras chinescas y otras locuras de similar factura.

Tan solo un grupo de esquizofrénicos descerebrados tendrá el valor suficiente (eso queremos creer) para detener la oscura invasión llegada de más allá de las estrellas.

Como data extra nos queda decir que la delirante familia Chiodo es conocida en el medio cinematográfico por haber realizado los efectos especiales de numerosas películas, entre las que podemos nombrar Critters, La Gran Aventura de Pe-Wee y el cortometraje Vincent (estas dos últimas junto al afamado director Tim Burton).

Los buenos efectos especiales y lo ingenioso de la trama, en donde se trata de manera sumamente inteligente esa situación rayana en el ridículo y los estúpidos diálogos de los protagonistas, la transforman en una ochentosa historia de invasiones digna para ser tenida en cuenta a la hora de sentarse frente a la caja boba... eso si, dejando previamente el cerebro en el lavarropas.
Daniel Barragán (Alias Terramán)

¿Querés un dulce corazoncito?