Buscar este blog

sábado, 31 de enero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (11)

CAPITULO VIII

LOS CAMINANTES NOCTURNOS

La gente apareció como de la nada.


En un momento estábamos envueltos en la más absoluta de las soledades y al otro, oscuras formas bamboleantes nos estaban rodeando por todos lados. Un frío terror ascendió por mi espina dorsal hasta el cráneo, el cual pareció latir de manera harto dolorosa.

Sorprendidos ante esas presencias, lo primero que atiné a hacer fue sacar mi arma de su bandolera. A mi lado, Arthus realizó el mismo gesto defensivo. A pesar del miedo que anegaba nuestros sentidos, nos encontrábamos más que dispuestos a vender cara nuestra inevitable derrota.

Pronto me di cuenta que eso no iba a ser necesario.

Caminando con pasos vacilantes, como si aún estuvieran inmersos en las tinieblas de un profundo sueño, hombres, mujeres y niños avanzaban como espectros por el brillante empedrado. Sus rostros no reflejaban ningún gesto de temor o sorpresa ante nuestra presencia.

-¿Qué les pasa?- Pregunté con voz trémula- Es como si estuvieran todos hipnotizados…


-Como zombis... –Murmuró Arthus, sin volver a guardar el arma- ¡Parecen unos malditos zombis!

Armándome de valor me acerqué a una mujer de mediana edad, vestida con un largo camisón de intrincados brocados, que en esos momentos pasaba cerca de nosotros. A pesar de encontrarme a su lado, sus ojos vidriosos y carentes de voluntad ni siquiera dirigieron una mirada de comprensión ante mi presencia.

-Se hallan sumidos en un estado de profundo sonambulismo- Le informé a mi amigo, que en esos se estaba acercando- Esto puede llegar a entenderse en una o dos personas, pero... ¿En semejante cantidad de gente?

-¿Adónde hemos venido a parar Dewan? ¿Hasta cuándo va a continuar toda esta locura?- La voz de Arthus rayaba la histeria.

Ante ese apremiante interrogante no supe que contestar. Mi mirada volvió a posarse sobre los sonámbulos, los cuales continuaban con su monótono caminar. Me di cuenta que, si la cosa seguía así, mi amigo terminaría enloqueciendo y me sería muy difícil poder contenerlo yo solo.

-Se están dirigiendo hacia el mismo lugar de donde provienen las señales- Dije finalmente, cuando hube mirado el detector de mi muñeca- Creo que es mejor que llamemos a la capitana... hay que informarla sobre este hallazgo y ponerla en alerta sobre los durmientes.
Cuando pulse la pantalla, lo único que recibí por el comunicador fue una tremenda carga estática.

Sin saber muy bien que hacer a continuación, pues de forma inconsciente había tomado el mando de nuestro grupo de dos, volví a mirar al ya apretado ejército de sonámbulos que deambulaban por la calle.

-Tenemos que continuar. Debemos seguir a esta gente hacia donde vaya...

-Hacia donde están Los que acechan... –Fue la única respuesta de un desesperado Arthus- Los que acechan...


(Los que acechan)

Miré hacia las sombras bamboleantes y un oscuro terror comenzó a anidar en mi interior.

Por unos instantes la luna plateada se dejó ver entre las oscuras y pesadas nubes. Esa tenue luminosidad tuvo la virtud de transformar a los caminantes dormidos en corruptos espectros. Sus fantasmales ojos parecieron brillar demencialmente. Sus ropas parecían raídas y muy antiguas como si, en lugar de sus camas, hubieran abandonado alguna tumba olvidada, para caminar y caminar hacia algún remoto y terrible destino.

Mi alma se estremeció ante la perspectiva que nos deparaba si continuábamos con nuestra exploración. Pero sabía que nada ganaría quedándome allí parado alimentando mis miedos. Debía descubrir el misterio que se escondía detrás de todo lo que nos rodeaba.

Sin guardar el arma en mi funda, comencé a andar en pos de los caminantes dormidos.

CONTINUA...

martes, 20 de enero de 2015

¡SOLTAD LOS COMICS DE LA GUERRA!

"Gritad ¡Desvastación! y soltad los perros de la guerra"
Julio Cesar- William Shakespeare

Durante mi querida infancia, allá lejos y hace tiempo, existían ciertas reglas que manejaban de manera casi implacable el mundo de los niños. Entre las niñas era muy común el jugar con las muñecas, en tanto que los varoncitos lo hacíamos con los soldaditos. 

Innumerable cantidad de pequeñas figuras de plástico bastante mal moldeadas se encargaron de ocupar horas y horas de mi niñez, enfrascándome en interminables batallas destinadas a conquistar una mísera porción de terreno del jardín de mí casa. 

En estas luchas sin cuartel casi no existía la piedad pero, al llegar la noche, todos esos pequeños guerreros volvían a estar en pie. 

Sin manchas de sangre y con todos los miembros en su lugar… 

Sin rencores ni odios sin sentido…

Sin ambición alguna por esa porción de terreno conquistado…

Y era así, mientras regresaban a su viejo cajón de madera, como todos ellos volvían a ser grandes amigos que se juntaban para dormir el justo sueño de los valientes. 

En nuestra inocencia, esas guerras eran tan solo un simple juego... como una pequeña competición entre amigos para ver quién era el primero en leer alguna revista de historietas nueva.  

Pero, por desgracia, la infancia no es eterna y la guerra no es precisamente ninguna pavada.

Una de las armas que quizá más ha ayudado a los soldados en los frentes de guerra de todo el mundo y de todos los tiempos no fueron precisamente las balas, los aviones o los tanques, sino algo conocido como propaganda. 

Actuando a nivel psicológico, miles y miles de panfletos -ya fueran para alentar a los supuestos buenos o para denigrar a los supuestos malos- han caído hacia uno u otro lado de las líneas de batalla. 

Que la democracia y el fascismo. 

Que la libertad y la intolerancia. 

Que fulano y mengano.

Toda una serie de frases rimbombantes, de un marcado tono nacionalista, se convirtieron en los caballitos de batalla que fueron montados tanto de un lado como del otro (¡Con Dios como testigo!) en un intento por desacreditar o ridiculizar a su enemigo declarado. 

Como siempre sucede en este tipo de cosas, los medios masivos de comunicación fueron los encargados de llevar a buen término ese tipo de propaganda y dentro de estos podemos nombrar a los omnipresentes comics de superhéroes estadounidenses.

Una de las más grandes esperanzas para la democracia y el modo de vida americano fue sin lugar a dudas el primer superhéroe de la historia de los comics: Superman, el hombre de acero. 

Desde su génesis misma, allá por 1938, la creación de Jerry Siegel y Joe Shuster había calado muy profundo en el gusto del pueblo norteamericano, transformándolo en un éxito inmediato. Incluso, su fama llegó a trascender más allá de sus fronteras, desparramándose a supervelocidad por todo el mundo y Alemania no fue la excepción, ya que en cierta forma representaba de alguna manera los sueños pergeñados por Adolf Hitler y compañía con respecto al Übermensch (superhombre) descripto por Friedrich Wilhelm Nietzsche

Pero su éxito en este país no sería muy duradero, ya que en 1940 la revista Look publicó una nota en la cual se mencionaba el creciente e imparable éxito obtenido por la publicación de Superman en la revista Action Comics. A dicho artículo se le sumaba una historieta de tan solo dos páginas, que estuvo realizada por los mismísimos Siegel y Shuster

En dicha historia, el hijo de Krypton se encargaba de poner fin a la guerra europea, llevando a Joseph Stalin (por ese entonces aliado de los nazis) y a Adolf Hitler a Ginebra (Suiza). En ese sitio ambos líderes eran castigados por sus crímenes en contra de la humanidad.
Adolph Hitler y Joseph Stalin, os declaro culpables del mayor crimen de la historia moderna… ¡Agresión no provocada contra países indefensos!”, es la dura sentencia de un juez a unos afligidos ex dictadores, mientras el hombre de acero observa toda esa escena con beneplácito. 

Todo este asunto enfureció al líder de la nación alemana y a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Reich, que tildó a Superman de “Judío circuncidado, tanto física como espiritualmente”. Incluso, el diario del partido Daz Schwerz Korps se encargó de criticar duramente al personaje, acusándolo de ser una fantasía degenerada producto de demócratas liberales (¡Mein Gott!). 
Lamentablemente, como Superman es un personaje ficticio, ese final feliz gestado dentro de esas sencillas páginas nunca pudieron verse convertidas en realidad y las ansias de conquista de la nación alemana se vio transformada en una terrible guerra que duraría hasta el año 1945… un conflicto armado que se llevó la vida de millones de personas. 

Por esos tiempos, la editorial Timely Cómics -que años más tarde se transformaría en la conocida Marvel Cómics- fue un paso más allá y se encargó de poner en los puestos de revistas un personaje que se transformaría en el héroe por excelencia en la lucha contra los agresores alemanes. El mismo sería El Capitán América y sus creadores fueron nada menos que Jack Kirby y Joe Simmons

Enfundado en su traje de barras y estrellas, este centinela de la libertad se encargaría de llevar su cruzada al frente de guerra mismo, siendo sus peores enemigos el odiado Hitler y sus sicarios, entre los que se encontraba el malévolo Red Skull.

Pero el arma propagandística estaba en marcha e innumerable cantidad de comics acompañaron a las publicaciones del hombre del mañana en su lucha libertaria. Héroes como Wonder Woman (All Star Comics- 1941), The Shield (Pep Comics- 1/1940), Uncle Sam (National Comics- 7/1940), Captain Victory (Flag Comics- 8/1941), Super American (Fight Comics- 10/1941), Major Victory (Dynamic Comics) y muchos otros se embarcarían de lleno a combatir sin cuartel a todo lo que Hitler, Mussolini, Stalin e Hirohito representaban. 
En cientos de apabullantes y coloridas portadas, las acciones de estos héroes marcadamente estereotipados se encargaban de inflamar el espíritu del pueblo norteamericano e incluso hacían tomar conciencia sobre todo lo que estaba sucediendo a lo largo de la sufrida Europa y en las islas del vasto Océano Pacífico.

Como cabría esperar en este tipo de medio masivo, todo ese marcado fervor patriótico se transformó en una auténtica panacea comercial para los editores de cómics y daría pie al nacimiento de la famosa Edad de Oro (Golden Age) de los comics. 
Todas esas publicaciones, caracterizadas por guiones repetitivos y dibujos de muy poca calidad, se encargaron de mostrar a esos estrambóticos personajes dándole enormes palizas a los ejércitos del eje del mal, destruyendo poderosas armas enemigas o deteniendo a oscuros saboteadores.

Pero la guerra llegó a su fin y con ella la casi lógica decadencia del genero superheroico, que durante más de 10 años se debatió entre la ñoñez y la chatura. Mientras tanto, las guerras ya no volverían a ser guerras, sino algo peor: Intervenciones militares… un juego de palabras que justificaría de ahí en más el genocidio de siempre.

Y así llegaría la famosa guerra fría. Y la guerra de Corea. Y el muro de Berlín. Y el peligro chino. Y el conflicto de Vietnam. Y el enfrentamiento árabe-israelí. Y el 11-S. Y la guerra del Desierto. Y el terrorismo internacional. Todos estos eventos, y unos cuantos más, fueron instalándose en el mundo como una suerte de holocausto definitivo y sin sentido, hiriendo gravemente el corazón de toda la humanidad… en especial los intereses del pueblo estadounidense. 

Y allí estaban nuevamente los comics de superhéroes para representar de alguna manera esos temores que tanto los aquejaban.

Como es de suponer, nuevos villanos fueron presentados en sociedad y de manera inmediata se vieron transformados en iconos representativos de todo lo que no formaba parte de los ideales democráticos, la madre y el pastel de manzanas. Personajes como Crimson Dynamo (Tales of Suspense # 46-10/1963), El Mandarín (Tales of Suspense # 50-2/1964), El Jihad (Suicide Squad # 1-5/1987), Doctor Doom (Fantastic Four # 5-7/1962) o la KGBestia (Batman # 417-3/1988) intentaron someter esos ideales libertarios, siendo detenidos de manera oportuna por el héroe de turno que le tocaba en suerte. 

Los superhéroes volvían a tomar partido.

Uno de los casos más significativos que podemos situar en tiempos actuales fue una historia que hizo su aparición en Adventures of Superman N° 427 y 428 (1987). En ella el Superman resurgido luego de la miniserie Crisis en las Tierras Infinitas decide tomar partido por la democracia entrando de manera impune en un país imaginario llamado Qurac, que se encontraba en manos del dictador Marlo, a fin de destruir todas las armas que este posee para someter a su pueblo y a las naciones vecinas.
Extrañamente, unos cuantos años después el presidente George Bush (quien probablemente se haya creído una suerte de Superman) se encargaría de que esa historia fantástica se convirtiera en una dura realidad.

Resulta más que evidente que los cómics/historietas/tebeos suelen transformarse en un reflejo de nuestras existencias. Eso es algo que muchas veces no queremos ni mirar ni tener en cuenta, ya que no siempre ese reflejo es el ideal y, como dijo Nietzsche, “Si miras el abismo largo tiempo, el abismo te devolverá la mirada”

Hoy, cuando todavía no sabemos bien quien es el enemigo ni quien es la víctima, es muy fácil ver la guerra por la televisión o los diarios. Aun así, y a pesar del gran acceso a la información de la cual disponemos en la actualidad, es muy difícil que podamos llegar a darnos cabal cuenta de lo que es el auténtico horror de aquellos que se ven envueltos en ella. 

A veces quisiéramos pensar que todo esto es tan solo un juego y que, con la llegada la noche, los caídos puedan volver a levantarse para dirigirse tranquilamente, como grandes amigos, a descansar a sus hogares. 

Muchas veces me sorprendo mirando al cielo en busca de algún superhéroe que logre poner fin a toda esta locura que parece haber hecho presa de todos nosotros. Pero, por desgracia, también pienso que todo eso es tan solo un gesto infantilmente inútil. Y es así como la negra realidad vuelve a golpear nuestras cansadas almas.
Mientras tanto en la televisión nos es mostrada la guerra a todo color y en alta definición, mientras de manera indolente leemos una revista de historietas... y eso no es precisamente una pavada.

domingo, 11 de enero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (10) por Daniel Barragán

INTERLUDIO (3)

Diario personal del doctor Serkis Dakaris, oficial de comunicaciones, lingüística, antropología y paleoetnia de la esfera espacio temporal STE-228 Juan Salvo. 

Hora relativa 172-1 (RA)

La oscuridad ya envuelve todo mi ser como un frío sudario que anticipa mi propia muerte.

La nave espacio-temporal, cual si fuera una pequeña isla, se ha transformado en una suerte de anclaje con la realidad de lo que ha sido mi pasada vida mortal. El resto parece producto de un sueño... o, lo que es peor, de una pesadilla.

Gorg Rotera ha sido devorado por esa misma oscuridad.

Desoyendo totalmente mis objeciones, el teniente había salido fuera de la Juan Salvo para comprobar el funcionamiento de uno de los lectores telemétricos. A pesar de mis temores, todo parecía marchar con normalidad hasta que un extraño sonido, que parecía provenir desde el fondo de la biblioteca, comenzó a escucharse cada vez con mayor intensidad.

Sin atreverme a salir, pero intentando llamar su atención, grité a Rotera que volviera a la nave. 

No recibí ninguna respuesta.

El ominoso sonido volvió a dejarse escuchar aún más cerca, como si algo enorme, una entidad imposible de llegar a ser imaginada por ningún ser humano, estuviera arrastrándose por el polvoriento suelo de madera. Luego de un breve lapso en donde reinó el silencio más absoluto, se dejó escuchar un grito ahogado y un aterrador sonido burbujeante, como de alguien ahogándose en aguas profundas. Cuando se hizo nuevamente el silencio, debieron pasar varios minutos antes que pudiera juntar el valor necesario como para salir de la nave en busca de mi compañero.

No hallé el menor rastro del teniente Rotera.

No pude hacer nada al respecto, ya que ni siquiera tengo la valentía de explorar más allá de unos pocos metros de la realidad que todavía me significa la esfera cronal. Temo que si lo hiciera podría llegar a perderme por entre los pasillos de la laberíntica biblioteca a la que hemos arribado. Me aterra pensar en lo que pueda estar escondido entre los ocultos recovecos, el polvo y las viejas hojas ahítas de vastos conocimientos que han permanecido olvidados hasta que mi insaciable curiosidad se atrevió a profanar sus secretos.

Sé muy bien que allí afuera me aguarda una bestial y primitiva entidad que se encuentra deseosa por devorar todo lo que mi persona representa.

Tan solo me resta la compañía de este libro infernal y sus extrañas tapas de inquietante suavidad, que parecen palpitar con un poder que me es imposible llegar a definir. Sus amarillentas y gastadas páginas encierran verdades, que más me hubiera valido no conocerlas jamás.

Menudo castigo a mi amor por el pasado y los secretos olvidados.

Durante la enfebrecida lectura del manuscrito, me ha parecido llegar a vislumbrar entre las sombras reinantes a aquellas deidades magnificentes arribadas de tiempos remotos como si las mismas realmente hubieran existido… o existieran.

El ciclópeo Mhalyoght, en el centro del caos infinito.

El multiforme Sh-Utor, expansión misma de ese caos y del universo todo.

Ibtha, el guardián eterno del pasado.

El dios, que es gusano y carroña, Y´Rik.

El gran Thargost, el inmortal soñador que yace en la profunda Irkthara.

Los omniscientes N´ur y su séquito de Impheros.

Los malvados Ghurines.

... y tantos, tantos otros.

Criaturas babeantes, amorfas y abominables, que habitan en las dimensiones externas, esperando... siempre esperando.

Mis ojos han recorrido las páginas de este terrible libro con espantado embeleso. Mis pupilas se han dilatado ante los vastos tiempos y las creencias terribles que han  sabido sobrevivir a la historia del ser humano.

Este libro no es solo un libro. Es una puerta y creo haber encontrado la llave.

Ellos nos acechan... y ni siquiera podemos percibir ese simple e inquietante detalle.
Mis osadas investigaciones me han llevado hacia nuevos niveles de comprensión. Si mis compañeros de expedición me vieran en este momento, se aterrarían ante mi nuevo aspecto. 

Mi nuevo ser.

La envoltura, esa cáscara que llamamos humanidad, es apenas una delgada tela que cubre mi auténtico ser. Sé que lo que me espera no es la muerte, pues aquellos que acechan me están deparado otros destinos.

Y hay formas de existencia que son aún más temibles que la misma muerte.

Puedo sentir que nuevamente que hay algo arrastrándose en la oscuridad. Algo de pavorosa naturaleza está acechando en los rincones oscuros, en busca de la nueva presa que ha osado descubrir sus secretos.

El terror me rodea como algo tangible... pero aun así continuaré con este diario, mientras conserve un rastro de humanidad en mí ser, para que la gente del frío siglo 21 sepa la verdad.

Ya no soy Serkis Dakaris, el lingüista de la expedición cronal de la nave Juan Salvo. Muy pronto dejaré de ser lo que soy, pues ya están viniendo por mí... 

¿Adonde me llevaran? 

No quiero saberlo. No, no quiero...

La oscuridad me está rodeando más y más. Pero la misma no sería tan terrible si no fuera porque hay tantos dientes afilados. Tantos ojos sin párpados que me acechan.

Serkis Dakaris

Lingüista de la expedición cronal 9

CONTINUA...

sábado, 3 de enero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (9) por Daniel Barragán

CAPITULO VII
CAMINOS DIVIDIDOS

Unos enormes gatos, expuestas sus corruptas carnes al frío nocturnal, miraron desde sus escondites nuestra cautelosa marcha.

El brillo de la luna había menguado a medida que la niebla había ido creciendo, transformando el lugar que nos rodeaba en un panorama mucho más lóbrego del que había sido hasta ese momento. Tan solo la raquítica iluminación de las farolas apenas si permitía ver en donde poníamos nuestros pies.

-¡¡Mierda!!- Exclamó de súbito la capitana. El tono de su voz daba claras evidencias de una furia incontenible. Una furia incontenible... y algo más, miedo quizá- ¡Esto es de nunca acabar!

El camino empedrado por el que habíamos venido volvía a bifurcarse en dos nuevas calles, las cuales se perdían en la oscuridad. La capitana Molina echó una nueva ojeada a los datos emitidos por el detector.

-¡Me cago en estos aparatos de alta tecnología! ¡Esta porquería puede detectar la fuente de emisión, pero no cual de los dos caminos es el que debemos tomar!

-Quizá ambos conduzcan al mismo sitio- Aventuré a decir.

-Puede ser... pero no podemos permitirnos el lujo de equivocarnos. Hasta el momento nadie nos vio, pero esa suerte no puede durar mucho.

-Capitana, creo que lo mejor sería separarnos en dos grupos y que cada uno tome un camino diferente- Dijo Andersen, mientras miraba alternativamente ambas rutas, como si ese simple acto pudiera superar el funcionamiento de nuestros detectores- Si desembocan en el mismo sitio, mejor...

La capitana Molina permaneció sumida en un largo silencio durante unos instantes, sopesando los pro y contras de nuestro dilema. volvió a dirigir una mirada de desaliento hacia su muñequera y dijo:-

-Creo que tiene usted razón doctor... lo más importante es continuar con esta misión.

La sola idea de dividir al ya escueto grupo expedicionario me atemorizó profundamente, pues consideraba que no era precisamente la mejor de las ideas si queríamos cumplir con éxito un trabajo tan difícil, como era el poder atrapar a un hatajo de fanáticos peligrosos.

Antes de que pudiera emitir alguna objeción, Arthus fue quien se encargó de hacerlo por mí:-

-No creo que sea la medida más inteligente.

-¿Me puede decir porque?- Preguntó la capitana, denotando su gran fastidio al ser desafiada su autoridad.

-No sabría explicarle el porque, pero tengo la sensación de que esta ciudad es mucho más peligrosa de lo que aparenta- Miró hacia todos lados y en su rostro se pintó una profunda alarma- Estoy seguro que estamos siendo acechados por un observador invisible. Es una sensación que me resulta imposible llegar a explicarla con cierta coherencia. 

Se produjo un nuevo y terrible silencio. A nuestro alrededor la niebla y la oscuridad parecieron hacerse aun más opresivas.

-¡Me extraña su comentario doctor Cedis!- Dijo Andersen, haciendo un gran esfuerzo por abstraerse de la extraña situación en la estábamos envueltos- ¡Usted es un renombrado ingeniero electrónico y especialista en nanotecnología del siglo 21 y no un cavernícola aterrorizado por un rayo en una noche de tormenta!- Señaló con desdén hacia los animales deformes que se acurrucaban a nuestro alrededor, vigilando cada uno de nuestros movimientos y nuestras palabras- Sacando esos gatos mugrientos y enfermos, no hemos visto nada que pueda llegar a amenazar nuestras existencias.

-¿Y esos ruidos y los aparentes cánticos que hemos estado oyendo?- La pregunta de Arthus hizo que reviviera el recuerdo de esos sonidos tan inquietantes, los cuales venían acompañándonos desde que saliéramos de la biblioteca- Por mi parte no creo que sean producto de nuestra imaginación... o de oscuras supersticiones.

-Todo debe tener alguna explicación racional- Andersen no era el tipo de persona que se dejaba intimidar con facilidad- Los sonidos tienden a ser más inquietantes en el silencio de la noche...

-No tenemos otro remedio que hacer lo que sugirió el doctor Andersen, si queremos tener éxito- Cortó de forma tajante la capitana, volviendo a retomar la pose autoritaria que la caracterizaba.

Por unos instantes sopesó la situación táctica, mientras consultaba su cronómetro personal. Finalmente dirigió su mirada a mi persona y dijo:-

-Dewan, usted y el doctor Cedis tomen el camino de la izquierda. El doctor Andersen y yo tomaremos el otro. El tiempo máximo de exploración es de treinta minutos, hora relativa de la nave. No sabemos cuando puede amanecer en este lugar y no quiero estar aquí cuando el sol se levante. Si no encuentran nada que valga la pena, se vuelven a este punto de reunión en el tiempo estipulado y dejamos que las autoridades se encarguen de realizar las investigaciones- Sonrió nuevamente, dejándonos disfrutar de la belleza que se escondía debajo de su fría eficiencia militar- No se preocupen amigos míos, que el asunto no es tan terrible como puede parecer. Muy pronto vamos a estar en casa, contando esta aventura como una divertida anécdota de viaje. Ahora ¡En marcha!

Mientras Molina y Andersen se alejaban, Arthus y yo nos quedamos parados y abatidos frente al desconocido destino que nos aguardaba más allá de lo que podíamos llegar a ver con nuestros pobres sentidos. 

En respuesta a nuestro estado de ánimo, lo que había parecido ser los velados cánticos de un invisible coro aumentaron en intensidad. En el cielo, pesadas nubes de color rojizo taparon la mortal luminiscencia de la luna, preanunciando la inminente llegada de una tormenta.

lanzando un sonoro suspiro, toqué el hombro de mi amigo para indicarle que nos pusiéramos en marcha. La calle por la que teníamos que avanzar era un poco más estrecha y las inmensas casas coloniales parecían cernirse aun más sobre nosotros, semejando a una extraña bóveda de ladrillos y mampostería.

No había ningún ser viviente a la vista. Solo continuaban con nosotros los omnipresentes felinos. Criaturas atroces que seguían cada uno de nuestros pasos con expectante actitud.

Nunca en mi vida me había sentido tan desvalido como en este sitio. 

Experimentado en más de treinta misiones, tuve la oportunidad de enfrentarme a situaciones sumamente peligrosas, como cuando me habían atacado una banda de Velociraptores de la Mongolia cretácica o cuando un mastodonte desbocado casi había tirado por un precipicio a la Edgard Allan Poe, la crono-esfera al mando del capitán Raven, de las cuales había salido indenme.

Pero en esta oportunidad el peligro era muy diferente. Esta vez, el mismo casi intangible y por ello más terrible que cualquier animal prehistórico furioso. Tal como Arthus había expresado, yo tampoco estaba muy seguro que el problema fuera de índole terrorista.

-Creo que sería mejor colocar las armas en modo mortal- Dijo de súbito Arthus, como si hubiera adivinado mi línea de pensamiento.

-Pero la capitana...

-¡La capitana no está aquí para darnos órdenes! ¡Además, ella todavía no entiende lo que está pasando! ¡Su osadía solo nos va a llevar al fracaso de la misión!

-¿Qué es lo que sabés y te tiene tan cagado en las patas?- Pregunté, intrigado por la extraña actitud de mi amigo- ¡Creo que es tiempo en que dejés de ser tan misterioso y me digas que mierda es lo que puede estar sucediendo!

Me miró durante unos instantes, sin decidirse a hablar sobre los motivos de su inexplicable temor, pero el gesto de firmeza presente en mi rostro logró darle el valor necesario para hacerlo:-

-Dewan... querido amigo, nos conocemos desde hace muchos años. Durante todo ese largo tiempo compartimos buenos y malos momentos, pero quizá no me conozcas tanto como creés. Hubo una época en que no era el frío ingeniero electrónico que soy ahora. Era irremediablemente joven y deseoso de experimentar cada cosa que la vida me ofrecía. Por esos tiempos estuve juntando con una chica que era afecta a las drogas, el ocultismo y a los libros prohibidos... gracias a ella pude probar las lujuriosas pesadillas otorgadas por los vapores de la Deificaina… pude escuchar las oscuras palabras secretas jamás pronunciadas por el entendimiento humano…pude leer las corruptas y amarillentas páginas de libros que contenían los conocimientos más espantosos que alguna vez hayamos podido imaginar. ¡Si hubieras podido leerlos habrías sentido el mismo terror que experimenté en esos momentos!- Su voz tembló- En ellos encontré referencias sobre un antiguo culto pagano, originado en los oscuros inicios del cristianismo, y su malsana adoración por los acechantes dioses que moraban en ciertas dimensiones ajenas a nuestra realidad. Fue gracias a esos textos que supe sobre los siete nombres prohibidos, que más valdría no haberlos conocidos jamás. También descubrí que Ellos, Los que Acechan, aun están vivos... esperando, siempre esperando. 

“Afortunadamente, mi relación con esa mujer fue muy corta, pero nunca pude olvidar su alma oscura y las sombras que parecían rodearla. Ella me dio un atisbo de quienes eran Los que Acechan y aun ahora, a pesar de los años transcurridos, recuerdo cada una de sus palabras como si estuvieran marcadas a fuego- Se tocó la frente- Acá en mi cabeza.

Con mano fuerte, Arthus tomó uno de mis brazos... como si quisiera comprobar la realidad de mi presencia. Sin saber que hacer, continué sumido en el silencio y tratando de comprender lo contado por mi amigo.

-Sarkis no es ningún soñador por las cosas viejas- Continuó diciendo, luego de soltarme- Él seguramente leyó los mismos libros que yo y sus conocimientos no están puestos en las frías medidas científicas o a la matemática relativista. Probablemente él ha ido más allá de la mente consciente. Esa es su virtud y también su maldición... pues no se puede saber de Ellos sin que Ellos reparen en nosotros.

Arthus movió la cabeza desesperado, como queriendo sacarse de la mente esos malos recuerdos que habían habitado en él durante gran parte de su vida. Sacó su arma de la bandolera y exclamó:-

-¡Haceme caso Dewan! ¡La cosa no está para pavadas! ¡Si debemos seguir investigando, tenemos  que estar preparados para todo!

Ateniéndome al consejo de mi amigo, ajusté la pistola multifunción al de balas de carga explosiva con cabeza de teflón expansivo, capaces de perforar hasta un blindaje bastante grueso.

-¡Escuchá Dewan!- Dijo Dewan, con una expresión enajenada- ¡Escuchá!...

Presté oídos a la noche y el inconfundible sonido de voces humanas, entonando un murmurante cántico, llegó a mis oídos con una claridad libre de toda duda.

-Probablemente la gente de este pueblo esté reunida en algún sitio que se halla más adelante, realizando algún tipo de celebración... de ahí que todo parezca tan desierto- Contesté mirando el detector- Exactamente en el lugar a donde tenemos que ir.

-Ellos, quienes sean, nos están acechando en algún sitio de esta ciudad de pesadilla- Fue la única respuesta de mi amigo.


CONTINUA...