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sábado, 30 de agosto de 2014

EL PLANETA DESCONOCIDO (THE FORBIDDEN PLANET -1956-)

¡PROHIBIDO PISAR ESTE PLANETA!
"En la última década del siglo XXI aterrizaron en la Luna hombres y mujeres en cohetes espaciales. En 2200 D.C. habían llegado a otros planetas del sistema solar. Casi enseguida vino el descubrimiento del hiperimpulso a través del cual se logró por primera vez la velocidad de la luz y más tarde se sobrepasó enormemente.

Y así, al fin, la humanidad comenzó la conquista y la colonización del espacio lejano.


El crucero C-57-D de Planetas Unidos hace más de un año que partió de su base terrestre en misión espacial al sistema solar de la gran consecuencia principal Altair..."


FICHA TECNICA

EL PLANETA PROHIBIDO/EL PLANETA DESCONOCIDO (Forbidden Planet – Metro Goldwyn Mayer-1956-)


Dirección: Fred M. Wilcox


Producción: Nicholas Nayfack


Guión: Cyril Hume, Irving Block y Allen Adler (basado en “La Tempestad” de William Shakespeare)


Fotografía: George J. Folsey


Diseño de producción: Irving Block y Mentor Huebner


Dirección artística: Cedric Gibbons y Arthur Lonergan


Música/Tonalidades electrónicas: Bebe y Louis Barron.


Efectos especiales: A. Arnold Gillespie, Joshua Meador, Warren Newcombre, Irving G. Ries, Doug Hubbard, Robert Kinoshita, Glen Robinson y Franklyn Soldo.


Efectos visuales: Bob Abrams, Joe Alves, Max Fabian, Howard Fisher, Henn Hillinck, Bob Trochim y Matthew Yuncich.


Protagonistas: Walter Pidgeon (Dr. Edward Morbius), Anne Francis (Altaira), Leslie Nielsen (Comandante John Adams), Warren Stevens (Teniente “Doc” Ostrow), Jack Kelly (Teniente Farman), Richard Anderson (Jefe Quinn), Earl Holliman (cocinero), Robby el robot (Frankie Darro, Frankie Carpenter y Marvin Miller), George Wallace, Robert Dix, Jimmy Thompson, James Drury y Harry Harvey Jr.


Duración: 80 min.

El escritor ingles William Shakespeare siempre ha sido una poderosa fuente de inspiración para la cinematografía mundial, ya sea por la adaptación de alguna de sus muchas obras o por el simple hecho de tomar “prestada” alguna de sus ideas. Como es de imaginar, el cine de ciencia ficción tampoco pudo mantenerse apartado de este inmenso abrevadero conceptual.

Tomando como punto de partida una de las obras de este autor, conocida como "La Tempestad" (1), y algunas teorías freudianas sobre el oscuro subconsciente existente en la psiquis del ser humano, Irving Black, Cyril Hume y Allen Adlar elaboraron el guión de este particular film (englobado dentro del género conocido como Space Opera) que terminaría transformandose en una de las grandes producciones del cine fantástico de los años 50. Cabe agregar que el guión original, escrito por Hume en 1952, tenía por título Planet Fatal y la acción se desarrollaba en el planeta Mercurio

Pensada como una producción de bajo presupuesto, el guión cayó en manos de un productor de Metro Goldwyn Mayer llamado Nicholas Nayfack y fue así como tuvo la gran oportunidad de ser algo más que una simple película de clase B.

En el remoto futuro del siglo 23, el crucero estelar C-57D perteneciente a la Organización de Planetas Unidos, al mando del Comandante John Adams (Leslie Nielsen), arriba al planeta Altair IV en busca de los colonizadores de la astronave Bellerophon, con los cuales han perdido contacto 20 años atrás.  Allí se encuentran con los únicos sobrevivientes de la tripulación: el Doctor Edward Morbius (Walter Pidgeon), su hija Altaira (una infartante y minifaldesca Anne Francis) y un sirviente mecanizado llamado Robby. Con respecto al resto de la tripulación, los mismos habían sido asesinados por una poderosa fuerza cuyo origen era totalmente desconocido.
A pesar de ser prevenidos sobre las nefastas consecuencias de aterrizar en ese mundo, el Comandante Adams y su tripulación deciden enfrentarse a los misterios que este pueda encerrar... misterios en los que incluso se halla implicado la súbita desaparición de una superavanzada civilización conocida como los Krell, un hecho acontecido 200.000 años atrás.

Al poco tiempo de haber aterrizado, los tripulantes del crucero estelar son atacados por esa extraña y poderosa fuerza invisible. Debido a los peligrosos eventos en los que se hallan envueltos, el Comandante Adams deberá lidiar con la tenaz reticencia de Morbius para abandonar el planeta en el cual ha vivido los últimos 20 años y dejar de lado los estudios de una raza a la cual considera poco menos que divina. Para colmo de males, su hija Altaira se ha enamorado perdidamente del gallardo astronauta y ese simple sentimiento puede llegar a condenarla a una terrible muerte.

Lo que Morbius no sabe es que los Krell, en la cumbre de su sabiduría, no habían podido dejar de lado el subconsciente primitivo, ese lado feroz y terrible que habitaba en cada uno de todos nosotros. Sus poderosas maquinarias, capaces de hacer realidad cada uno de sus pensamientos, se encargan de materializar a los oscuros y terribles monstruos del Id y tan solo había bastado una noche para que toda esa poderosa civilización desapareciera de la faz del planeta. 

En un acceso de horror, pues es el propio Morbius quien ha generado de manera inconsciente a esta temible criatura invisible, sacrificará su propia vida por Altaira y destruirá la nefasta creación extraterrestre haciendo explotar el planeta.

"Dentro de un millón de años la raza humana habrá llegado hasta donde llegaron los Krell en su gran momento de triunfo y tragedia... y el nombre de tu padre brillará otra vez como un faro en la galaxia. Es verdad, nos recordará que, después de todo, no somos Dios", son las sabias palabras finales del Comandante Adams, mientras abraza a su amada. The End.

Con un costo inicial cercano al millón de dólares, una cifra que iría creciendo a lo largo de los ocho meses que duró la producción, este film fue dirigido por Fred Mc Leod Wilcox, entre cuyos méritos figura el haber filmado a la famosa perra Lassie en La Cadena Invisible (Lassie Come Home -1943-) y El Jardin Secreto (The Secret Garden -1949-).

El reparto actoral resultó ser bastante interesante, ya que dentro del mismo podemos encontrar algunas figuras que aun en la actualidad resultan ser bastante conocidas:
- Walter Pidgeon: interpreta al Dr. Edward Morbius, quien ha dado buena parte de su vida al estudio de la desaparecida raza de los Krell. Este notable actor canadiense participó en films como Funny Girl, Mrs. Miniver, Que Verde era mi ValleViaje al Fondo del Mar, Quo Vadis y The Neptune Factor. Según se cuenta por ahí era un tipo insoportable y bastante odiado por el resto del elenco.
- Anne Francis: esta infartante muchachita compuso el papel de la virginal Altaira (a pesar de que por esos tiempos ya tenía unos 26 años y dudo mucho que aun conservara intacta su virtud). Sus minifaldas, sus semidesnudos mientras se baña en un arroyo y su pose de niña que conoce poco sobre el sexo le acarreó al film algunas censuras en varios países (el más notorio fue España, que tardo más de 10 años en estrenarla). Su gentil anatomía puede ser apreciada en algunos films como Semilla de Maldad y en series televisivas como The Twilight Zone, Ruta 66 y El Fugitivo.
- Leslie Nielsen: quizá su labor como el valiente y apuesto Comandante John C. Adams sea una de las menos conocidas por los fans de este magnífico actor. Entre sus muchos papeles protagónicos podemos nombrar: Beau Geste, Gungfight in Abilene, La Aventura del Poseidón, ¿Dónde esta el Piloto?, la saga de La Pistola Desnuda, Drácula: Muerto pero Feliz y Scary Movie 3 y 4. También participó en series como Alfred Hitchcock Presents. Los Intocables, Ruta 66, El Fugitivo, Viaje al Fondo del Mar, Bonanza, El Agente de CIPOL, Columbo, MASH y un largo etcétera.
- Jack Kelly: este actor interpreta el papel del teniente Jerry Farman, un picaro y atrevido astronauta que trata de aprovecharse de la inocencia de la hija de Morbius. A pesar de ello se comportará con valor cuando deba enfrentarse al peligroso monstruo del Id. Su rostro puede ser visto cuando encarnó al hermano de Maverick en la serie televisiva del mismo nombre.
- Richard Anderson: es el Jefe Quinn, el oficial mecánico del crucero espacial. Por supuesto este actor no es otro que el inolvidable Oscar Goldman, el jefe de Steve Austin de la serie El Hombre Nuclear
- Warren Stevens: interpreta el papel del doctor Ostrow, quien descubrirá el oscuro secreto de Morbius y la desaparición de los Krell “¡Sin Embargo, los Krell olvidaron una cosa! ¡Los monstruos… los monstruos del Id!” son sus últimas palabras antes de pagar con su vida el haber desentrañado ese terrible misterio. Fue mayormente conocido por su participación en series televisivas como La Dimensión Desconocida, Rumbo a lo Desconocido, Bonanza, El Agente de CIPOL, El Túnel del Tiempo, Combate, Star Trek y MASH.
- Earl Holliman: al mismo le toca el papel cómico del film, que es el de cocinero medio borrachín que le pide al robot algunas botellas de buen licor. Participó en numerosos films como Broken Lance, Gigante, Duelo de Titanes, Los Puentes de Toko-Ri, Los Hijos de Katie Elder y Last Train from Gun Hill. Tampoco podemos olvidar su labor en la serie Mujer Policia.
-ALGUNOS STORYBOARDS DEL FILM-

La filmación fue íntegramente realizada en los estudios de MGM situados en Culver City. Los diseños de producción estuvieron a cargo de Cedric Gibbons y Arthur Lonergan. En dichos escenarios se construyó una maqueta en tamaño natural  de la nave, realizada en madera, acero y fibra de vidrio, a la que se sumaron los fondos del desértico planeta  Altair IV con un método escenográfico conocido como CicloramaTambién fueron construidos otros modelos de menor tamaño para las escenas de vuelo en el espacio. 

Otros escenarios incluyeron la casa de Morbius (con jardines incluidos) y el sofisticado laboratorio subterráneo de los Krell... los cuales se comieron la mayor parte de toda la plata puesta por los productores.

Los muy cuidados efectos especiales fueron obra de Arnold Gillespie (quien ya había trabajado para El Mago de Oz) , Irving G. Ries y Wesley C. Miller, los cuales estuvieron nominados para un Oscar (que finalmente fue ganado por Los 10 Mandamientos de Cecil  B. De MIlle). 

Debido a que los estudios de animación de MGM habían sido desmantelados, la Disney le cedió al artista Joshua Meador (Fantasía -1940-) quien se encargó de recrear al monstruo del Id, los rayos de las armas y otros efectos ópticos. La post-producción duró nada menos que 8 meses.
-FIG. 1-
-FIG. 2-
-FIG. 3-
                                                                                                                         -   FIG. 4-
-
FIG. 1: DISEÑO DEL CRUCERO C57-D/ FIG. 2: INSERCION DE LA ESCENA FILMADA CON LA PINTURA MATTE/ FIG. 3: MODELOS DE ARMAS UTILIZADAS EN EL FILM/ FIG. 4: DISEÑOS DE MEADOR PARA EL MONSTRUO DEL ID-
La música electrónica que se halla presente a lo largo del film fue realizada por dos músicos del ámbito “under” llamados Louis Bebe Barron. La misma resultó ser bastante extraña e innovadora para la época, ya que sus creadores intentaron hacernos creer que nos hallamos en un futuro muy, pero muy, distante

Para lograr los efectos de sonido y la mismísima música incidental construyeron ellos mismos sus propios equipos, con los cuales pudieron crear los sonidos y tonalidades que caracterizaron a esta producción, un hecho que los transformaría en los auténticos precursores del sintetizador digital. Lamentablemente, debido a que tuvieron algunos problemas con el sindicato de músicos, debieron figurar en los créditos como creadores de tonalidades electrónicas.

La filmación dio inicio el 15 de abril de 1955 y duró poco más de un mes... ya que el resto del tiempo se lo llevó la costosa post-producción, tal cual lo comentamos más arriba. 

Finalmente El Planeta Prohibido fue estrenado el 1º de abril de 1956, en Cinemascope, Eastmancolor y sonido estereofónico, y si bien recaudo bastante dinero este no fue suficiente para cubrir los altos costos de la producción. Aun así terminó transformándose en un clásico de la edad de oro del cine de ciencia ficción y actualmente está considerada como cultural, histórica y estéticamente significativa por el National Film Registry de la biblioteca del congreso de los Estados Unidos. Su influencia visual puede ser observada en la labor creativa de gente tan famosa como George Lucas (Star Wars) y Gene Roddemberry (Star Trek), lo cual no es poca cosa.

El guión del film fue publicado en forma de novela poco antes del estreno en las salas cinematográficas y estuvo escrito por un tal W. J. Stuart… un seudónimo del novelista Philip McDonald. A pesar de seguir los lineamientos de la película, el mismo tiene notables diferencias ya que su desarrollo se basa en los diarios de bitácora de los testigos del incidente que (por lo menos para mi gusto) lo hace bastante interesante (2)
Aparte de los méritos propios de la película, no cabe duda que el mayor éxito de la misma radicó en la presencia del simpático Robby. A diferencia de Gor, protagonista del film El Día que Paralizaron la Tierra, este personaje es una amable y servicial entidad mecánica que se halla imbuida con las famosas 3 leyes de la robótica ideadas por el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov. Este detalle hizo que fuera muy querido por el público infantil, quienes se encargaron de transformarlo de manera casi inmediata en todo un ídolo.

Tan identificado quedaría este robot con el gusto popular que incluso llegó a ser protagonista principal de una película llamada El Niño Invisible (The Invisible Boy -1957-). También se lo pudo ver como invitado en numerosas series televisivas como Perdidos en el Espacio, Los Locos Adams, Dimensión Desconocida, Columbo, La Mujer Maravilla y Mork & Mindy

Para la construcción del mismo fueron necesarias 12 personas, 4 meses de arduo trabajo y unos 125.000 dólares. El diseño inicial del mismo estuvo bosquejado por Arnold Gillespie y posteriormente fue ilustrado por Mentor Huebner. El diseño definitivo corrió por cuenta de Robert Kinoshita (3)

Con un peso aproximado de 50 kilos y una altura de 2.10 metros, la carcasa tecnológica era manejada por dos actores (Frankie Carpenter y Frankie Darro) en tanto que la voz perteneció a Marvin Miller.

Visto en perspectiva, este film quizá adolezca de cierta inocencia en lo que respecta al desarrollo de su guión y las motivaciones de sus personajes, todo ello producto de la época en la cual fue realizado. Por aquellos tiempos los viajes más allá de nuestro sistema solar era una idea poco menos que romántica para los cultores de este tipo de género, ya fuera literario o cinematográfico. Para el común de la gente de aquellas épocas, planetas como Marte o Venus eran misterios muy difíciles de resolver y los robots o las computadoras eran sueños terriblemente lejanos. Los héroes eran bonitos y algo tontos. Las chicas bonitas y algo tontas. Los extraterrestres eran malos y también algo tontos. Las películas de la edad de oro solían ser divertidas y también algo tontas.

Aun así, El Planeta Prohibido puede ser analizado como una poderosa y oscura parábola que se encarga de señalarnos que no siempre el gran avance tecnológico va de la mano con la madurez espiritual. También es una señal de alarma sobre nuestro propio progreso hacia un futuro que cada día parecer hacerse más y más oscuro. 
A pesar de todas estas disquisiciones filosóficas de mi parte no puedo evitar preguntarme… ¿Quién no hubiera querido tener en su casa un robot como Robby?

Notas:

1) La Tempestad nos narra la historia de Prospero, un poderoso mago caracterizado por su marcado egocentrismo, el cual ha sido expulsado por su hermano a una isla situada en el mar Mediterráneo. Allí permanecerá aislado junto a su hija por un lapso de 12 años. Accidentalmente, un barco arriba a la isla y uno de los tripulantes se enamora de la joven, despertando con ello la ira del padre. Los autores del guión de El Planeta Desconocido extrapolaron este concepto argumental, preguntándose que haría un hombre con los poderes de un dios si se enfrentara a un cambio radical de lo que considera su pacífica existencia.

2) En mi poder obra una edición en rústica de dicha novela, la cual fue publicada por Editorial Tor en 1957 ¡Una auténtica reliquia de mi colección de 
viejas novelas de ciencia ficción!
3) Robert Kinoshita tiene el honor de haber creado no solo a Robby, ya que también tiene en su haber otros dos iconos robóticos como lo fueron Tobor, del film Tobor El Grande (1954), y el robot de la serie de Irwin Allen: Perdidos en el Espacio ¡Peligro Will Robinson!


-GALERÍA DE IMÁGENES-

Como suele ser mi sana costumbre, las imágenes que se encuentran a continuación son capturas de pantalla de la edición en DVD que obra en mi poder. A pesar de poseer la edición Blue Ray con la imagen original en Cinemascope y una calidad increíble, me fue imposible capturar escenas de la misma por no poseer el dispositivo apropiado de lectura en mi computadora. Otra vez será.

domingo, 17 de agosto de 2014

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (2)- Daniel Barragán

CAPITULO 2: INESPERADO INCIDENTE 

-¡Truco!

-¡Quiero retruco!

-¡Quiero vale cuatro!

-¡¡Quiero!!

Ante el asombro de mi amigo Arthus, el ancho de espadas cayó de manera devastadora sobre la mesa. En su rostro se pintó la mayor de las contrariedades.

-¡Como puede ser que tengas tanta suerte, guacho!- Exclamó furioso, dejando caer las delgadas cartas de polimetal sobre la mesa- ¡Menos mal que no lo hacemos por guita! ¡No sé para qué mierda te enseñé a jugar!

-Que se va a hacer... así somos los profesio...

Mi burla quedó truncada de manera súbita, cuando el estridente ulular de la señal de alarma nos hizo dejar la mesa en la que habíamos estado jugando a las cartas y volver a nuestros respectivos puestos de trabajo. Cuando apenas nos habíamos sentado, una tremenda sacudida nos meció ferozmente de un lado a otro de manera harto dolorosa para nuestra frágil humanidad.

-¡Condición de emergencia! ¡Desvío angular en la zona espacio temporal 239! ¡Falla en los motores plasma-ión!- Gritó el teniente Rotera, mientras trataba de mantener el comando de la esfera cronal. 

-¡Andersen, establezca coordenadas de posición de la nave!- Ordenó la capitana Molina. Sus delgados dedos se deslizaban con sorprendente agilidad sobre una serie de pantallas plásmicas que se abrían de forma caótica ante ella, en un intento por determinar la causa de lo que había ocurrido- ¡Descargue sus datos en mi computadora!... ¡Quiero saber en donde vamos a caer!

Una nueva sacudida sobrevino con más furia que la anterior, haciéndome volar del asiento que ocupaba. Aturdido por la nueva conmoción escuché, como proveniente de miles de kilómetros, la precipitada serie de órdenes y entrega de datos que se desarrollaban entre los miembros de la tripulación.

-¡Nueva desviación en la zona de tiempo 320! ¡Pérdida en los sensores externos 3 y 4! ¡Condición de emergencia grado 2!

-¡Profesor Dakaris, lance una boya de auxilio!- Volvió a gritar la capitana mientras intentaba permanecer en su asiento, con muchos mejores resultados que mi patético intento por tratar de mantenerme en el mío.

Compadeciéndose de mi ridícula situación, Arthus trató de ayudarme a salir del atolladero.

-¿Estás bien Dewan?- Preguntó, cuando por fin pude volver a ocupar el asiento.

-Si... si... –Contesté irritado- ¡Soy el único pelotudo que no se puso el cinturón! ¿Se puede saber que está pas...

-¡Todos preparados para reentrada de emergencia a la dimensión normal en menos de dos minutos!- Gritó en esos momentos el segundo de abordo.

Ajeno a todo el caos que lo rodeaba, Serkis Dakaris continuaba pulsando la pantalla plásmica que lo mantenía comunicado con la boya multidimensional. La misma transmitía una señal de auxilio a cualquiera de las naves que constantemente viajaban entre las diferentes zonas espacio-temporales.

-¡Emergencia tipo 2! ¡Emergencia tipo 2!... Esfera temporal Juan Salvo desviada angularmente en la zona de tiempo 320... - Repetía una y otra vez el lingüista- ¡Emergencia tipo 2! ¡Emergencia tipo 2!

Una tremenda carga estática surgió como respuesta al desesperado llamado.

-¡La comunicación es del todo imposible, capitana!... ¡La estática cronal en este sector es enorme!. Creo que... 

-¡Descenso cuadrático en los sistemas de paralaje espacio-tiempo!- Interrumpió Andersen- ¡Reentrada en 12 segundos!

-¡Preparados!- Exclamó la capitana- ¡Conteo regresivo... menos 9... menos 8... menos 7...!

Cada segundo que pasaba me pareció una auténtica eternidad, mientras sentía como todo mi ser se bamboleaba en manos de las ignotas fuerzas temporales. Como si fuera un sueño, o una terrible pesadilla, recordé los motivos de mi presencia en las expediciones cronales.

Y me volví a sentir tan estúpido como cuando me había caído del asiento.

Con unas notas bastante buenas, había culminado mis estudios en la Facultad de Biociencias de ciudad Helios y, sin nada mejor que hacer, había pensado seriamente en el futuro profesional que se desplegaba ante mí. Si bien no me habían faltado propuestas laborales, todavía no me sentía demasiado seguro sobre el camino que debía tomar a continuación.

Alentado por mi amigo Arthus y por la suculenta paga, que era muy superior a la de un profesor adjunto en la cátedra de bioingeniería genética en la Universidad Central de Megabaires, ingresé en los cuerpos de exploración temporal del consorcio Kronos, una de las empresas más importantes en ese área. Luego de varios cursos intensivos (y un tanto confusos) sobre física relativista, matemáticas de Heissemberg-Fukuda y mecánica quántica, por fin me hallé preparado para realizar mi primer viaje hacia los misteriosos abismos del tiempo.

Durante un lapso de cinco años había servido en diferentes naves de la flota temporal como oficial del área de paleobiología,  realizando estudios genéticos y de observación de la flora y fauna prehistórica de las eras que eran visitadas por el grupo expedicionario. Salvando alguno que otro incidente, afortunadamente subsanados con algo de ingenio y mucha suerte de mi parte, mi vida como oficial científico del consorcio Kronos había transcurrido de manera bastante rutinaria.

-Menos 6... menos 5... menos 4...

Pero esa simple rutina había dejado su lugar a un peligro cuya naturaleza me resultaba totalmente desconocida y ese brusco giro de la situación me hizo sentir muy alejado del espíritu aventurero que creía haber tenido cuando decidí tomar este trabajo.

-Menos 3... menos 2... menos 1... ¡Reentrada!

La nave volvió a sacudirse de manera espantosa y un estruendo atroz, como de metal retorciéndose, casi destrozó mis tímpanos. Luego sentí que un profundo vacío ganaba mi mente y mi alma.

El silencio de la inconsciencia me invadió cual si fuera una bendición.


CONTINUA...

viernes, 8 de agosto de 2014

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (1) -Daniel Barragán

El texto que se encuentra a continuación es el primer capítulo de un relato de mi autoría, el cual fue publicado en una versión más reducida en la revista "Floresta y su Mundo". Debido a que el mismo es un poco largo, decidí publicar no más de dos por mes a fin de no aburrirlos e intentar despertar su interés. Si les gusta, no sean malos y háganme saberlo.


***********

“Ellos moran acá y allá, y en todos lados, aun en nuestros propios pensamientos”

Textos de L´tor


CAPITULO 1: REGRESO A CASA

-¡Mierda!- Murmuré, mientras apuraba la extracción de sangre.

El Edafosaurio, que hasta ese momento había permanecido inerte en el suelo, comenzó a temblar levemente, indicándome que ya estaba saliendo de la anestesia. Con rapidez profesional, examiné los reflejos pupilares en busca de las inequívocas señales del pronto despertar y finalmente desaté su boca.

Mientras me alejaba de allí, pude oír que el inmenso reptil de casi cinco metros de longitud comenzaba a emitir su berreo característico, evidenciando su furia ante la imposibilidad de moverse y poder huir de quien lo sometiera a tantos vejámenes, a los que pomposamente llamábamos estudios científicos.

Ya a salvo tras unos altos licopodios, pude observar con calma la inmensa aleta dorsal color rojo y amarillo del Pelicosáurido erguirse en toda su altura, mientras desaparecía con lentitud entre unos frondosos helechos arborescentes. Asustada por la conmoción, una libélula Meganeura, quizá una de las últimas de su especie que había logrado evitar la extinción de la era anterior, extendió sus inmensas alas membranosas y se elevó con una extraña gracia en el cálido aire de la magnífica mañana prehistórica que estaba dando inicio.

-Este trabajo no lo cambio por nada del mundo- Me dije en voz alta y llena de una innegable satisfacción.

Mientras echaba una última mirada a esa increíble visión de un tiempo ya perdido, ajusté nuevamente la máscara de oxigeno, pues la atmósfera pérmica no era precisamente la ideal para un ser humano debido a su alta carga de dióxido de carbono, y me dirigí con paso apresurado hacia la cobijadora protección de la esfera espacio temporal.

-Doc... no se olvide que partimos en tan solo una hora- Me dijo el teniente Gorg Rotera, el segundo de abordo, en cuanto me vio llegar. En sus musculosos brazos cargaba una de las barras de contención energética que nos protegía del hostil ambiente exterior- Espero que haya terminado con todas sus investigaciones. La capitana no debe estar nada contenta con esta última escapada que se hizo.

-Por fin logré atrapar a ese macho alfa que se me venía escapando- Respondí, golpeando cariñosamente la valija que llevaba en bandolera- Tan solo me queda acondicionar las muestras para el viaje... a lo sumo veinte minutos.

Respondiéndome con una silenciosa sonrisa, el joven militar, imagen misma del aventurero de una película de acción, con sus cortos cabellos rubios, su firme mirada y su envidiable cuerpo atlético, volvió a sumergirse en sus tareas  de revisión de los sistemas de telemetría y sondeo espacio-temporal... o lo que fuera que estuviera haciendo.

Luego de desechar mis ropas para trabajo exterior en el incinerador molecular, no fuera que contuvieran alguna bacteria o virus indeseable, entré en el fresco interior de la nave, en donde mis compañeros de viaje se hallaban inmersos en la ajetreada tarea de preparar el retorno a casa. Durante unos instantes me detuve en el vano de la puerta y observé, con cierto orgullo de mi parte, a cada uno de ellos.

-“¡Mis compañeros y amigos de la esfera espacio temporal Juan Salvo!”

Arthus Cedis, ingeniero electrónico y mi amigo personal, se hallaba observando una de las pantallas plásmicas del reloj atómico. Era una persona de gran altura y anchas espaldas, que reflejaban un pasado deportivo, en el que se incluía el record de natación durante las Olimpiadas. En su rostro franco podían observarse las claras evidencias de lo contento que estaba por terminar de una vez por todas con la misión, que había durado más de un mes.

Serkis Dakaris, el lingüista y encargado de las comunicaciones, estaba pasando en limpio el informe oficial que sería grabado en el cuaderno de bitácora de la nave. Su gesto y su accionar cansino evidenciaban un gran aburrimiento por la tarea que estaba realizando. Su origen griego se podían adivinar en los ángulos de su singular rostro. Era un notable conversador, versado en historia antigua, y habían sido muchas las veces que había disfrutado con sus relatos de un pasado en donde parecía que todas las cosas eran más inocentes y sencillas.

Helmutt Andersen, el físico relativista especializado en la mecánica de los viajes temporales, se hallaba inmerso en una serie de cálculos de matemática quántica que nos permitirían volver a nuestro tiempo con relativa seguridad. Era un individuo de complexión delgada, casi frágil, pero dueño de una determinación inflexible a la hora de defender sus creencias. Para el la ciencia era la palabra divina y no admitía discusiones al respecto.

Y finalmente, la Capitana Shannia Molina, indiscutida líder de la expedición cronal número 9. Una bella mujer de ondeantes cabellos rubios, escultural figura y un genio que asustaba con solo darse cuenta de la furia que brillaba en sus ojos.

-¡Le dije más de una vez que no tiene que salir solo al exterior!- Me increpó duramente-  ¡Me extraña mucho de usted doc... Dewan!

-Únicamente me quedaba por catalogar algunos genotipos de la manada de Edafosaurios que vimos hace unos días- Respondí a la defensiva, algo avergonzado por el reto recibido- No eran para nada peligrosos... son bestias herbívoras.

-¡Unos dinosaurios herbívoros que pesan unas cuantas toneladas y que si uno se descuida lo pueden aplastar! ¡Lo que menos quiero en mi curriculum es un muerto antes de que este haya nacido!- Su rostro se suavizó un poco, como si estuviera ya perdonando mi pequeña escapada al exterior- Está bien Dewan... creo que es mejor que vaya preparándose. El reingreso al espacio-tiempo es en 50 minutos.

Todavía avergonzado, me dirigí a mi sitio de trabajo y comencé a acondicionar las muestras que había obtenido.

-¡Te cagó a pedos la rubia!- Dijo una voz a mi derecha- Ni siquiera te atreviste a corregirla con el tema de que esos monstruos de ahí afuera no eran dinosaurios.

-¡Andate a la mierda “querido amigo”!- Contesté furioso, cuando advertí que se trataba de Arthus, el cual me miraba socarrón desde su puesto- Ayer te pedí que me acompañaras para tomar esas muestras y no me diste ni pelota.

-Es el último día acá y todavía tenía muchas cosas que hacer. Aparte, vos sos un obseso con el trabajo ¿Era tan necesario tomar esas últimas muestras, con todo lo que estás llevándote?

No le contesté y continué sacando de mi valija los tubos de las muestras obtenidas. Aunque me molestara su tono burlón, sabía que Arthus tenía toda la razón del mundo. Muchas veces, en mi entusiasmo por hacer las cosas bien, corría riesgos innecesarios y muchas veces peligrosos para mi integridad física.

-Si no tenés nada mejor que hacer, cuando volvamos a Megabaires, tengo un par de chicas que me gustaría presentarte- Me dijo Arthusde súbito Arthus, sin darle importancia a mi ofendido gesto- Podríamos llevarlas al Tibi Dabo.

-¿Sigue existiendo ese boliche de mala muerte?

-¡Aja!

-Ni me quiero imaginar lo que deben ser esas “chicas”- Comenté con tono burlón, mientras volvía a mi trabajo- ¿Estás seguro que no se tratan de un par de desechos de clonación?

-¡Vos te lo perdés, salame!

Arthus, divorciado en dos oportunidades, era poco menos que un caso perdido en lo que se refería a cuestiones amorosas. No dejaba pasar ni la menor oportunidad de poder transformar a alguna mujer en su tercera esposa y, la mayoría de las veces, las compañías que traía consigo no eran precisamente las más recomendables. No pude evitar sonreírme al recordar el día que me había presentado a una supuesta condesa, descendiente directa de la corona de Inglaterra. 

-"¡Esa demente era condesa... como yo soy el príncipe de Asturias"-Con esos graciosos recuerdos rondando por mi mente, volví a enfrascarme en la delicada tarea de acondicionar mis muestras de sangre para el viaje.

-Capitana, ya terminé de hacer los cálculos necesarios- Dijo Andersen a mis espaldas. El agudo tono de su voz tuvo la virtud de sacarme de mi trabajo, el cual parecía haber durado apenas unos instantes- Podemos partir cuando usted lo ordene.

-Molina a Rotera- Dijo la mujer, mientras pulsaba su pad de comunicación- ¿Cuánto falta para terminar con los ajustes de telemetría?

-rrrzzzz ya acabé, estoy guardando las herramientas... en un par de minutos estoy por ahí.

-¿Sector de paleobiología?- Me preguntó la capitana, pulsando una serie de comandos táctiles de la pantalla plásmica de su consola.

-Ya terminé con el procesamiento de las muestras que quedaban y está todo acondicionado en la cámara de éxtasis- Respondí con rapidez.

-¿Comunicaciones, Doctor Serkis?

-Todo correcto... ya está encendida la boya direccional quántica. Telemetría está en orden.

-¿Motores plasma-ión?

-Comienzo con la secuencia de encendido- Respondió Arthus- Tiempo estimado menos cinco minutos.

Un ligero zumbido, que parecía escucharse más en la cabeza que en los oídos, comenzó a hacerse notar a medida que los motores iniciaban su ciclo de calentamiento.

Ajusté una vez más mi cinturón de seguridad y comprobé que las muestras obtenidas se hallaran en su lugar. Si bien el viaje por el tiempo era bastante tranquilo, la entrada y salida del espacio-tiempo resultaba ser bastante brusca. 

Sin nada mejor que hacer, me dispuse a disfrutar de la agitada conversación que se estaba desarrollando entre el resto de mis compañeros. Si bien la había escuchado muchas veces, nunca me cansaba del clima de tensión que  reinaba cuando una nave espacio-temporal estaba a punto de partir. 

-Reentrada en menos 45 segundos y contando- Anunció Rotera, mientras se sentaba en su sillón y comprobaba su pantalla de comando.

-Motores plasma-ión en 6.4 Megajoules... encendiendo sistemas secundarios de apoyo.

-Telemetría en 0.001- Dijo Rotera- Listo para reentrada en menos 15 segundos y contando.

-Señores pasajeros, ajústense los cinturones que comienza el despegue- Dijo un sonriente Serkis.

-Menos 6 segundos para reentrada en quantum espacio temporal- Interrumpió Rotera.

-Menos 5... –Comenzó a contar el sistema automático de despegue.

-Menos 4... –El zumbido comenzó a hacerse mucho más audible.

-Menos 3... –Las pantallas plásmicas titilaron, al ser afectadas por la creciente energía cronal.

-Menos 2... –Miré mi mano y noté el creciente desdoblamiento en la realidad que nos rodeaba.

-Menos 1...

Una tremenda sacudida hizo que mi cabeza se bamboleara dolorosamente de uno a otro lado. Se hizo el silencio.

Luego de una larga estadía en el periodo Pérmico, la esfera espacio temporal Juan Salvo regresaba a casa.