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miércoles, 30 de enero de 2013

ENERO EN IMAGE(I)NARTE:

Las páginas de Image(i)arte: el arte de la imaginación (www.dbimaginarte.blogspot.com) incursionan en el misterioso y fascinante mundo femenino, gracias a la innovadora labor fotográfica de Dmitry Ageev.

-EL MISTERIO FEMENINO- 
Por Daniel Barragán

Misteriosas miradas, de brillo implacable,  que despiertan promesas y sueños para aquel que se atreva a conjurar su vasta belleza.

Labios rojos. Fuego elemental que devora nuestra alma y nuestro corazón.

Níveos rostros de suaves curvas que se demoran en nuestra embelesada fascinación.

Pieles tersas, invitadoras a nuestras manos inquisitivas, que satisfacen los deseos largamente reprimidos.

El misterio que las rodea, esa poderosa arma en la cual fueron soñadas, nos transforma en devotos sirvientes de sus más indolentes caprichos.

Tal es el temible poder de las mujeres. Hechiceras que malean los espíritus varoniles, tornándolos poderosos y débiles a un mismo tiempo. Jugando con sus destinos y  pareceres.

Ellas son el amor, la felicidad, la lujuria, la tristeza, la dulzura y la pasión. Son nuestras infaltables compañeras y nuestras más crueles enemigas.

Son nuestras madres, pues sin ellas jamás hubiéramos sido, nuestras amantes, que nos permiten acceder al conocimiento del amor, y nuestro aliento final… 

Pues la Muerte es mujer, la más bella de todas... y la última.

OTROS POST DE IMAGE(I)ARTE QUE DEBERÍAS VISITAR


MOEBIUS: De aquí a la eternidad
A casi un año de la muerte de este genial ilustrador y guionista, creador de la Saga del Incal, el Teniente Blueberry y Arzach, les presentamos algunas de sus más grandes trabajos.








JOE CHIODO: Las "Chichis" de Chiodo
La belleza y la vopluptuosidad femenina hacen gala en las manos de este gran ilustrador.









PHILIPPE CAZA: La Europa Fantástica
Desde el viejo mundo nos llega el inigualable arte del gran Caza

jueves, 24 de enero de 2013

MAFALDA: ¿OTRA VEZ SOPA?


A lo largo del accidentado y duro camino que tuvo que recorrer la historieta argentina se han ido asentando numerosos e importantes hitos, que incluso llegaron a obtener el reconocimiento a nivel internacional.

Muchos son los guionistas y dibujantes que, a través de sus creaciones, pudieron trascender más allá de las simples páginas de un diario o un semanario de actualidad para finalmente transformarse en parte de nuestro acerbo cultural.

Uno de estos grandes creadores fue sin duda alguna Joaquín Lavado (1932), un mendocino que sería mayormente conocido por el apodo de Quino.

El mayor pecado cometido por su parte es haber traído a este atribulado mundo a una nenita con peinado ridículo a la cual no le gustaba la sopa... pero que la tenía reclara.

La niñita de marras se llamaba nada más ni nada menos que Mafalda.

Corría el año 1962 cuando, a instancias del humorista Miguel Brascó, la Compañía Siam Di Tella le encargó a Quino (que ya venía trabajando para revistas como Rico Tipo, Tía Vicenta y Leoplan) la creación de un personaje infantil que promocionara su línea de electrodomésticos Mansfield y cuya primera letra empezara con la letra M.

Por supuesto, todos ustedes se imaginarán quien fue dicho personaje.

Lamentablemente, este proyecto no prosperó, por lo que el material quedo totalmente inédito al no ser publicado en ningún medio impreso. Pero el nacimiento oficial de este entrañable personaje no ocurriría hasta el 29 de septiembre de 1964 cuando Mafalda vio finalmente la luz en el suplemento humorístico de la revista Leoplan, gracias a la ayuda de sus amigos Julián Delgado, que era el jefe de redacción de la misma, y Miguel Brascó, los cuales vieron en esos sencillos dibujos una auténtica mina de oro.

En esas tiras de apenas 3 o 4 cuadritos se trataban, con gran ingenio y un humor sumamente ácido, la actualidad político social de nuestro país y del mundo, a la vez que dejaba al desnudo todas las pequeñas miserias que aquejaban a los seres humanos.

El éxito de la tira fue incuestionable y el mito comenzó a crecer... y con el, toda una generación de argentinos.

Como era de esperar, también fueron creciendo sus personajes, no solo en calidad si no que también en número. En 1965 hizo su aparición Felipe, como una suerte de contrapunto de la contestataria Mafalda, un chico excesivamente imaginativo, inocentón e inseguro.

La tira pasó al diario El Mundo a partir de 1965, extendiéndose su publicación hasta el cierre del mismo en 1967, para luego ser editado por otros periódicos en el interior del país.
En su andadura Quino se aboca a la creación de nuevos personajes, con el fin de ir enriqueciendo la historia. Así nace Manolito, Susanita y Miguelito (creados a partir de estereotipos de la conducta humana) los cuales cobraron protagonismo propio, llegando incluso a ponerse a la altura del personaje principal.

La posta de la publicación fue tomada en 1968 por la revista Siete Días Ilustrados, iniciándose con el nacimiento de Guille, el genial hermanito de Mafalda. Más tarde llegarían la tortuga Democracia (obviemos cualquier tipo de explicación al respecto, pues se cae de maduro) y una pequeñina llamada Libertad (1970), que poseía un diálogo aun más denso y más ácido que la mismísima Mafalda.

En 1970, alentados por el creciente éxito del personaje, Ediciones De La Flor inició la recopilación de las tiras en unos 19 coquetos tomitos y fue así como la fama de Quino se disparó más allá de las fronteras. Como dato anecdótico, les hago saber que en estas ediciones fueron omitidas una serie de tiras, con marcadas referencias de índole política, que probablemente no hubieran podido salvarse de la censura de esos tiempos.

Pero, a pesar de cosechar premios y éxitos, todo ese maravilloso universo esta llegando a su fin.

Cansado ya del personaje, ante la incipiente falta de ideas para seguir desarrollándola y con la sana filosofía de no encasillarse, Quino abandonó la serie en 1973 y se dedicó a la publicación de chistes en diarios, revistas y libros recopilatorios, como A Mi No Me Grite, Yo Que Usted y Gente en su Sitio, solo por nombrar algunos.

De vez en cuando, se encargó de realizar algunos dibujos en campañas solidarias (como El Hospital de Niños o UNICEF), en las que usó a sus queridos personajes como una suerte de embajadores de buena voluntad.

A pesar del abandono de su autor, el impulso propio de su creación superó con creces todo lo que se esperaba de él. 

Prueba de ello, fue la emisión de una serie de cortos animados, estrenados  en 1972 en el canal Once –actualmente conocido como Telefe-, los cuales fueron producidos por Daniel Mallo y Oscar Desplats (un amigo de quien les escribe, que incluso tuvo la gran amabilidad de regalarme algunos slides de animación). 
-SLIDE DE ANIMACIÓN ORIGINAL  QUE EL ANIMADOR OSCAR DESPLATS
ME REGALARA. NÓTESE LAS ESCRITURAS SEÑALANDO LOS DETALLES
PARA REALIZAR LA FILMACIÓN-

Estos cortos fueron dirigidos por Catú (Jorge Martín), con guiones de Alberto Cabado (sobre ideas de Quino). En 1981, estos capítulos fueron recopilados en un largometraje, que fue dirigida por Carlos D. Márquez. Si bien en la Argentina no generó el éxito que se esperaba, esta producción obtuvo lo que se merecía en Italia, cuyo público adoptó con mucho entusiasmo a estos personajes.

Posteriormente, en 1994, el realizador cubano Juan Padrón se encargó de dirigir 104 episodios sobre los personajes de Quino, esta vez más centrado en la acción que en los diálogos de los mismos. Dicha serie seria también compilada en un largometraje de 80 minutos de duración.

Otras recopilaciones de la tira, editadas nuevamente por De La Flor, lograron tener un buen éxito de ventas y a su vez sirvieron para no dejar caer en el olvido a estos queridos niños terribles, los cuales supieron abrir nuestros legañosos ojos a una terrible realidad que día a día parece ir apoderándose de nuestras existencias. Los más destacados fueron Mafalda Inédita (1989) y Todo Mafalda (1993), en los incluso se agregó el material que en su momento fue muy cuestionado por los gobiernos militares de turno y las gentes de buen ver.

Cuando de tanto en tanto agarro el Todo Mafalda, leyendo acá y allá algunas de sus tiras, casi siempre me pregunto… ¿Cómo se explica el éxito generado por Mafalda y sus amigos? ¿Por qué permanece actual aun después del tiempo transcurrido? ¿Será por el estereotipo tan bien desarrollado de sus personajes y situaciones? ¿Será que nuestras realidades han cambiado poco o nada?

Si quieren saber las respuestas, tómense el trabajo de leerla y disfrutarla... no tiene ningún desperdicio.

Mafalda va más allá del contexto de la historieta, transformándola en una suerte de fenómeno socio-cultural de una Argentina atemporal. A veces uno tiende a sentirse identificado con la actitud contestataria de esa nenita con peinado ridículo... pero que la tiene reclara. Mucho más en este mundo del siglo XXI, que poco a poco parece estar encaminándose hacia el abismo.

¿Será por eso que me sigue sin gustar la sopa? 

sábado, 19 de enero de 2013

MICHAEL WHELAN EN IMAGE(I)NARTE: El arte de la imaginación

Michael Whelan es uno de los grandes ilustradores de Ciencia Ficción y Fantasía. Su obra, casi desconocida en nuestro país, ha podido ser disfrutada en innumerable cantidad de portadas de libros y discos. 
¡NO SE LO PIERDAN!

domingo, 13 de enero de 2013

HISTORIAS DEL BUENOS AIRES SECRETO (V)


EL SECRETO DE LA CRUZ DE THORME (2º 
Parte)

Existen extrañas coincidencias en este mundo que nos rodea. Invisibles cadenas de causalidades se eslabonan entre si, en una apretada trama que afecta las vidas de aquellos que se ponen en su camino.

-EL VIAJE DE COLÓN (1492)-
La relación que se había forjado entre el mal llamado descubrimiento de América y la Cruz Daga de Thorme fue justamente una de ellas.

En el año 1492, aproximadamente por las mismas fechas en que Cristobal Colón arribara al nuevo continente, el maléfico instrumento de Satanás volvió a cobrar existencia en las mazmorras de la Iglesia de la Cruz, en la que había sido guardada casi 172 años atrás.

Los sacerdotes, temerosos de llamar la atención de la Inquisición, que únicamente los castigaría por supuestos pecados cometidos, cerraron a cal y canto las mazmorras, a fin de evitar que la cruz pudiera continuar con su perversa labor.

Pero todo eso resultó una defensa muy pobre ante un poder que poco entendían los religiosos.
Una perversa oscuridad comenzó a hacerse presente en los rincones de la inmensa iglesia, como si se tratara de una peligrosa fiera al acecho. En los días subsiguientes a la decisión de sus integrantes, las paredes se vieron invadidas por inmundas excrecencias purulentas, haciéndolas parecerse a una piel afectada por una corrupta gangrena.

Varios de los clérigos, por lo general los más débiles en sus convicciones cristianas, se vieron afectados por una dolorosa y terrible enfermedad, una infección putrescente, que destruía no solo los cuerpos sino que también lo hacía con sus almas. Mucho más tarde llegaba la locura y la muerte, luego de una ignominiosa agonía y renegando del dios en el que habían creído toda su existencia.

-ALEJANDRO VI (RODRIGO DE BORGIA)-
En ese mismo año también ocurriría otro evento que se hallaría íntimamente relacionado con las malas nuevas de Valladolid y que marcaría el destino final de la cruz.

El Papa Inocencio VIII fue sucedido por Rodrigo de Borgia al trono de Roma, tomando para sí el nombre de Alejandro VI, dando inicio a un periodo de decadencia moral y espiritual del papado.

Amparándose en todo eso, un grupo de altos cardenales de la Santa Sede, deseosos de obtener poder más allá de lo terreno y temerosos de su corta vida mortal, encontraron los viejos informes que la Inquisición había redactado en referencia al Papa Oscuro y a la existencia de la poderosa Cruz Daga.

Ansiosos por obtener un instrumento que aseguraría sus negros fines, se formó un selecto grupo secreto llamado Orden de la Cruz Oscura. Como es de suponer, su principal objetivo fue el tratar de descubrir el ya olvidado paradero del instrumento creado por Tormesolle y apoderarse del mismo. En muy poco tiempo esta siniestra hermandad comenzó a ganar adeptos entre aquellos que ambicionaban algo más que las promesas de un supuesto paraíso celestial.

Mientras tanto, los integrantes de la Iglesia De la Cruz continuaban con su silenciosa y heroica disputa contra el mal que yacía en sus entrañas. Esta lucha espiritual se extendería por casi 50 años y el hecho de que durara tanto se debió a la férrea voluntad del padre Guillermo Eduardo Real.
Olvidados del Vaticano y del mundo, emprendieron una tarea que superaba con creces a su más profunda fe. Muchas fueron las ignoradas víctimas de este olvidado enfrentamiento contra las fuerzas del mal, entre los que estuvo el mismísimo padre Guillermo.

Con la muerte de este último, la cruz volvió a cobrar nuevos bríos, por lo que los desesperados sobrevivientes se vieron obligados a pedir a sus superiores un inmediato traslado del nefasto objeto que estaban custodiando.
-SAN IGNACIO DE LOYOLA-

Esa ímproba tarea pasaría a manos de la recientemente nacida Compañía de Jesús o, como eran mejor conocidos, los Jesuitas. Esta progresiva congregación, creada en 1540 por San Ignacio de Loyola (1491-1556), se había encomendado a la misión de evangelizar y dictar enseñanza en Europa, Oriente y, más tarde, en la conquistada América.

Los Jesuitas soportaron estoicamente la carga que significaba la posesión de la Cruz de Thorme para sus vidas y, sabiamente, decidieron ocultarla del conocimiento general. Para ello, la guardaron en un cofre forjado en oro que había sido bendecido por el mismísimo Papa Gregorio XII muchos años atrás. Para su mayor protección, dicho cofre poseía tres cerraduras con una clave especial de apertura, solo conocida por las altas esferas de la Compañía de Jesús.

Muy pronto descubrieron que sus previsiones no habían sido en vano, ya que a sus oídos les llegaron algunas menciones sobre la existencia de la enigmática Orden de la Cruz Oscura, el grupo herético formado a espaldas del Vaticano, y su enfermizo afán por saber sobre el probable paradero de la creación de Phillipus de Tormesolle.
-Uno de las primeras versiones del sello de la
Compañía de Jesus-

A fin de evitar que fuera encontrada, el susodicho cofre fue pasando de mano en mano por las diferentes congregaciones jesuíticas que se hallaban desperdigadas por toda España. Quizá debido a la gran fuerza de voluntad y el espíritu de sacrificio de los Jesuitas, la Cruz Daga poco a poco fue calmándose y pareció sumirse en una suerte de letargo que duraría hasta principios del siglo XVII.

Una sola cosa sigue llamándome la atención de todo esto y es que, a pesar del peligro que representaba esa maldita cruz, nadie habló o sugirió que se procediera a su inmediata destrucción. Era como si la misma poseyera un escondido poder que impidiera el siquiera pensar en realizar un acto tan simple.

En todos esos largos años, la Orden de la Cruz Oscura buscó al elusivo instrumento por toda Europa. Tal fue su tenacidad que, finalmente, le llegaron informes de la sacrificada empresa que habían emprendido los padres jesuitas.

Sin perder tiempo, fueron enviados agentes a España en busca de pistas que les permitieran descubrir el derrotero y destino de la mayor fuente del mal que existía en el mundo de los mortales.

Y la verdad no tardó en salir a la luz.

Invocando falsamente el nombre de la Santa Sede, los enviados ordenaron a los Jesuitas que la Cruz de Thorme fuera enviada de inmediato a Roma para un profundo estudio. Los interpelados desconfiaron del súbito interés por un instrumento casi olvidado por el mundo cristiano y se negaron con presteza.

Fue así como dio inicio una dura confrontación entre la Compañía de Jesús y la demoníaca orden, que sería conocida dentro de los círculos internos como la Guerra Secreta de la Cruz.

Este enfrentamiento, encubierto del común de la gente por la catastrófica guerra político-religiosa de los 30 años (1618-1648), llevó a ambos bandos a enfrentarse en una serie de luchas que iban desde las intrigas palaciegas y la tortura hasta la confrontación directa entre las partes involucradas.
-GUERRA DE LOS 30 AÑOS-
Fue una época dura y terrible para que la fe fuera puesta a prueba, pero aun así los Jesuitas no flaquearon en su intento para que la cruz no les fuera arrebatada. Sabía perfectamente que, si caía en malas manos, el mundo civilizado podría sumergirse en un caos al cual difícilmente sobreviviría.

Luego del Tratado de Paz de Westfalia, que puso fin al cruento conflicto europeo y permitió el ascenso de Francia como potencia, con la consecuente decadencia del imperio español y la casa de Habsburgo, la Compañía de Jesús se halló sorpresivamente en inferioridad de condiciones con respecto a la por entonces creciente y poderosa Orden de la Cruz Oscura.
En esos aciagos días, la cruz pareció ir camino a transformarse en el ominoso poder para el cual había sido creada. Pero una luz de esperanza pareció surgir en un ignoto poblado situado a orillas del Río de la Plata, allá en las lejanas tierras americanas.

Su nombre: Santa María de los Buenos Ayres.


miércoles, 2 de enero de 2013

HISTORIAS DEL BUENOS AIRES SECRETO (IV)

EL SECRETO DE LA CRUZ DE THORME (I)
Por Daniel Barragán (Alias Terraman)
Parte de este texto fue publicado originalmente en la revista "Floresta y su Mundo"
La Cruz de Thorme, según un dibujo aparecido entre los papeles del
poeta y literato Enrique Pintos Trejo

Nuestra entrañable ciudad de Buenos Aires esconde secretos que se hallan amparados tras medias verdades y oscuras supersticiones populares. 

Detrás de cada pared descascarada y cada antigua fachada son gestadas historias que han sido casi olvidadas por el común de la gente.

Una de las mas extrañas e inquietantes es sin duda alguna la de la Cruz de Thorme, mejor conocida como la Cruz Daga del Diablo, cuya existencia se halla íntimamente ligada con los destinos de nuestra ciudad.

Pero todo relato, conocido o no, tiene un origen… o eso queremos creer.

Para hablar de la Cruz Daga deberemos adentrarnos en las arenas del tiempo hacia la Europa del siglo XII, un oscuro continente plagado de maldad, ignorancia y supersticiones. En todo ese caos, la todopoderosa iglesia cristiana regía las existencias de países, nobles y simples plebeyos con mano de hierro.

Bajo esa égida de indiscutible poder, casi divino, viviría su existencia Phillipus de Tormesolle, un noble de bajo rango que había tomado los hábitos y cuyo nefasto hado lo llevaría a regir los destinos del cristianismo con el nombre de Augusto I.
Phillipus de Tormesolle
(Grabado en bronce de finales del siglo XII)

Actualmente, el nombre de este obispo de Roma ni siquiera figura en los registros eclesiásticos del vaticano, por lo que su paso por este mundo ha sido totalmente olvidado. 

Pero las habladurías y cuentos perviven por encima de las censuras impuestas por las autoridades oficiales de cualquier tipo, para terminar transformándose en leyendas que van pasando de boca en boca a través de las sucesivas generaciones. Dichas historias, si uno sabe comprenderlas, explican los motivos por los cuales las pruebas sobre la existencia de este Papa hallan sido totalmente borradas.

Según se cuenta, el reinado de Augusto se caracterizó por su extrema crueldad, el desprecio por la vida de la gente común y por las torturas y extraños ritos que eran llevado a cabo, los cuales parecían estar más emparentados con los quehaceres del Diablo que con los pareceres del Señor de los cielos.

Se decía que, amparado en el anonimato y el poder que tenía en sus manos, él y sus allegados había realizado un pacto infernal, sirviendo con fidelidad a algunas potestades que eran mucho más antiguas que las propias creencias humanas. Tras su manto de pureza y servicio a Dios, este auténtico Papa Oscuro escondía en su interior un corazón brutal y libidinoso, deseoso de las debilidades de la carne.

Los maléficos planes de Augusto y sus seguidores serían efímeros ya que, al cumplirse apenas un año de su papado, sería destituido precipitadamente por aquellos que habían visto con horror las blasfemias cometidas en la casa de Dios.
De manera inmediata, el Papa Inocencio III tomó posesión del trono de Roma e introdujo en 1199 un sistema de lucha contra la herejía, conocido como la Inquisición, cuya influencia se extendió entre los principales países del continente europeo durante aproximadamente cinco siglos.

Pero el mal se hallaba lejos de ser derrotado, pues Tormesolle y sus acólitos habían abandonado de manera precipitada la península itálica, antes de poder ser atrapados y juzgados por los cargos de herejía. Su huida los llevaría a tierras españolas, en donde finalmente encontrarían asilo en el castillo del Conde Federico Alejandro de Almirón y Chazarreta, que se hallaba situado cerca de las estribaciones de Los Pirineos.

Durante dos décadas de paz aparente, Phillipus se encargó de iniciar al señor del castillo y a varios nobles en el manejo de las artes negras, entre las que se contaban terribles vejámenes a niños inocentes, relaciones incestuosas, canibalismo y sacrificios humanos a ciertos olvidados dioses a los que adoraban.

Para este último fin fue forjada en las herrerías del castillo una cruz, de unos sesenta centímetros de largo y cuyo extremo inferior era tan afilado como la hoja de una espada. La misma era sumamente liviana y de fácil manejo ya que, según se dice, estaba construida en un metal totalmente desconocido que había sido extraído de un meteorito caído a pocos kilómetros de Stuttgart, en estado federado alemán de Baden-Wurtemberg.

A lo largo de su borde se hallaban tallados, en los inmundos caracteres del alfabeto Ghunti, los nombres secretos de los siete dioses primordiales que habían existido cuando el universo aun era joven: Yagh-Mhalyoght, el centro del caos primigenio; el entrópico S´tor; I´dhael, quien acecha en los abismos; Seth-Ballath, que husmea en los rincones del tiempo; Ibtha, señor del olvido y la decadencia; E´rech, que es gusano y carroña, y el gran Targost, amo inmortal de la ciudad escondida de Irkthara.

Ese instrumento del mal sería conocido con el nombre de Cruz Daga del Diablo o Cruz de Tormesolle y, según narran las tradiciones orales, con ella fueron realizados más de mil sacrificios humanos en las catacumbas del castillo.
Imagen de la Cruz Daga aparecida en una de las páginas del libro "Ritos de
la Carne" de Theophilus Eramus Kane (Siglo XIV)
Con rapidez casi sobrenatural, las zonas circundantes al castillo se sumieron en el espanto, cuando los pobladores se dieron cuenta de que sus vidas corrían serio peligro y que nada podían hacer para detener toda esa maldad, ya que el perverso conde tenía bajo su mando a un nutrido y muy bien pagado grupo de soldados fuertemente armados, los cuales cumplían con total fidelidad sus órdenes.

Las nefastas noticias de esos terribles actos no tardaron en llegar a oídos del rey Alfonso VIII, el cual solicitó al Santo Oficio (nombre con el que era conocida la Inquisición en España) el investigar tales hechos. El aterrador informe recibido, en el que incluso estaba implicado un golpe de estado a la corona, llevó a poner a disposición de los inquisidores nada menos que dos divisiones del ejército español para que atacaran el castillo del conde corrupto.

Luego de una breve, pero feroz, resistencia, el castillo fue finalmente doblegado y destruido hasta sus cimientos. El otrora Papa Oscuro fue apresado, juzgado por hereje y quemado en la hoguera. 

Mientras era devorado por las llamas, Tormesolle profirió extrañas e inquietantes maldiciones hacia todos aquellos que se habían atrevido a él y a la cruz diabólica.

Los restos carbonizados fueron enterrados en un lugar oculto, cuyo paradero actual aun permanece totalmente desconocido.

La Cruz Daga fue hallada en uno de los sótanos del ruinoso castillo y, lejos de destruirla como hubiera correspondido, fue enviada a la Iglesia de San Bartolomé, en Valladolid, como prueba viviente de que la brujería y sus seguidores podían ser destruidos si obraba bien la fe cristiana.
Ciudad de Valladolid en 1574
En su soberbia, los clérigos creyeron que el mal había sido conjurado definitivamente, pero lo que no sabían era que la mentada cruz se hallaba protegida por un poder mucho mayor de lo que se había llegado a imaginar.

Los sangrientos sacrificios realizados con la misma había atraído y alimentado a un oscuro morador del infierno. Algo que nunca debería haber sido convocado, invisible a la mirada de los puros de corazón pero cuya aterradora presencia se podía sentir en lo más profundo del alma humana, custodiaba a la perversa cruz con inusitado celo.

En un principio ese maligno poder permaneció en calma y a la expectativa durante casi 100 años, en una mazmorra aislada de la iglesia, hasta que en el invierno de 1319 volvió a campar en nuestro mundo.

Un curioso monje Franciscano, que esta haciendo un relevamiento histórico de los templos del norte de España, dio por casualidad con el lugar en donde reposaba el perverso instrumento creado por el Papa Oscuro. De manera imprudente, y desatendiendo los ruegos de sus compañeros de viaje, bajó a los sótanos de la iglesia, en busca de los secretos que este pudiera esconder.

Esa misma noche, una gran tormenta se desató sobre la ciudad, con una ferocidad pocas veces vista por esos sitios. El terror provocado por el inusitado fenómeno, cundió en los alrededores de la sede eclesiástica, pues la misma parecía haberse transformado en el centro del castigo que venía desde los cielos.

Un desgarrador grito de agonía, que parecía provenir de una garganta que había dejado de ser humana, pudo ser escuchado por numerosos testigos aterrados. Ese horrible sonido caló muy hondo en sus corazones y almas, por lo que nadie se atrevió a descender por las escaleras de piedra hacia las profundidades.

A la luz del amanecer, cuando las sombras eran menos terribles, los asustados religiosos buscaron al imprudente curioso, pero nunca volvió a saberse de él en nuestro mundo mortal.

En los días que siguieron a la misteriosa desaparición, una atmósfera de creciente maldad fue aposentándose sobre el lugar. Los integrantes y los feligreses de la iglesia de San Bartolomé llegaron a afirmar ante las altas autoridades sobre la presencia de una sombra acechante, que parecía estar observándolos con malevolencia desde los oscuros rincones de la sede.

El santo oficio tomó cartas en el asunto, procediendo al inmediato traslado de la Cruz Daga a otro sitio que fuera más seguro, con el fin de alejarla de la insaciable curiosidad humana.

Extrañamente nadie habló de destruirla.

En los años posteriores, la Cruz de Thorme, así conocida por esos tiempos ya que el nombre de su creador había sido olvidado, sufrió numerosas mudanzas a diversas iglesias de Valladolid; la Santa María la antigua, la Gótica de Santiago y la del Ángel Piadoso; las cuales trataron de retener inútilmente el creciente e infecto poder que parecía emanar de ella. 

En un último y desesperado intento, la maléfica cruz recaló en, irónicamente, la Iglesia de La Cruz, cuyas paredes de piedra habían sido erigidas sobre un antiguo asentamiento celta. En ese sitial tan particular permaneció, en relativa calma, por un lapso de 172 años.
Iglesia de la Cruz a fines del siglo XV
Pero el mal no podía permanecer contenido por demasiado tiempo y la atemorizante presencia comenzó a hacerse presente entre las sombras de los otrora sagrados claustros.

Corría el año 1492 y un ignoto marino, conocido con el nombre de Cristóbal Colón, desembarcó en un continente hasta entonces desconocido por los europeos. Fue así como el nefasto destino de la Cruz daga comenzó a estar extrañamente ligado a las buenas nuevas llegadas de más allá del océano conocido.