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viernes, 28 de junio de 2013

LA VERDADERA HISTORIA DEL HOMBRE DE ACERO


EL 10 DE OCTUBRE DE 2004 CHRISTOPHER REEVE DEJABA EL MUNDO DE LOS VIVOS PARA TRANSFORMARSE EN UNA LEYENDA. AQUI LES VA MI MÁS SENTIDO HOMENAJE A QUIEN, SIN DUDAS, ES EL SUPERMAN DEFINITIVO. 

Esta nota fue publicada originalmente en la revista “Floresta y su Mundo” y posteriormente en la página "Fortaleza de Soledad: La casa de Superman en Latinoamérica" (http://www.fortalezadelasoledad.com/)


TERRAMÁN

No hace falta ser un genio para darse cuenta que a nuestro mundo le andan faltando héroes. Seres humanos portentosos que, libres de todo egoísmo, nos puedan llegar a darnos el buen ejemplo para que este feroz siglo 21 parezca un poquito mejor de lo que es. 

Lamentablemente la corrupción, el "no te metas", la sed de poder, la violencia desenfrenada, el poco respeto por la naturaleza y el hombre mismo nos hacen olvidar con frecuencia lo que significa ser un héroe, por lo que ese concepto se fue transformando en una suerte de ridículo anacronismo de tiempos remotos.

Actualmente nuestros “héroes” cotidianos son una especie de neuróticos personajes que únicamente saben usar la violencia en nombre de la verdad y la justicia. Es así como vamos transitando por nuestra existencia sin tener una idea muy clara de lo que está bien o mal y alejándonos poco a poco de nuestra condición de seres humanos racionales.

La desazón y un oscuro sentimiento de fatalidad agobian nuestras vidas, como si fueran unas terribles cargas que pesan sobre nuestras espaldas y que nos impiden mirar hacia los cielos en busca de alguna señal esperanzadora. Pero si nos esforzamos en mirar bien entre las nubes de ese tormentoso cielo, quizá podamos ver una figura surcándolo velozmente.

¿Es un ave?... ¿Es un avión?... No, es el verdadero Superman: Christopher Reeve.

Algunos despistados se preguntaran, a esta altura del artículo: ¿Qué tiene que ver un actor de Hollywood con todo lo que leyeron más arriba?, y yo les contesto que no es necesario tener una capa o un traje ajustado de brillantes colores para ser un auténtico héroe. Un héroe es aquella persona común que, en circunstancias desesperadas, realiza hazañas extraordinarias.

Christopher Reeve fue una de esas personas. Él fue un claro ejemplo de lo que podría llegar a ser una persona si esta se atreviera a enfrentar su propio egoísmo y su mezquindad.

Esta es la historia de la caída y resurrección del verdadero hombre de acero.

Christopher Reeve nació en la ciudad de Nueva York el 25 de Septiembre de 1952 y ya desde joven sintió el llamado de las tablas. A los 15 años debutó en el Festival de Teatro de Williamstown y de ahí en más no dejó nunca de lado esa pasión. Su carácter multifacético lo llevó a alternar sus estudios en el Princeton Day School con tareas tan disímiles como la actuación, cantante de coro y director de orquesta de su escuela. Cuando se graduó viajó por Europa y EE.UU., trabajando en cuanta obra teatral iba surgiendo, las cuales le sirvieron para obtener una mayor experiencia.

Sus primeras incursiones en el teatro fueron junto a Katherine Hepburn, en obras como The Irregular Verb of Love y Matter of Gravity. También obtuvo papeles secundarios en la miniserie Love of Life y en una película junto a Charlton Heston y David Carradine, conocida como Gray Lady Down (1977).

Pero la verdadera fama llegaría de la manera más inesperada de la mano de uno de los mayores iconos culturales del siglo XX, el cual lo haría trascender más allá de las fronteras de su país. Basándose en el personaje que Jerry Siegel y Joe Shuster habían creado en 1939, conocido por todos nosotros como Superman, el director Richard Donner vio en el joven Reeve a la perfecta encarnación del hombre de acero.

Por supuesto, la pegó.

Con un gran presupuesto y un elenco multiestelar, conformado por Margot Kidder, Marlon Brando, Gene Hackman y Glenn Ford, se estrenó en 1978 Superman: La Película, la cual catapultó al éxito tanto al héroe de los comics como al actor que lo había encarnado. Y no fue por pura suerte, ya que el novel protagonista realizó una composición de personaje de lo más brillante, ofreciéndonos un torpe, tímido y creíble Clark Kent, en contraposición de una imagen heroica difícil de ser superada.

Había nacido el Superman definitivo.

A este millonario éxito le seguiría una secuela en 1980, considerada por muchos como la más fiel a los comics de esos tiempos, en donde el hombre de acero se enfrentaba a unos criminales de Krypton (liderados por Terence Stamp) que habían escapado de la Zona Fantasma
Este segundo megaevento cinematográfico se encargaría de afianzar aun más su futuro económico y artístico. Aun así, lejos de dormirse en los laureles de la fama, Reeve actuó en varias producciones de importancia como En Algún Lugar del Tiempo (1980) junto a Jane Seymour, la excelente Trampa Mortal (1982) que contó con la actuación de Michael Caine y Monseñor (1982).

Pero el superhombre vestido de malla azul y capa roja no quería soltar tan fácilmente a la presa que le había devuelto el fervor popular, por lo que el actor volvió a retomar ese papel en la no tan lograda, pero efectiva, Superman 3 (1983). Ya en plena decadencia, y corriendo serio riesgo de terminar encasillado con el personaje, Reeve protagonizó Superman 4: En Busca de la Paz (1987), un bodrio digno del mayor de los olvidos.


En un intento por escapar de la maldición que significaba el haber interpretado a Superman, continuó con su ardua labor actoral, en películas más o menos buenas, sin perder jamás el entusiasmo que era tan innato en él. Entre las más conocidas podemos citar: Silencio, se enreda (1992), Lobo de Mar (1993) -una miniserie con el duro Charles Bronson-, Lo que Queda del Día (1993) con Anthony Hopkins y Emma Thompson, y la remake de El Pueblo de los Malditos (1995), a cargo de John Carpenter más la actuación de varios famosos venidos a menos como Michael Pare, Mark Hamill y Kirstey Alley. A pesar de algunos tropezones, la vida de Christopher Reeve parecía estar marchando viento en popa.

Pero los hados de un perverso e inexorable destino lo estaban aguardando.

Cuando iba a filmar Superman: La Película, Reeve se sometió a un régimen estricto de ejercicios y dieta, con el fin de dar el porte del personaje. Ello lo llevó a entusiasmarse con la actividades deportivas como las pesas, la natación y el que se transformaría en una de sus pasiones: la equitación, llegando incluso a participar en competiciones de carácter profesional. Mientras realizaba una de sus prácticas, tuvo la desgracia de caer de su montura, lo que ocasionó una severa lesión de la espina dorsal.

Fue así como Reeve, que había llegado a volar sobre la ciudad de Metrópolis defendiéndonos de las fuerzas de mal, quedó definitivamente tetrapléjico sin ningún tipo de movilidad posible y debiendo estar permanentemente conectado a un respirador artificial para mantenerse con vida. 

Sus familiares (incluida su propia madre) viendo el estado en que había quedado, ordenaron que le fueran desconectados los aparatos para que pudiera morir con dignidad. Solo gracias a la ayuda de su segunda esposa Dana Morosini y su hijo Will, que se habían negado a bajar los brazos, Reeve pudo vencer ese nefasto destino que lo estaba aguardando. El apoyo dado por ellos, y sus propias ansias por seguir vivo, lo ayudaron a pasar el terrible trance en el que estaba envuelto. Imbuido en el espíritu de lucha propio de un superhéroe se prometió volver a caminar, a pesar de todas las vallas que tenía por delante.

Para ello decidió consagrar su existencia en ayudarse a si mismo y a la gente que tenía los mismos problemas que el padecía. Fue así como creó la Christopher Reeve Paralysis Foundation, una organización sin fines de lucro dedicada a la investigación de diferentes métodos (entre ellos la experimentación con células madres) para que en un futuro no muy lejano las personas afectadas por diversos tipos de parálisis pudieran volver a caminar. 
También se transformó en tenaz luchador, ante el gobierno del sheriff George Bush y compañía, por los derechos de los discapacitados y los pobres sin hogar (junto a otros famosos actores como Susan Sarandon y Alec Baldwin).

Pero lo más maravilloso de todo es que, pudiendo mover únicamente un par de dedos y la cabeza, Reeve volvió a la actuación, sorprendiendo tanto a colegas como a sus incondicionales admiradores. 

En 1988 protagonizó la remake de La Ventana Indiscreta y participó en la serie Smallville, interpretando al científico millonario Virgil Swann, que se encarga de revelar al joven Clark Kent su origen extraterrestre. 

Pero lo más emotivo sería su presencia en la entrega de los Oscar de 1996, en donde fue ovacionado por todos los concurrentes. Con el tiempo, Christopher Reeve se transformó en un ejemplo de la capacidad de superación que todo ser humano debería poseer ante las adversidades de la vida.

Lamentablemente, el destino le volvería a jugar una mala pasada a quien, ante los ojos del mundo, se había transformado en un verdadero Superman

El 10 de Octubre del 2004, una complicación secundaria debido a un problema pulmonar, propio de su estado de parálisis, lo llevó a sufrir una descompensación cardíaca de resultados fatales. Cuando me enteré de su deceso, un profundo dolor ganó mi corazón pues consideré muy injusto que este auténtico superhéroe se hubiera ido de nuestro lado, habiendo tanto villano suelto por el mundo.

Ya sé que en nuestra actualidad los héroes son bastante difíciles de encontrar, pero viendo todos los logros presentes en la vida de Christopher Reeve me doy cuenta que ese espíritu solidario no está totalmente muerto y que no es necesario ponerse una capa roja para poder ayudar al prójimo. Tan solo nos basta un simple gesto de buena voluntad. 

Ello nos lleva a pensar que, a pesar de las agobiantes cargas que tenemos sobre nuestras espaldas, aun es posible mirar hacia los cielos en busca de alguien que nos defienda y nos dignifique. Y en ese cielo quizá podría llegar a verse una figura surcándolo a toda velocidad.

¿Es un ave?... ¿Es un avión?... No, amigo mío, no se trata de Superman... pero quizá podríamos ser nosotros mismos.

domingo, 16 de junio de 2013

EL HOMBRE DE ACERO (The Man of Steel -2013-)

EL MUNDO NECESITA DE UN HÉROE

El Hombre de Acero (Man of Steel- Warner Bros./Legendary Pictures/Syncopy/DC Entertainment/Third Act Productions -2013-)

Producción: Wesley Coller, Christopher Nolan, Jon Peters, Lloyd Phillips, Charles Roven, Deborah Snyder, Emma Thomas y Thomas Tull.

Director: Zack Snyder.

Guión: David S. Goyer y Christopher Nolan (basado en el personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster).

Música: Hans Zimmer.

Fotografía: Amir Mokri.

Diseño de producción: Alex McDowell.

Decoración de escenario: Anne Kuljian.

Diseño de vestuario: James Acheson y Michael Wilkinson.

Efectos especiales: Double Negative, Gentle Giant Studios, Gimzi Studios, Moving Picture Company, Pixel Liberation Front, Teamworks Digital, Twenty One y Weta Digital.

Protagonistas: Henry Cavill (Clark Kent/Superman), Amy Adams (Lois Lane), Michael Shannon (General Zod), Diane Lane (Martha Kent), Russell Crowe (Jor-El), Antje Traue (Faora-Ul), Harry Lennix (General Swanwick), Richard Schiff (Dr. Emil Hamilton), Kevin Costner (Jonathan Kent), Ayelet Zurer (Lara Lor-van) y Lawrence Fishburne (Perry White).

Duración: 143 min.

Cuando a mediados de la década del 30 unos jovencitos llamados Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a un héroe con habilidades muy particulares que lo colocaban por encima del hombre corriente, jamás llegaron a imaginarse que el mismo se transformaría en un icono socio-cultural de mediados del siglo XX. 

Y no fue solamente eso.

Superman también se transformó en la puerta de entrada para que los comics de superhéroes pudieran erigirse, a pesar de los altibajos, como dueños indiscutidos del mercado a lo largo de sus 75 años de existencia. Gracias a él, personajes tan conocidos como Batman, La Liga de la Justicia, Linterna Verde, El Capitán América, Spider-Man, Los Hombres X, Los Cuatro Fantásticos, Hellboy, Spawn y tantos otros jamás habrían llegado a ver la luz o, por lo menos, no hubieran sido tal como los conocemos en la actualidad.

La andadura de Superman en los comics y las tiras de prensa no fueron suficientes como para poder contener el éxito generado por esta creación y muy pronto su estampa heroica llegaría a las pantallas de cine y, posteriormente, a la televisión.

Gracias a la técnica conocida como Rotoscopía, en 1941 los hermanos Fleisher (creadores de las versiones animadas de Betty Boop y Popeye) llevaron a las pantallas de los cines una serie de cortos de excelente factura y que resultan altamente recomendables, aun para los cánones actuales que imperan en este medio cinematográfico.

En años venideros, dos seriales de la Columbia Pictures -Superman (1948) y Superman vs. The Atom Man (1950)- se encargarían de mostrarnos a un héroe de carne y hueso. Las mismas contaron con las actuaciones de Kirk Alyn, Noel Neill, Carol Forman, Tommy Bond y Lyle Talbot.
Pero el gran éxito llegaría de manos de un actor casi desconocido llamado George Reeves que se convertiría en el primer Superman definitivo del cual tengo un gran recuerdo. Con una película (Superman & The Mole Men -1951-) y nada menos que 103 episodios televisivos, Reeves se ganó la incondicional admiración de cientos y cientos de niños que, arrobados ante sus heroicas hazañas, no se perdían ninguno de los episodios que eran emitidos cada semana.

Tuvimos que esperar casi 20 años, y algunos dibujos animados de detestable calidad, para que el supertipo volviera al ruedo. En 1978, los estudios Warner Bros. y el director Richard Donner estrenaron en los cines Superman La Película (Superman The Movie) y con ella llegaría la segunda versión definitiva del hijo de Krypton.

Gracias a los increíbles efectos especiales de la época (tengan en cuenta que la animación computada ni siquiera era una idea), la música a cargo del genial John Williams, un elenco multiestelar (nada menos que Marlon Brando, Gene Hackman, Glenn Ford, Margot Kidder, Susannah York y Trevor Howard) y el carisma de un desconocido Christopher Reeve, que le impuso a su personaje las características propias que le eran inherentes, la película terminaría recaudando algo más de 300 millones de dólares. ¡Un negoción!

Superman había vuelto a transformarse en el héroe de todos y en un negocio más que rentable.

Como los de la Warner no eran ningunos tontos, muy pronto salió al ruedo Superman II (1981), esta vez dirigida por Richard Lexter, que resultó ser tan exitosa como su predecesora. La gloria parecía estar sonriéndole al hijo dilecto de la DC Comics.

Lamentablemente esta sería la última producción del hombre de acero… exitosa, claro está.
En 1983 llegaría la insoportable Superman III (Richard Lexter) y en 1987 la nefasta Superman IV: En Busca de la Paz (Sidney J. Furie). Gracias a ellas, la fama de Superman en los cines cayó de manera estrepitosa, un hecho que puso fin a cualquier idea que hubiera para continuar con la saga.

En la década de los 80, los comics del hombre de acero sufrían de una chatura creativa tan grande que fue necesario llevar a cabo la reformulación de un héroe que poco a poco iba cayendo desde las alturas hacia los oscuros abismos del olvido. A instancias del evento comiquero conocido como Crisis en Tierras Infinitas, a cargo de Marv Wolfman y George Pérez, el dibujante y guionista canadiense John Byrne, que ya había sido ampliamente conocido por su trabajo en la Marvel (X-Men y Los Cuatro Fantásticos), se encargó de revitalizar totalmente el pasado de nuestro querido héroe, “aggiornándolo” magistralmente a los nuevos tiempos e ideales que imperaban por entonces.

Luego de la retirada de Byrne de DC Comics, la andadura del hombre del mañana continuó de manera irregular, según el escritor o dibujante que le tocaba en suerte, pero en ningún momento se dio la más mínima señal sobre alguna nueva realización en el cine… a excepción  del fallido proyecto que iba a estar a cargo de Tim Burton y que iba a ser protagonizada por Nicholas Cage.

Por esas épocas, la posta fue tomada por la televisión con series como Superboy, Lois & Clark: Las Nuevas Aventuras de Superman, la excelente Superman: La Serie Animada (y sus numerosos derivados) y la exitosa Smallville (Con un joven Clark dándole a cuanta mujer se le ponía por delante).
Pero los fans no estábamos conformes… ¡Queríamos más!

Y los indicios de que Superman volvía a las pantallas nos llegarían en el 2006, cuando los Estudios Warner decidieron (luego de innumerables idas y venidas) estrenar la megaproducción Superman Returns, la cual estuvo dirigida por Bryan Singer (X-Men).

Lamentablemente, por lo menos para mí que esperaba otra cosa, esta versión muy poco osada con ciertos toques existencialistas y filosófico-religiosos generó una profunda controversia entre los fans. Hubo quienes la alabaron incondicionalmente, destacando la visión heroica aportada por Singer y elucubrando una serie de interpretaciones para cada una de las escenas del film, y hubo otros tantos que se encargaron de defenestrarla totalmente, criticando el tratamiento de las situaciones y los personajes, con Brandon Routh a la cabeza, con un guión que intentaba recrear una historia que ya había sido contada varias décadas atrás.

La película no respondió a las expectativas que la Warner había puesto sobre ella, pero aun así no dejó que el mito del hombre de acero volviera al freezer. A partir del 2008, comenzó a ser planeada una nueva producción en un intento por devolverle la gloria a un personaje que hacía bastante tiempo venía de capa caída.

El resultado final fue El Hombre de Acero (The Man of Steel -2013-) y, cuando los fans se enteraron de quienes se habían implicado en el proyecto, saltaron de alegría ante la buena nueva.

A instancias del guionista David S. Goyer, que le había presentado una idea sobre una nueva versión de Superman, el director Christopher Nolan –que había encumbrado a la categoría de mito moderno al hombre murciélago –  presentó la misma a los ejecutivos de la Warner, los cuales le dieron de manera inmediata el visto bueno.

No dispuesto a dirigirla, pero si a producirla junto a su esposa Emma Thomas, Nolan se embarcó en la difícil búsqueda de el director que estuviera acorde con el personaje y su historia.
Ese dudoso privilegio, ya que hubo muchos que se bajaron del proyecto por considerarlo un plato demasiado difícil de digerir, recayó sobre Zack Snyder. Este director, dueño de un concepto visual  muy particular, ya había incursionado previamente en el mundo de los comics con sus adaptaciones de la Graphic Novel escrita y dibujada por Frank Miller: 300 (2007) y la magna obra de Alan Moore y Dave Gibbons: Watchmen Los Vigilantes (Watchmen -2009-).

Al respecto de esta nueva versión de Superman, Nolan diría: “Durante demasiado tiempo las interpretaciones modernas del superhéroe de DC Comics pidieron disculpas por lo anticuado de sus orígenes. Buscaron disimularlo en entornos contemporáneos en lugar de abrazar una mitología esencial que era eterna como el propio personaje. ¡Muchachos!... ¡Es Superman! ¡Es el rey padre! ¡Todos deberían estar haciéndole reverencias!”
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La filmación dio inicio en agosto de 2011 en la ciudad de Chicago (que personificó a Metropolis) y en un pueblito de Illinois llamado Plano (que se vio transformado en Smallville). Acompañada de una poderosa campaña publicitaria en los cines, televisión e Internet, la cuenta regresiva hacia su estreno por fin dio inicio. 
Los efectos especiales estuvieron a cargo de Weta Digital (entre cuyos logros podemos citar las trilogías del Señor de los Anillos y El Hobbit de Peter Jackson), MPC y Double Negative y la música corrió por cuenta de Hans Zimmer (Dark Knight Rises, Thelma & Louise y Madagascar), en detrimento de la conocida marcha heroica escrita por John Williams.

Nuevamente, el actor encargado de interpretar el papel del hombre de acero sería un total desconocido, un inglés llamado Henry Cavill quien había logrado cierta fama por su intervención en la serie The Tudors. Respaldándolo se asoció un espectacular elenco conformado por Russell Crowe (Jor-El), Kevin Costner (Jonathan Kent), Amy Adams (Lois Lane), Michael Shannon (General Zod), Diane Lane (Martha Kent) y Lawrence Fishburne (Perry White… ¿negro?).

Así como Superman Returns fue un “homenaje-remake-que se yo” de Superman The Movie, El Hombre de Acero tomó como base argumental a Superman II, en donde nuestro héroe se enfrenta al megalomaníaco General Zod (Terence Stamp), aunque en el desarrollo de la misma poco tiene que ver con ella. Tanto Nolan como Snyder se encargaron de abrevar  en las fuentes arquetípicas del personaje, alejándose totalmente de las versiones cinematográficas anteriores y decantándose más hacia el terreno de la ciencia ficción que del puramente superheroico.

Sin entrar en detalles argumentales pues los lectores de este artículo me matarían, el guión no es precisamente un dechado de ingenio pero cumple con creces las expectativas de los espectadores. En el mismo nos describe un Kal-El muy humano y a la vez sumamente heroico, con una actuación más que digna de un Henry Cavill al que no le quedó para nada grande el uniforme rojiazul.

La acción, que no decae en ningún momento, esta hábilmente matizada con las escenas retrospectivas de la difícil infancia y juventud de Clark Kent en Smallville. Por suerte, ese periodo iniciático no se transforma en un lastre para el desarrollo del film y a su vez contribuye a que el mito de Superman vaya cobrando sustancia de manera inteligente.


Aparte de Cavill, es de destacar la labor artística de Russell Crowe, que encarna el papel de Jor-El, otorgándole al mismo una personalidad muy particular que lo aleja ostensiblemente del gordito kryptoniano que fuera interpretado por Marlon Brando en la versión del 78. El resto de los protagonistas, sin destacarse uno sobre el otro, no desentonan en ningún momento aunque varios de ellos no sean fundamentales para el desarrollo de la historia. 

El Superman de Zack Snyder y Christopher Nolan es el Superman de este siglo, un tipo oscuro pero que se halla más que deseoso por impartir su particular justicia gracias a sus increíbles poderes. Mientras miraba la película, no pude evitar pensar en el hombre de acero creado por Jerry Siegel y Joe Shuster y en la versión presentada por John  Byrne a mediados de los 80, ya que el film es una amalgama harto interesante de estas dos ideas que prometen ir por más en futuras entregas (que, según escuché por ahí, ya son un hecho).

En el apartado técnico, desde las espectaculares escenas del condenado planeta Krypton hasta la apocalíptica batalla entre Superman y el General Zod en la ciudad de Metropolis, la película es realmente soberbia y se encarga de alimentar profusamente el sentido de lo maravilloso que anida en todos aquellos que amamos este género tan especial. 

... y, gracias a Rao el dios de Krypton, Superman vuela en serio sin que se le noten los hilos. 

El Hombre de Acero es un auténtico producto de nuestros tiempos. Sin pretensiones más que el de entretenernos durante sus más de dos horas de duración, el film cumple con creces su cometido. El mundo comiquero andaba necesitado de que este gran héroe regresara a las pantallas de cine y que, luego de varios años de larga espera, se pudiera convertir en la gran esperanza para todos aquellos que aprendimos a amar a este personaje desde nuestra más tierna infancia.

Un último consejo: no se gasten en ir a verla en 3D, ya que el mismo parece metido con forceps, y no se queden esperando a que terminen los títulos (a menos que quieran escuchar la banda sonora o intenten leer los quichicientos nombres que aparecen en los títulos) porque no van a ver ningún extra, como suele suceder con las películas de los personajes de la Marvel.
¿Cual va a ser el futuro de El Hombre de Acero

Yo creo que glorioso, pues Superman aun tiene mucha tela para cortar y sé que volveremos a verlo surcando por los cielos de Metropolis, esa mítica ciudad que se encuentra en el seno de nuestra imaginación y nuestras esperanzas más queridas.


¡Allá en el cielo! ¡Es un ave! ¡Es un avión! ¡No, esta vez es realmente Superman!

Si querés saber más sobre Superman pincha acá arriba



viernes, 7 de junio de 2013

¡¡MES DE ACERO EN EL OMEGA!!

El 14 de este mes la cuenta regresiva llega, por fin, a su fin.

Luego de muchas ansias y de tratar de atisbar algo a través de los trailers, The Man of Steel se estrena en las pantallas de cine de todo el mundo.

Dirigida por Zack Snyder -entre cuyos logros se encuentra nada menos que 300 (adaptacion de la novela gráfica de Frank Miller) y Watchmen (la monumental obra maestra creada por Alan Moore y Dave Gibbons)- y producida por Christopher Nowlan -quien se encargó de dirigir la magnífica trilogía de Batman-, el film en cuestión promete transformarse en uno de los tanques comerciales del año 2013.

En un intento de imponerse de una buena vez por todas sobre el éxito generado por la franquicia de la Marvel -lease Ironman, El Capitán America, Hulk, Thor y  Los Vengadores- la editorial DC Comics puso toda la carne sobre el asador con la finalidad colocar en lo más alto al héroe que hace una buena cantidad de años se transformó en el padre del género superheroico, que tanta popularidad goza en estos tiempos modernos.

Pero, como todo héroe que se precie de tal, Superman tiene su historia y la misma se remonta a fines de la década de los 30, cuando dos jóvenes imberbes llamados Jerry Siegel y Joe Shuster decidieron crear a un personaje que estuviera por encima de los mortales y que usara sus increíbles poderes para imponer la justicia en todos los rincones del planeta.

En sus lejanos inicios, El Omega: el fin de todas las cosas y quien les escribe (admirador incondicional del hombre de acero) publicó un artículo dividido en 4 partes en donde se contaban los inicios de este personaje tan importante, así como su marcada influencia en las dos primeras décadas de existencia... una época que sería conocida como la Edad de Oro de los comics(Golden Age). 

Dichos artículos, que fueran publicados originalmente en la revista Floresta y su Mundo, supieron tener su paso por Internet gracias a páginas como La Fortaleza de Soledad (http://www.fortalezadelasoledad.com/) y Archivo de Comics (http://archivo-de-comics.blogspot.com.ar/), entre otras.

Todo este largo prólogo tiene por fin el poder re-postear dichos artículos, en una suerte de homenaje al 75º aniversario del nacimiento del hijo de Krypton y el inminente estreno de sunueva película que, espero con ansias, pueda hacer renacer el interés en las generaciones futuras de comicadictos.

EN UN PRINCIPIO FUE EL SUPERHOMBRE (1º PARTE)

La historia del hombre de acero desde antes de su creación hasta el inicio de la Edad de Plata de los comics.
1938 fue un año en que el mundo se hallaba al borde de una guerra jamás imaginada. Un mundo terrible, sumido en la depresión y el desasosiego. Un mundo que se hallaba necesitado de alguna figura heroica que la protegiera del destino que le estaba esperando a la vuelta de la esquina.

Alguien excelso, casi un dios, de increíble fuerza que encauzara el camino de aquellos que solo querían aprovecharse de los más débiles.


Ese fue el momento ideal para que, en un oscuro tablero de dibujo, se gestara un personaje que, inmediatamente, llegaría a cautivar a grandes y a chicos por igual, desarrollando un género de historietas que aun hoy persiste luego de 75 años de existencia.


¡Arriba en el cielo! ¿Es un ave? ¿Es un avión? ¡¡No!! ¡¡Es Superman!!... y he aquí su historia

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EN UN PRINCIPIO FUE EL SUPERHOMBRE (2º PARTE)
Superman vuela tan, pero tan alto que se escapa de las páginas de los comics hacia otros medios como los diarios y las pantallas de cine.

Pero no todo es felicidad, pues los vientos de la guerra están soplando muy fuerte desde el continente europeo... y el hombre de acero no permanecería impasible ante el oscuro advenimiento del nazismo y sus ansias por la conquista del mundo.


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EN UN PRINCIPIO FUE EL SUPERHOMBRE (3º PARTE)
Incondicionales amigos, fieles novias y arteros enemigos se encargarán de que el mito del hombre de acero crezca aun más. 

Pero un nuevo superhéroe hace su aparición en el barrio, llegando incluso a hacerle sombra al exitoso hijo de Krypton.


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EN UN PRINCIPIO FUE EL SUPERHOMBRE (4º PARTE)
Gracias a los medios masivos como el cine, la incipiente televisión, los diarios y los comics, Superman estaba generando enormes dividendos para sus editores, pero no a quienes lo habían creado. Una cruel injusticia había caído sobre las cabezas de Jerry Siegel y Joe Shuster y nada podían hacer ante la cruel corporación a la cual ellos habían enriquecido más allá de lo imginado.

Pero el fin de la guerra, la rígida censura norteamericana y la paranoia anticomunista se encargaron de llevar a los comics de superhéroes a su etapa de mayor decadencia... un estado del que solo un milagro podría sacarlos.


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