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miércoles, 25 de marzo de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (14) por Daniel Barragán

CAPITULO IX
EL RITUAL

Sorteando una serie de mausoleos derruidos por el paso de los siglos, nos dirigimos con premura hacia la cima de una colina poco elevada. Los últimos metros los recorrimos arrastrándonos sobre nuestros vientres, ante el temor de llegar a ser descubiertos por quienes se encontraran del otro lado.

Una vez arribados a ese lugar, asomamos nuestras cabezas por entre los brazos de lo que parecía ser una suerte de gárgola deforme. Debajo nuestro se abría una profunda hondonada, una suerte de anfiteatro natural desprovisto de cruces o criptas, en la que se estaba desarrollando una escena que escapaba a todo pensamiento racional.

Lo que vi causó un profundo quiebre en la realidad que me había acompañado durante toda mi existencia, haciendo tambalear todo en lo que había creído hasta ese momento. Un pánico indecible anegó todo mi ser, pues frente a mis ojos se desplegaba, en todo su oscuro poderío, la visión del mismísimo infierno.

Rodeando un gran altar de piedra granítica de color negro, que se hallaba iluminado por una serie de enormes antorchas, unas bestiales criaturas inhumanas, similares a enormes fetos, batían sus deformes manos sobre los parches de unos inmensos tambores.

Sus sobredimensionados y gelatinosos cuerpos desnudos se balanceaban con lujuriosa lascivia al ritmo del estruendoso sonido. Los rostros nonatos, de ojos pequeños y oscuros, permanecían inmersos en una suerte de llanto eterno, como si estuvieran recordando con gran dolor tiempos más felices… mucho antes de haberse transformado en los monstruosos demonios que eran.

Pero allí no terminaba el horror que emanaba de sus terribles presencias...

En sus pechos se abrían unas hendiduras verticales, llenas de extraños apéndices córneos de color amarillo verdoso que semejaban los dientes de una deformada boca. Lo más espantoso de todo lo descrito era que dichas hendiduras se movían y de las mismas salía el oscuro cántico que habíamos escuchado poco antes.

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Repetían una y otra vez- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Repetían, hasta que esas palabras comenzaron a arder, como un fuego devorador, en el fondo de mi subconsciente- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght.


Rodeando a esas espeluznantes criaturas primigenias se encontraban los habitantes del pueblo que poco antes nos habían acompañado. Mujeres… niños… hombres… ancianos… todos ellos bailaban y se postraban frenéticamente ante los demonios gelatinosos, que continuaban inmersos en la infernal zarabanda.

En la cabecera del altar de piedra negra hizo su aparición un sacerdote de figura contrahecha, el cual se hallaba vestido con un amplio y adornado manto carmesí. Sus deformadas manos se alzaron hacia el tormentoso cielo y, con una voz que parecía provenir de una garganta que había perdido su humanidad mucho tiempo atrás, gritó por sobre la algarabía reinante.

-¡Salve Oh, gran Mhalyoght, dios de los mil rostros, señor del caos!... ¡Salve Oh, multiforme Sh-Utor, sombra detrás de las sombras!... ¡Salve Oh, Ethreum, que sueñas en Irkthara, la ciudad donde el sol nunca ha asomado!... ¡Salve Oh, I´rich, dios de la corrupción, señor del gusano!... ¡Salve Oh, Ibtha, regente imperecedero del tiempo pasado, eterno en lo antiguo, quien nunca olvida!... ¡Salven Oh, grandes Impheros, cuyas esencias esperan desde más allá de la conciencia!... ¡Salven Oh, Los que acechan en los rincones, protoplasmas de la tierra, caminantes del tiempo, dueños de las estaciones y los luminosos portentos que preanuncian su arribo! ¡Pues el Gran Advenimiento está por fin llegando para que por fin puedan ser lo que siempre han sido!

El sacerdote carmesí se alzó en todo el poder de su deformado cuerpo y de entre sus ropajes sacó un objeto que resplandeció ominoso a la luz de las antorchas. No pude evitar sentirme atraído hacia esa poderosa fuente de poder, la cual se rebeló con espantosa nitidez.

Pude ver que se trataba de una especie de daga, cuya forma era similar a la de una cruz de bordes afilados. La misma estaba labrada con una serie de refulgentes letras, escritas en un idioma que en nada se parecía a algún tipo de los creados por el hombre.

A la vista de la cruz, las espantosas criaturas fetales se pararon sobre sus arqueadas piernas. Sus bocas verticales emitieron estertorosos aullidos, que inundaron el ambiente con sus blasfemos sonidos.

La masa humana, que hasta esos momentos había estado bailando sin parar, comenzó a retorcerse, adoptando poses imposibles de ser emuladas por una persona normal. A mis oídos llegó el ruido de huesos quebrados y carnes desgarradas. El creciente viento trajo a mis fosas nasales el nauseabundo hedor de la sangre que había invadido el lugar.

Mientras sucedía todo ese aterrador ritual, unos acólitos enfundados en unos ropajes similares a los del sacerdote hicieron su aparición. Los mismos llevaban consigo a dos figuras apenas entrevistas, las cuales avanzaban de manera tal hacia el altar que daban la sensación de estar sumidos en una especie de letargo. Sin ofrecer resistencia alguna, los mismos fueron colocados sobre la oscura losa.

Ahogué un grito cuando por fin pude reconocer a las dos personas que aparentemente iban a ser sacrificadas por el terrible sacerdote.

Eran la capitana Molina y el doctor Andersen.

Los rostros de los mismos reflejaban, cual espejos, el mismo horror que se hallaba presente en el mío. El físico relativista tenía los ojos vacuos, como si su pensamiento racional del siglo 21 no pudiera aceptar lo que estaba ocurriéndo. La bella capitana había perdido por completo su aplomo habitual, transformándose en una mujer totalmente aterrada.

Pero había en ellos algo más que su simple humanidad.

Sus cabezas parecían latir, como si intentaran expandirse más allá de sus límites óseos. Sus ojos se veían hinchados y enrojecidos. Sus bocas babeaban. La piel de sus rostros parecía traslúcida, como si no fuera del todo real.

Aprontando mi arma, intenté levantarme para ir al rescate de mis compañeros. La férrea mano de Arthus impidió mi osada, y estúpida, acción. Lo miré furioso, pero la única excusa que encontré fue el pálido rostro de alguien que había perdido toda esperanza.

-Ya es tarde- Musitó- Están en manos de Los que acechan.

(Los que acechan)

Se hizo un súbito silencio, tan espeluznante como la algarabía que poco antes se dejara escuchar.

Dirigí nuevamente mi atención hacia el altar en donde yacían mis compañeros. El sacerdote, como si hubiera intuido mi presencia, levantó su cabeza. A pesar de la capucha, pude vislumbrar un corrupto rostro carcomido por la misma enfermedad que afectaba a los felinos...

Y ese rostro terrible me estaba sonriendo.

-¡Miro a aquellos que son ciegos!... ¡Miro a aquellos que son sordos!... ¡Miro a aquellos que aguardan a que la luz eterna ilumine su carne y su sangre!- La figura contrahecha alzó la mano que sostenía la pulsante cruz daga- ¡Despierten los durmientes eternos!... ¡Abran por fin sus feroces miradas!... ¡¡Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght!! ¡¡I´gh rángerloth nirktara Igh´rt´gara!!

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Bramaron las deformes bestias infernales.

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Bramaron los remedos de seres humanos.

Sin ninguna vacilación de su parte, el impío sacerdote descargó con furia el afilado instrumento de sacrificio sobre la capitana y Andersen.

Un relámpago carmesí desgarró los cielos con furia inusitada. El viento se transformó en vendaval. Con un sonido que parecía el chirrear de metales retorciéndose, levantó tierra, hojas y la memoria de lo que vi aquella noche.

Solo me pude recordar corriendo por las calles infectadas de bestias sarnosas, que bufaban a nuestro paso, y escuchar a Arthus gritando palabras imposibles.

-¡Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght!... ¡Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght!... ¡Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght!

Y, con horror, sentí que esas mismas palabras salían de mis propios labios.

Tropezamos, nos golpeamos. Caímos y volvimos a levantarnos. Pero no nos importaba otra cosa que huir... huir... huir...

Finalmente arribamos a la anhelada escalera de mármol de la biblioteca, a la que ingresamos con una sensación de alivio mal contenido. Cerramos el portón tras nuestro y apoyamos nuestras orejas sobre la gruesa hoja de madera.

Únicamente nos llegó un pesado silencio... como si tras esa puerta el universo que habíamos visitado hubiera dejado de existir totalmente.

En mi delirio, creí volver a escuchar esa especie de apagado arrastrar que parecía acercarse desde el fondo de la biblioteca. Sentí un terrible dolor de cabeza y mi nariz comenzó a sangrar. Cuando miré a mi amigo, que aún continuaba ausente y murmurando palabras incoherentes, vi que un hilillo de sangre caía por su barbilla.

Empujándolo con brusquedad, lo conduje rápidamente hacia la nave, cuya puerta abierta nos invitaba a la calidez de su interior, muy alejado del horror que se escondía en el laberíntico recinto.

Mientras realizaba los preparativos para la partida, reparé en las ausencias de Dakaris y Rotera. A pesar de la culpa, no me atreví a buscar a mis compañeros desaparecidos por entre los oscuros e infinitos anaqueles. Ni siquiera me atreví a llamarlos a los gritos.

Temía mucho a esos rincones.

Esas oscuridades.

Esos nefastos libros...

Y en mi interior sabía que sería una búsqueda inútil.

Tan solo por instinto, más que por sabiduría, logré encender los controles de arranque y calibrar el reloj atómico para el salto. El motor plasma-ion zumbó y muy pronto la niebla volvió a rodear a la Juan Salvo. Con un fuerte tirón, reingresamos por fin al espacio tiempo rumbo al siglo 21.

Los comandos frente a mí me parecieron lejanos y turbios. A mi alrededor el mundo comenzó a dar vueltas y finalmente perdí el conocimiento. Mi último recuerdo consciente fue escuchar muy, muy lejana la voz de Arthus murmurando:-

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght… Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght…

Creo haber soñado con perturbadoras oscuridades y ojos que nunca parpadeaban.

FIN DE LA PRIMERA PARTE

miércoles, 11 de marzo de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (13) por Daniel Barragán

INTERLUDIO (4)

Diario personal del doctor Serkis Dakaris, jefe de comunicaciones, lingüística, antropología y paleoetnia de la esfera espacio temporal STE-228 Juan Salvo. Hora relativa 172-3 (RA)

He estado tratando de escribir lo más rápido posible, antes que olvide como hacerlo.

Poco de lo que resta de mi humanidad se ha estado diluyendo, transformándose en algo parecido a un espectro. Una sombra.

O nada.

Los recuerdos de mi vida pasada, en el lejano futuro, van y vienen cual si fueran las olas del mar. Mis manos me son ajenas. Mis ojos parecen horadar la oscuridad reinante con nuevas luminosidades y colores, imposibles de llegar a ser identificadas con el pensamiento humano.

Ya no soy más el que era.

Mi ser está por encima de las ataduras carnales de mí ya perdida humanidad. Pero aún sigo preso.

Ellos, esas demenciales potestades acechantes, han tendido redes invisibles que me atan a los extraños rincones en donde aún sigo aguardando.

Siento que, en mi cabeza, extrañas ideas se han estado desarrollando. Nuevos conceptos, que son tan viejos como la historia del universo mismo, se despliegan ante mí devorando cada célula de lo que aun queda de mi cuerpo.

Debo seguir escribiendo, mientras sepa cómo hacerlo.

Debo recordar, mientras un ápice de Serkis Dakaris aún siga gritando desde lo más profundo de mi mente. Debo mover mis manos en busca de las letras, que ahora me parecen tan desconocidas.

La humanidad debe saber, para bien o para mal, sobre su existencia. Sobre su ser. 

Extraños colores. Extrañas voces.

Me hablan...

Me susurran...


Me llaman...



Tan intrigantes. Tan duras...


No debo olvidar quien soy. Todavía no debo dejarme llevar con Ellos. Esta mosca todavía no se halla totalmente atrapada. Debo escribir, aunque ya sienta el ominoso arrastrar entre las sombras de los rincones olvidados de esta biblioteca. Debo escribir. Debo escribir. Debo...

Llega hasta mí una brisa helada y putrescente... y el cántico de miles de voces lejanas. Es el fin de muchas cosas que hasta ahora había creído que eran imperturbables... también es el inicio de otras.

Mis cariñosos padres. Mi amada esposa Alexandra. Mis niños... Cassandra, la mayor, que siguió los pasos de su padre... Aristos, el menor, rebelde y soñador. Todos ellos son figuras apenas entrevistas, olvidadas cuando el sentimiento de pérdida es aún mayor.

¿Qué será de ellos cuando la verdad por fin sea conocida por toda la humanidad?

Doy mi última advertencia... ¡Suspendan de inmediato los viajes en el tiempo! ¡La secta conocida como los Tempoterroristas tiene razón en todo lo que están defendiendo!

No debemos despertar, con nuestra presencia, a las oscuras potestades que habitan los ángulos y los rincones que hay en los contínuums y más allá. Ellos, Los que Acechan, podrían sentirse peligrosamente atraídos por nuestras existencias. Por nuestro tiempo, nuestras realidades...

Por nuestros seres más queridos.

Las guerras mundiales del siglo 20. Vietnam. El 11-S. La tormenta del desierto. El SIDA transcutáneo. La operación Thyphon y el consecuente Diciembre Oscuro. La masacre de Kósovo del 2035. El virus de Van Hess, que arrasó con el 40 % de la población mundial. La cruenta rebelión azteca.

El hombre ha sabido enfrentar horrores espantosos, pero al final de cuentas todos ellos fueron sus propios horrores. En cambio, estas antiguas deidades, y las espeluznantes realidades que traen consigo, se hallan muy alejados de todo lo conocido. Si pudieran acceder a través de las puertas que les estamos abriendo, nuestro mundo sería de Ellos y, así como si fuera un suspiro, la humanidad dejaría de ser.

¡Grandes tecnócratas y científicos del siglo 21 cierren esos malditos portales para siempre! ¡Destruyan todo el conocimiento que hay sobre los viajes en el tiempo! ¡Sigan con sus vidas rutinarias y seguras!

No puedo evitar sentirme, aunque sea por última vez, estúpidamente humano al hacer estas advertencias... aunque las mismas sean probablemente un hato de palabras inútiles.

Ellos, Los que Acechan, también moran en un lugar escondido... un lugar que jamás podrían llegar a imaginar... un lugar en donde se esconde una espantosa amenaza cuyo conocimiento conduciría a la raza humana hacia la desesperación, la locura y el suicidio.

¡El dolor!... ¡Terrible desgarramiento de las moléculas que conforman mi ser!

La sombra ya está aquí. Alexandra, amada mía. Una forma imposible parece vislumbrarse en su seno. ¡Oh, mis queridos hijos! La carne, que ya no es carne, se disgrega hacia infinitos ángulos. El dolor y la sombra son uno. Y son muchos.

Y cantan. Cantan. Cant...

CONTINUA...

jueves, 26 de febrero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (12) por Daniel Barragán

CAPITULO IX
EL LLAMADO

Los espectrales durmientes continuaron con su cansino andar por el sinuoso camino empedrado sin evidenciar ningún signo de alarma por nuestras presencias. Desde las callejuelas que convergían sobre el mismo podía adivinarse la presencia de numerosas sombras que se iban sumando al sombrío cortejo. El mortal silencio que imperaba tan solo se veía roto por algún escondido maullido de las bestiales criaturas felinas que rondaban en las cercanías, alejadas de nuestra vista.

Con cada paso que daba sentía que poco a poco me iba alejando de la frágil seguridad otorgada por la “Juan Salvo”... y de toda mi existencia pasada. Aun así no detuve mi avance. 

Era como si una llamada lejana, una poderosa voz, se hubiera apoderado de mi voluntad.

Por unos instantes me imaginé como un integrante más de ese espectral ejército de sonámbulos, caminando eternamente hasta que mi cuerpo fuera por fin corrompido por el inexorable paso del tiempo.

-“Somos como muertos dirigiéndonos hacia su descanso final... –Me dije una y otra vez en monótona letanía- hacia un destino difícil de ser vislumbrado

Paso a paso…

(Los oscuros trashumantes nocturnos)

Paso a paso…

(Un espectro que alguna vez se había llamado Dewan Bars)

Paso a paso...

-¡Dios mío!- Gritó de pronto Arthus, sacándome del lóbrego ensueño en el que estaba sumergido- ¡Dios mío!

Haciendo un tremendo esfuerzo, mi enturbiado entendimiento por fin se dio cuenta hacia donde nos había conducido nuestra caminata. Por unos instantes creí que mi anclaje con la realidad comenzaba a desaparecer y no pude evitar que una tenebrosa risa asomara, incontenible, desde lo más profundo de mi ser.

Pesadas cruces, cargadas de extraños jeroglíficos de incomprensible significado. Enormes y seráficos ángeles custodiando los portales de inmensas criptas. Frías columnas de mármol blanco, carcomidas por el tiempo. El vaho imperceptible de la muerte soplando sobre nuestros pálidos rostros. El constante roer del gusano a nuestros pies. Los murmullos de aquellos que deberían estar descansando eternamente. 

-Un cementerio… -Musité aterrado- ¡Un maldito cementerio!

Un cementerio en donde dormir el largo sueño. Mis piernas tan pesadas. Mi corazón tan cansado...

-Tenemos que irnos de acá- Dijo Arthus, volviendo a sacarme del inexplicable sopor que parecía empecinado en dominarme- Es tiempo de volver al lugar de reunión.

Desesperado, me tironeó del brazo una y otra vez.

-Continuemos un poco más- Contesté obstinado, sintiendo aun esa extraña atracción por el lugar al que habíamos llegado.

Consulté mi reloj, el cual parecía estar detenido en la misma marca desde hacía mucho. Con gran esfuerzo miré la pantalla del detector, que en esos momentos pulsaba de manera anárquica y totalmente enloquecida.

-Todavía tenemos tiempo- Mentí- No estamos muy lejos de la fuente de emisión. Tenemos que seg...

Me callé al instante, al darme cuenta de un inquietante detalle.

Los habitantes del nefasto pueblo se habían desvanecido totalmente entre la niebla, dejándonos totalmente solos y desamparados. Únicamente nos acompañaba el silencio...

(“y el sinuoso arrastrar de algo acechando. Algo feroz. Primitivo”)

Retrocedí aterrado ante el inquietante panorama y tropecé con mi amigo. Sentí mi corazón acelerarse cuando pude observar su rostro en la oscuridad. Un rostro anegado por un más que palpable sentimiento de terror... y también de una incipiente locura.

-“No podemos continuar con esta estupidez- Pensé- Tenemos que dejar que las autoridades se encarguen del asunto- Miré a Arthus y su pavoroso rostro- No puedo contar con él para nada... es mejor volver a la nave y esperar que la capitana tenga mejor suerte que nosotros”

Cuando estaba por decirle a mi amigo que era tiempo de retornar, olvidando la misión que nos había traído a ese lugar, algo volvió a llamar mi atención.

Más allá de las cruces inclinadas, un pulsante resplandor se reflejaba nítidamente en la pesada niebla. A nuestros oídos, probablemente magnificados por el gran silencio, nos llegaron los acordes de una extraña melodía retumbante que parecía estar acompañada por un coro de profundas voces.

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght... Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Decían una y otra vez, hasta que cada una de esas inquietantes y desconocidas palabras se grabaron de manera inclemente en mi cabeza- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght.

Picado por una morbosa curiosidad, tomé del brazo a mi aterrorizado amigo y avancé imprudentemente hacia la luminosidad. Aturdido por sus propios miedos, Arthus se dejó conducir cual si fuera un muñeco por entre el mar de tumbas. Su boca se movía, como si estuviera orando:-

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Me pareció oírle susurrar, como si estuviera respondiendo al llamado- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght...

Mi cordura me gritó que parara allí, que me volviera y no tratara de develar el secreto que se escondía en esa extraña luminiscencia. Fue totalmente inútil. Mis pasos desesperados me acercaron más y más hacia mi destino.

… y ningún poder humano podría ya detenerme.

CONTINUA...

sábado, 14 de febrero de 2015

GALERIA DE MONSTRUOS FAMOSOS (1)

LA MANCHA VORAZ (The Blob -1958)

NOTA ACLARATORIA: HACE UN PAR DE MESES DI INICIO EN MI PAGINA DE FACEBOOK UNA SUERTE DE GALERÍA EN LA CUAL ME PUSE A DESCRIBIR A LOS 100 MONSTRUOS MAS FAMOSOS QUE TUVIERON LA VIRTUD DE CIMENTAR MI PASIÓN POR LO BIZARRO.

HABIENDO CULMINADO LAS 50 PRIMERAS ENTREGAS, Y DÁNDOME UN TIEMPO DE DESCANSO PARA SEGUIR CON LO QUE ME FALTA, DECIDÍ DAR UN PASO HACIA ADELANTE Y LLEVE ESTE PROYECTO A LAS PAGINAS DE ESTE BLOG.

ESPERO QUE LO DISFRUTEN.

Es casi seguro que, con la llegada del verano, se te da por hacer dieta para que la malla te pueda entrar y, para lograr ese cometido, te dedicas a comer un montón de gelatina. Ante esta situación tan solo me queda darte un consejo: fijate bien que diga light, porque si te equivocas podes terminar transformándote en parte de la dieta de eso que creías que era un simple producto dietético.

Afortunadamente, unos pibes nada gansos se dedicarán a poner sobre aviso a todos sus vecinos de que esta criatura amorfa, llegada del espacio exterior en un meteorito, quiere devorar a la humanidad… empezando por un cine del pueblo en donde hizo su aparición. 

¡Qué ganas de joder una velada de sábado! 


Como cualquier invasión extraterrestre que se precie de serlo, las autoridades gubernamentales serán las ultimas en admitir que las cosas están yendo muy, pero muy mal… resultando ser la única parte lógica de todo el film.

Desde que en el año 1933 el gorila gigante conocido como King Kong aplastara con su inmensa fuerza buena parte de ciudad de Nueva York, las películas de monstruos gigantes comenzaron a calar muy hondo en el imaginario popular. Consecuencia de ello fue la gran cantidad de producciones que serían realizadas durante las décadas siguientes, las cuales se dedicarían en poner en las pantallas a todo un ejército de increíbles criaturas sobredimensionadas que, ya provinieran del espacio, las profundidades de la tierra o de tiempos remotos, se encargaron de poner en jaque todo lo que la civilización humana representaba.

A finales de los 50, sería estrenada una película independiente que, por extrañas circunstancias de la vida, se transformaría en uno de los grandes iconos que nos legaría la increíble edad de oro del cine de ciencia ficción.

En los EE.UU. se llamaría The Blob, pero en los países de habla hispana sería mucho mejor conocida como La Mancha Voraz.

En las cercanías de un sencillo pueblito norteamericano se estrella un meteorito, el cual contiene en su interior una extraña masa gelatinosa que devora a cuanto ser humano se le ponga por delante. Un grupo de adolescentes rebeldes deberá enfrentarse a la terrible amenaza extraterrestre y a la incredulidad de las autoridades, con el fin de evitar el fin del mundo.

Basado en una idea original de Irvine H. Millgate, los escritores Theodore Simonson y Kate  Phillips elaboraron este bizarro guión cuyo título era The Molten Meteor (El Meteoro Fundido). Con el tiempo, el mismo sufriría una serie de cambios de nombre hasta transformarse en el que todos llegaríamos a conocer.
-ANATOMÍA DE UN ALMUERZO EXTRATERRESTRE-
Producida por Jack Harris, The Blob fue dirigida por Irwing S. Yearworth (1926-2004) un director, guionista y productor norteamericano nacido en Alemania entre cuyos créditos podemos nombrar a The Flaming Teen-Age (1956), 4D Man (1959), Dinosaurus! (1969), Way Out (1967) y The Blob, de  cuya intervención nunca se sintió demasiado orgulloso. 

Con un costo de producción bastante pobre, alrededor de U$S 110.000, la película fue filmada en los alrededores de Valley Forge (Pensilvania), en los pueblos de  Downingtown,  Chester Springs, Phoenixville,  Royerford y en los estudios cinematográficos de la zona, que hasta ese momento únicamente se había dedicado a realizar películas religiosas de corte bíblico. Incluso, con el fin de abaratar los costos, los mismísimos vecinos de dichos lugares hicieron de extras en algunas de las escenas en las que aparecían las multitudes aterrorizadas ante el ataque del monstruo.  

Si bien la Paramount, que estuvo encargada de la distribución, no se sentía demasiado optimista con respecto a este proyecto, el estreno en los cines terminó demostrando que todos (incluso el mismísimo director y los actores) estaban totalmente equivocados.

Debido al auge que había en esos tiempos por los autocines, The Blob se transformó de manera casi inmediata en un enorme éxito de taquilla entre los adolescentes y, gracias a ello, este film recaudó la friolera de cuatro millones de dólares… una suma que se duplicaría en los dos años subsiguientes.

Lo más gracioso es que, en un principio, iba a ser el título secundario de un programa doble junto al film Me Casé con un Monstruo del Espacio (I Married a Monster from Outer Space- Gene Fowler-), pero casi de manera inmediata se encargó de eclipsar a dicha producción y pasar a primer término.

El tema musical, que fuera creado por Burt Bacharach y Hal David, fue interpretado por la banda The Five Blobs (entre cuyos integrantes estaba el propio Bacharach y Bernie Nee) y treparía a la lista de los 40 más vendidos.


“Cuidado con la mancha,
se arrastra, salta y se desliza por el suelo,
por entre la puerta y toda la pared, 
una mancha, un borrón, 
cuidado con la mancha”

… y bueh, era lo que había.

Los efectos especiales que se encargaron de mostrarnos a una criatura que escapaba a los cánones establecidos en lo que se refería a los monstruos llegados del espacio (por lo general con características humanoides) estuvieron a cargo de Bart Sloane y Thomas Spalding

Los mismos se encargaron de animar cuadro por cuadro la materia gelatinosa, que estaba conformada por silicona y un pequeño porcentaje de pigmento industrial (aportado por la Standart Oil) que le daba la tonalidad y simulaba la sangre digerida. En las escenas en las cuales interactúa con los protagonistas fueron utilizados globos meteorológicos y bolsas de basura.

El elenco estuvo conformado con un grupo de desconocidos entre los cuales se destaca uno muy “ilustre” que se encontraba dando sus primeros pasos en los medios cinematográficos.

-Steve McQueen (Steve Andrews): para interpretar el papel de un rebelde adolescente de 17 años (cuando en realidad tenía 27) recibió la suma de U$S 2500, rechazando el 10 % de los beneficios de la película que le habían ofrecido. Damn fool!!! 

El tiempo, y la buena elección de las películas en las cuales participaría, se encargaron de encumbrarlo entre los grandes actores de las décadas del 60 y 70. Entre sus créditos podemos nombrar Los Siete Magníficos (1960), El Gran Escape (1963), Nevada Smith (1966), El Affaire de Thomas Crow (1968), Bullit (1968), Le Mans (1971), La Fuga (1972), Papillon (1973) y Tom Horn (1980). 

Según lo comentado por el director y el resto de sus compañeros de trabajo, McQueen era un tipo insoportable.

-Aneta Corsaut (Jane Martin): es la novia del anterior y la eterna muchachita en peligro. Esta actriz ha sido mayormente conocida por sus participaciones en algunas series televisivas como The Detectives, Hong Kong. Bonanza, La Ley del Revolver, Columbo, Hombre Rico Hombre Pobre y Matlock.

Se cuenta que, debido a la muy mala onda existente entre esta actriz y McQueen, la romántica escena del beso entre los protagonistas fue realizada al culminar la filmación.

-Earl Rowe (Teniente Dave) como es de suponer, este actor (del cual no tengo ni la más mínima referencia) encarna al típico agente de la ley que no cree en nada sobre la existencia del monstruo hasta que este poco menos que golpea  que a su puerta.

-Olin Howland (Hombre viejo): este personaje es quien encuentra el misterioso meteorito, un detalle que lo transforma en el primer tentempié de la amorfa criatura. Su cara también fue vista en muchas otras películas entre las que podemos nombrar a La Isla del Tesoro (1934), Las Aventuras de Tom Sawyer (1938). Lo que el Viento se llevó (1939) y Them! (1954).

-Stephen Chase (Dr. Hallen

-John Benson (Sargento Jim Bert

-George Karas (Oficial Ritchie

-Lee Payton (Kate)

-Elbert Smith (Mr. Martin)

-Hugh Graham (Mr. Andrews)

Sin duda alguna lo más bizarro de toda esta película es su final, cuando el monstruo es derrotado y abandonado en el polo para que permanezca totalmente congelado, en el que la palabra The End se transforma en un intrigante signo de interrogación.
Como se ve que en esos tiempos no tenían ni la más mínima idea sobre el tema del calentamiento global.

La gran impronta dejada en el acervo cultural de los jóvenes de esos tiempos, permitió la realización de una secuela en los años 70 llamada Beware the Blob!, la cual fue dirigida por Larry Hagman (el JR de la serie Dallas). 

En la misma, un trabajador petrolero arribado desde el Polo Norte trae consigo un trozo de material congelado. El mismo no es otro que parte de la masa gelatinosa que fuera abandonada en ese sitio en el film anterior que, al volver a la vida, devorará a todo lo que se encuentre a lo largo de su sendero de destrucción… o sea, un gato, pollos, el petrolero y su novia, hippies, vagabundos y otros deliciosos bocadillos.

Entre los protagonistas de esta casi innecesaria saga se encontraban Robert Walker, Gwynne Gilford, Richard Stahl, Richard Webb, Dick Van Patten, Burgess Meredith y el mismísimo Larry Hagman, que encarnó un vagabundo fagocitado por la Mancha Voraz.

En el año 1988 fue realizada una remake del film de los años 50 pero, a diferencia de este, la criatura de marras ya no es una entidad extraterrestre sino que en realidad se trata de una peligrosa arma biológica que ha sido creada (cuando no) por el ejército de los Estados Unidos.

Especialistas y críticos cinematográficos nos han hecho notar que The Blob es un fiel exponente de la paranoia anticomunista que imperaba por aquellos tiempos, con una masa gelatinosa color rojo avanzando implacablemente sobre el modo de vida americano... también nos hacen notar el mensaje moral sobre el gran potencial de la juventud que, a pesar de su rebeldía manifiesta, se convertirán en el futuro en una clase dirigencial consustanciada con los ideales de la democracia.

Yo prefiero disfrutarla como lo que es... una divertida producción de ciencia ficción al más puro estilo clase B . 
Si en alguna cálida noche de verano, en el jardín de tu casa cae un misterioso meteorito… ¡Cuidado con acercarte!... ¡Porqueeeee...

¡Cuidado con la mancha voraz… que se arrastra… salta… y se desliza sobre el suelo! ¡Cha Cha Cha!

FICHAS TECNICAS

THE BLOB (1958-Fairview Productions/Tonylyn Productions Inc./Paramount Pictures)

Dirección: Irving S. Yeaworth y Russell S. Doughten Jr. (no acreditado)

Producción: Russell S. Doughten Jr. y Jack Harris.


Música: Ralph Carmichael, Jean Yeaworth y Burt Bacharach


Fotografía: Thomas E. Spalding


Edición: Alfred Hillman


Director de arte: William Jersey y Karl Karlton


Guión: Theodore Simonson y Kay Linaker, basado en una idea de Irvine H. Millgate


Efectos especiales: Bart Sloane


Protagonistas: Steve McQueen (Steve Andrews), Aneta Corsaut (Jane Martin), Earl Rowe (Teniente Dave), Olin Howland (hombre viejo), Stephen Chase (Dr. T. Hallen), John Benson (Sargento Jim Bert), George Karas (Oficial Ritchie), Lee Payton (enfermera Kate), Elbert Smith (Henry Martin), Hugh Graham, Vincent Barbi, Audrey Metcalf, Jasper Deeter y Tom Odgen.


Duración: 86 min.


BEWARE! THE BLOB (1972- Jack H. Harris Enterprises)

Dirección: Larry Hagman

Producción: Anthony Harris y Jack H. Harris


Guión: Jack Woods, Anthony Harris, Richard Clair y Jack H. Harris


Música: Mort Garson


Fotografía: Al Hamm


Edición: Tony de Zarraga


Efectos especiales: Tim Baar, Jim Aupperle y Conrad Rothman


Protagonistas: Robert Walker (Bobby Hartford), Gwynne Gilford (Lisa Clark), Richard Stahl (Edward Fazio), Richard Webb (Sheriff Jones), Shelley Berman (Peluquero), Godfrey Cambridge (Chester Hargis), Larry Hagman (Young Hobo), Carol Lynley (Leslie), Marlene Clark, Gerrit Graham, J, J, Johnston, Burgess Meredith y Danny Goldman.


Duración: 91 min.


THE BLOB (1988- TriStar Pictures/Palisades California Inc.)

Dirección: Chuck Russell

Producción: Andre Blay, Jack H. Harris, Rupert Harvey y Elliott Kastner


Guión: Theodore Simonson, Kay Linaker, Irvine H. Millgate, Chuck Russell y Frank Darabont


Música: Michael Hoenig


Fotografía: Mark Irvin


Edición: Tod Feuerman y Terry Stokes.


Efectos especiales: Dream Quest Images, Diligent Dwarves Effects Lab, Frazee & Frazee, All Effects Company y Anatomorphex


Protagonistas: Kevin Dillon (Brian Flagg), Shawnee Smith (Meg Penny), Donovan Leitch Jr. (Paul Taylor), Jeffrey DeMunn (Sheriff Herb Geller), Candy Clark (Fran Hewitt, Joe Seneca (Dr. Meddows), Del Close, Paul McCrane, Sharon Spelman y Beau Billingslea.


Duración: 95 min.


sábado, 31 de enero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (11)

VIII

LOS CAMINANTES NOCTURNOS

La gente apareció como de la nada.


En un momento estábamos envueltos en la más absoluta de las soledades y al otro, oscuras formas bamboleantes nos estaban rodeando por todos lados. Un frío terror ascendió por mi espina dorsal hasta el cráneo, el cual pareció latir de manera harto dolorosa.

Sorprendidos ante esas presencias, lo primero que atiné a hacer fue sacar mi arma de su bandolera. A mi lado, Arthus realizó el mismo gesto defensivo. A pesar del miedo que anegaba nuestros sentidos, nos encontrábamos más que dispuestos a vender cara nuestra inevitable derrota.

Pronto me di cuenta que eso no iba a ser necesario.

Caminando con pasos vacilantes, como si aún estuvieran inmersos en las tinieblas de un profundo sueño, hombres, mujeres y niños avanzaban como espectros por el brillante empedrado. Sus rostros no reflejaban ningún gesto de temor o sorpresa ante nuestra presencia.

-¿Qué les pasa?- Pregunté con voz trémula- Es como si estuvieran todos hipnotizados…


-Como zombis... –Murmuró Arthus, sin volver a guardar el arma- ¡Parecen unos malditos zombis!

Armándome de valor me acerqué a una mujer de mediana edad, vestida con un largo camisón de intrincados brocados, que en esos momentos pasaba cerca de nosotros. A pesar de encontrarme a su lado, sus ojos vidriosos y carentes de voluntad ni siquiera dirigieron una mirada de comprensión ante mi presencia.

-Se hallan sumidos en un estado de profundo sonambulismo- Le informé a mi amigo, que en esos se estaba acercando- Esto puede llegar a entenderse en una o dos personas, pero... ¿En semejante cantidad de gente?

-¿Adónde hemos venido a parar Dewan? ¿Hasta cuándo va a continuar toda esta locura?- La voz de Arthus rayaba la histeria.

Ante ese apremiante interrogante no supe que contestar. Mi mirada volvió a posarse sobre los sonámbulos, los cuales continuaban con su monótono caminar. Me di cuenta que, si la cosa seguía así, mi amigo terminaría enloqueciendo y me sería muy difícil poder contenerlo yo solo.

-Se están dirigiendo hacia el mismo lugar de donde provienen las señales- Dije finalmente, cuando hube mirado el detector de mi muñeca- Creo que es mejor que llamemos a la capitana... hay que informarla sobre este hallazgo y ponerla en alerta sobre los durmientes.
Cuando pulse la pantalla, lo único que recibí por el comunicador fue una tremenda carga estática.

Sin saber muy bien que hacer a continuación, pues de forma inconsciente había tomado el mando de nuestro grupo de dos, volví a mirar al ya apretado ejército de sonámbulos que deambulaban por la calle.

-Tenemos que continuar. Debemos seguir a esta gente hacia donde vaya...

-Hacia donde están Los que acechan... –Fue la única respuesta de un desesperado Arthus- Los que acechan...


(Los que acechan)

Miré hacia las sombras bamboleantes y un oscuro terror comenzó a anidar en mi interior.

Por unos instantes la luna plateada se dejó ver entre las oscuras y pesadas nubes. Esa tenue luminosidad tuvo la virtud de transformar a los caminantes dormidos en corruptos espectros. Sus fantasmales ojos parecieron brillar demencialmente. Sus ropas parecían raídas y muy antiguas como si, en lugar de sus camas, hubieran abandonado alguna tumba olvidada, para caminar y caminar hacia algún remoto y terrible destino.

Mi alma se estremeció ante la perspectiva que nos deparaba si continuábamos con nuestra exploración. Pero sabía que nada ganaría quedándome allí parado alimentando mis miedos. Debía descubrir el misterio que se escondía detrás de todo lo que nos rodeaba.

Sin guardar el arma en mi funda, comencé a andar en pos de los caminantes dormidos.

CONTINUA...