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jueves, 26 de febrero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (12) por Daniel Barragán

CAPITULO IX
EL LLAMADO

Los espectrales durmientes continuaron con su cansino andar por el sinuoso camino empedrado sin evidenciar ningún signo de alarma por nuestras presencias. Desde las callejuelas que convergían sobre el mismo podía adivinarse la presencia de numerosas sombras que se iban sumando al sombrío cortejo. El mortal silencio que imperaba tan solo se veía roto por algún escondido maullido de las bestiales criaturas felinas que rondaban en las cercanías, alejadas de nuestra vista.

Con cada paso que daba sentía que poco a poco me iba alejando de la frágil seguridad otorgada por la “Juan Salvo”... y de toda mi existencia pasada. Aun así no detuve mi avance. 

Era como si una llamada lejana, una poderosa voz, se hubiera apoderado de mi voluntad.

Por unos instantes me imaginé como un integrante más de ese espectral ejército de sonámbulos, caminando eternamente hasta que mi cuerpo fuera por fin corrompido por el inexorable paso del tiempo.

-“Somos como muertos dirigiéndonos hacia su descanso final... –Me dije una y otra vez en monótona letanía- hacia un destino difícil de ser vislumbrado

Paso a paso…

(Los oscuros trashumantes nocturnos)

Paso a paso…

(Un espectro que alguna vez se había llamado Dewan Bars)

Paso a paso...

-¡Dios mío!- Gritó de pronto Arthus, sacándome del lóbrego ensueño en el que estaba sumergido- ¡Dios mío!

Haciendo un tremendo esfuerzo, mi enturbiado entendimiento por fin se dio cuenta hacia donde nos había conducido nuestra caminata. Por unos instantes creí que mi anclaje con la realidad comenzaba a desaparecer y no pude evitar que una tenebrosa risa asomara, incontenible, desde lo más profundo de mi ser.

Pesadas cruces, cargadas de extraños jeroglíficos de incomprensible significado. Enormes y seráficos ángeles custodiando los portales de inmensas criptas. Frías columnas de mármol blanco, carcomidas por el tiempo. El vaho imperceptible de la muerte soplando sobre nuestros pálidos rostros. El constante roer del gusano a nuestros pies. Los murmullos de aquellos que deberían estar descansando eternamente. 

-Un cementerio… -Musité aterrado- ¡Un maldito cementerio!

Un cementerio en donde dormir el largo sueño. Mis piernas tan pesadas. Mi corazón tan cansado...

-Tenemos que irnos de acá- Dijo Arthus, volviendo a sacarme del inexplicable sopor que parecía empecinado en dominarme- Es tiempo de volver al lugar de reunión.

Desesperado, me tironeó del brazo una y otra vez.

-Continuemos un poco más- Contesté obstinado, sintiendo aun esa extraña atracción por el lugar al que habíamos llegado.

Consulté mi reloj, el cual parecía estar detenido en la misma marca desde hacía mucho. Con gran esfuerzo miré la pantalla del detector, que en esos momentos pulsaba de manera anárquica y totalmente enloquecida.

-Todavía tenemos tiempo- Mentí- No estamos muy lejos de la fuente de emisión. Tenemos que seg...

Me callé al instante, al darme cuenta de un inquietante detalle.

Los habitantes del nefasto pueblo se habían desvanecido totalmente entre la niebla, dejándonos totalmente solos y desamparados. Únicamente nos acompañaba el silencio...

(“y el sinuoso arrastrar de algo acechando. Algo feroz. Primitivo”)

Retrocedí aterrado ante el inquietante panorama y tropecé con mi amigo. Sentí mi corazón acelerarse cuando pude observar su rostro en la oscuridad. Un rostro anegado por un más que palpable sentimiento de terror... y también de una incipiente locura.

-“No podemos continuar con esta estupidez- Pensé- Tenemos que dejar que las autoridades se encarguen del asunto- Miré a Arthus y su pavoroso rostro- No puedo contar con él para nada... es mejor volver a la nave y esperar que la capitana tenga mejor suerte que nosotros”

Cuando estaba por decirle a mi amigo que era tiempo de retornar, olvidando la misión que nos había traído a ese lugar, algo volvió a llamar mi atención.

Más allá de las cruces inclinadas, un pulsante resplandor se reflejaba nítidamente en la pesada niebla. A nuestros oídos, probablemente magnificados por el gran silencio, nos llegaron los acordes de una extraña melodía retumbante que parecía estar acompañada por un coro de profundas voces.

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght... Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Decían una y otra vez, hasta que cada una de esas inquietantes y desconocidas palabras se grabaron de manera inclemente en mi cabeza- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght.

Picado por una morbosa curiosidad, tomé del brazo a mi aterrorizado amigo y avancé imprudentemente hacia la luminosidad. Aturdido por sus propios miedos, Arthus se dejó conducir cual si fuera un muñeco por entre el mar de tumbas. Su boca se movía, como si estuviera orando:-

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Me pareció oírle susurrar, como si estuviera respondiendo al llamado- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght...

Mi cordura me gritó que parara allí, que me volviera y no tratara de develar el secreto que se escondía en esa extraña luminiscencia. Fue totalmente inútil. Mis pasos desesperados me acercaron más y más hacia mi destino.

… y ningún poder humano podría ya detenerme.

CONTINUA...

sábado, 14 de febrero de 2015

GALERIA DE MONSTRUOS FAMOSOS (1)

LA MANCHA VORAZ (The Blob -1958)

NOTA ACLARATORIA: HACE UN PAR DE MESES DI INICIO EN MI PAGINA DE FACEBOOK UNA SUERTE DE GALERÍA EN LA CUAL ME PUSE A DESCRIBIR A LOS 100 MONSTRUOS MAS FAMOSOS QUE TUVIERON LA VIRTUD DE CIMENTAR MI PASIÓN POR LO BIZARRO.

HABIENDO CULMINADO LAS 50 PRIMERAS ENTREGAS, Y DÁNDOME UN TIEMPO DE DESCANSO PARA SEGUIR CON LO QUE ME FALTA, DECIDÍ DAR UN PASO HACIA ADELANTE Y LLEVE ESTE PROYECTO A LAS PAGINAS DE ESTE BLOG.

ESPERO QUE LO DISFRUTEN.

Es casi seguro que, con la llegada del verano, se te da por hacer dieta para que la malla te pueda entrar y, para lograr ese cometido, te dedicas a comer un montón de gelatina. Ante esta situación tan solo me queda darte un consejo: fijate bien que diga light, porque si te equivocas podes terminar transformándote en parte de la dieta de eso que creías que era un simple producto dietético.

Afortunadamente, unos pibes nada gansos se dedicarán a poner sobre aviso a todos sus vecinos de que esta criatura amorfa, llegada del espacio exterior en un meteorito, quiere devorar a la humanidad… empezando por un cine del pueblo en donde hizo su aparición. 

¡Qué ganas de joder una velada de sábado! 


Como cualquier invasión extraterrestre que se precie de serlo, las autoridades gubernamentales serán las ultimas en admitir que las cosas están yendo muy, pero muy mal… resultando ser la única parte lógica de todo el film.

Desde que en el año 1933 el gorila gigante conocido como King Kong aplastara con su inmensa fuerza buena parte de ciudad de Nueva York, las películas de monstruos gigantes comenzaron a calar muy hondo en el imaginario popular. Consecuencia de ello fue la gran cantidad de producciones que serían realizadas durante las décadas siguientes, las cuales se dedicarían en poner en las pantallas a todo un ejército de increíbles criaturas sobredimensionadas que, ya provinieran del espacio, las profundidades de la tierra o de tiempos remotos, se encargaron de poner en jaque todo lo que la civilización humana representaba.

A finales de los 50, sería estrenada una película independiente que, por extrañas circunstancias de la vida, se transformaría en uno de los grandes iconos que nos legaría la increíble edad de oro del cine de ciencia ficción.

En los EE.UU. se llamaría The Blob, pero en los países de habla hispana sería mucho mejor conocida como La Mancha Voraz.

En las cercanías de un sencillo pueblito norteamericano se estrella un meteorito, el cual contiene en su interior una extraña masa gelatinosa que devora a cuanto ser humano se le ponga por delante. Un grupo de adolescentes rebeldes deberá enfrentarse a la terrible amenaza extraterrestre y a la incredulidad de las autoridades, con el fin de evitar el fin del mundo.

Basado en una idea original de Irvine H. Millgate, los escritores Theodore Simonson y Kate  Phillips elaboraron este bizarro guión cuyo título era The Molten Meteor (El Meteoro Fundido). Con el tiempo, el mismo sufriría una serie de cambios de nombre hasta transformarse en el que todos llegaríamos a conocer.
-ANATOMÍA DE UN ALMUERZO EXTRATERRESTRE-
Producida por Jack Harris, The Blob fue dirigida por Irwing S. Yearworth (1926-2004) un director, guionista y productor norteamericano nacido en Alemania entre cuyos créditos podemos nombrar a The Flaming Teen-Age (1956), 4D Man (1959), Dinosaurus! (1969), Way Out (1967) y The Blob, de  cuya intervención nunca se sintió demasiado orgulloso. 

Con un costo de producción bastante pobre, alrededor de U$S 110.000, la película fue filmada en los alrededores de Valley Forge (Pensilvania), en los pueblos de  Downingtown,  Chester Springs, Phoenixville,  Royerford y en los estudios cinematográficos de la zona, que hasta ese momento únicamente se había dedicado a realizar películas religiosas de corte bíblico. Incluso, con el fin de abaratar los costos, los mismísimos vecinos de dichos lugares hicieron de extras en algunas de las escenas en las que aparecían las multitudes aterrorizadas ante el ataque del monstruo.  

Si bien la Paramount, que estuvo encargada de la distribución, no se sentía demasiado optimista con respecto a este proyecto, el estreno en los cines terminó demostrando que todos (incluso el mismísimo director y los actores) estaban totalmente equivocados.

Debido al auge que había en esos tiempos por los autocines, The Blob se transformó de manera casi inmediata en un enorme éxito de taquilla entre los adolescentes y, gracias a ello, este film recaudó la friolera de cuatro millones de dólares… una suma que se duplicaría en los dos años subsiguientes.

Lo más gracioso es que, en un principio, iba a ser el título secundario de un programa doble junto al film Me Casé con un Monstruo del Espacio (I Married a Monster from Outer Space- Gene Fowler-), pero casi de manera inmediata se encargó de eclipsar a dicha producción y pasar a primer término.

El tema musical, que fuera creado por Burt Bacharach y Hal David, fue interpretado por la banda The Five Blobs (entre cuyos integrantes estaba el propio Bacharach y Bernie Nee) y treparía a la lista de los 40 más vendidos.


“Cuidado con la mancha,
se arrastra, salta y se desliza por el suelo,
por entre la puerta y toda la pared, 
una mancha, un borrón, 
cuidado con la mancha”

… y bueh, era lo que había.

Los efectos especiales que se encargaron de mostrarnos a una criatura que escapaba a los cánones establecidos en lo que se refería a los monstruos llegados del espacio (por lo general con características humanoides) estuvieron a cargo de Bart Sloane y Thomas Spalding

Los mismos se encargaron de animar cuadro por cuadro la materia gelatinosa, que estaba conformada por silicona y un pequeño porcentaje de pigmento industrial (aportado por la Standart Oil) que le daba la tonalidad y simulaba la sangre digerida. En las escenas en las cuales interactúa con los protagonistas fueron utilizados globos meteorológicos y bolsas de basura.

El elenco estuvo conformado con un grupo de desconocidos entre los cuales se destaca uno muy “ilustre” que se encontraba dando sus primeros pasos en los medios cinematográficos.

-Steve McQueen (Steve Andrews): para interpretar el papel de un rebelde adolescente de 17 años (cuando en realidad tenía 27) recibió la suma de U$S 2500, rechazando el 10 % de los beneficios de la película que le habían ofrecido. Damn fool!!! 

El tiempo, y la buena elección de las películas en las cuales participaría, se encargaron de encumbrarlo entre los grandes actores de las décadas del 60 y 70. Entre sus créditos podemos nombrar Los Siete Magníficos (1960), El Gran Escape (1963), Nevada Smith (1966), El Affaire de Thomas Crow (1968), Bullit (1968), Le Mans (1971), La Fuga (1972), Papillon (1973) y Tom Horn (1980). 

Según lo comentado por el director y el resto de sus compañeros de trabajo, McQueen era un tipo insoportable.

-Aneta Corsaut (Jane Martin): es la novia del anterior y la eterna muchachita en peligro. Esta actriz ha sido mayormente conocida por sus participaciones en algunas series televisivas como The Detectives, Hong Kong. Bonanza, La Ley del Revolver, Columbo, Hombre Rico Hombre Pobre y Matlock.

Se cuenta que, debido a la muy mala onda existente entre esta actriz y McQueen, la romántica escena del beso entre los protagonistas fue realizada al culminar la filmación.

-Earl Rowe (Teniente Dave) como es de suponer, este actor (del cual no tengo ni la más mínima referencia) encarna al típico agente de la ley que no cree en nada sobre la existencia del monstruo hasta que este poco menos que golpea  que a su puerta.

-Olin Howland (Hombre viejo): este personaje es quien encuentra el misterioso meteorito, un detalle que lo transforma en el primer tentempié de la amorfa criatura. Su cara también fue vista en muchas otras películas entre las que podemos nombrar a La Isla del Tesoro (1934), Las Aventuras de Tom Sawyer (1938). Lo que el Viento se llevó (1939) y Them! (1954).

-Stephen Chase (Dr. Hallen

-John Benson (Sargento Jim Bert

-George Karas (Oficial Ritchie

-Lee Payton (Kate)

-Elbert Smith (Mr. Martin)

-Hugh Graham (Mr. Andrews)

Sin duda alguna lo más bizarro de toda esta película es su final, cuando el monstruo es derrotado y abandonado en el polo para que permanezca totalmente congelado, en el que la palabra The End se transforma en un intrigante signo de interrogación.
Como se ve que en esos tiempos no tenían ni la más mínima idea sobre el tema del calentamiento global.

La gran impronta dejada en el acervo cultural de los jóvenes de esos tiempos, permitió la realización de una secuela en los años 70 llamada Beware the Blob!, la cual fue dirigida por Larry Hagman (el JR de la serie Dallas). 

En la misma, un trabajador petrolero arribado desde el Polo Norte trae consigo un trozo de material congelado. El mismo no es otro que parte de la masa gelatinosa que fuera abandonada en ese sitio en el film anterior que, al volver a la vida, devorará a todo lo que se encuentre a lo largo de su sendero de destrucción… o sea, un gato, pollos, el petrolero y su novia, hippies, vagabundos y otros deliciosos bocadillos.

Entre los protagonistas de esta casi innecesaria saga se encontraban Robert Walker, Gwynne Gilford, Richard Stahl, Richard Webb, Dick Van Patten, Burgess Meredith y el mismísimo Larry Hagman, que encarnó un vagabundo fagocitado por la Mancha Voraz.

En el año 1988 fue realizada una remake del film de los años 50 pero, a diferencia de este, la criatura de marras ya no es una entidad extraterrestre sino que en realidad se trata de una peligrosa arma biológica que ha sido creada (cuando no) por el ejército de los Estados Unidos.

Especialistas y críticos cinematográficos nos han hecho notar que The Blob es un fiel exponente de la paranoia anticomunista que imperaba por aquellos tiempos, con una masa gelatinosa color rojo avanzando implacablemente sobre el modo de vida americano... también nos hacen notar el mensaje moral sobre el gran potencial de la juventud que, a pesar de su rebeldía manifiesta, se convertirán en el futuro en una clase dirigencial consustanciada con los ideales de la democracia.

Yo prefiero disfrutarla como lo que es... una divertida producción de ciencia ficción al más puro estilo clase B . 
Si en alguna cálida noche de verano, en el jardín de tu casa cae un misterioso meteorito… ¡Cuidado con acercarte!... ¡Porqueeeee...

¡Cuidado con la mancha voraz… que se arrastra… salta… y se desliza sobre el suelo! ¡Cha Cha Cha!

FICHAS TECNICAS

THE BLOB (1958-Fairview Productions/Tonylyn Productions Inc./Paramount Pictures)

Dirección: Irving S. Yeaworth y Russell S. Doughten Jr. (no acreditado)

Producción: Russell S. Doughten Jr. y Jack Harris.


Música: Ralph Carmichael, Jean Yeaworth y Burt Bacharach


Fotografía: Thomas E. Spalding


Edición: Alfred Hillman


Director de arte: William Jersey y Karl Karlton


Guión: Theodore Simonson y Kay Linaker, basado en una idea de Irvine H. Millgate


Efectos especiales: Bart Sloane


Protagonistas: Steve McQueen (Steve Andrews), Aneta Corsaut (Jane Martin), Earl Rowe (Teniente Dave), Olin Howland (hombre viejo), Stephen Chase (Dr. T. Hallen), John Benson (Sargento Jim Bert), George Karas (Oficial Ritchie), Lee Payton (enfermera Kate), Elbert Smith (Henry Martin), Hugh Graham, Vincent Barbi, Audrey Metcalf, Jasper Deeter y Tom Odgen.


Duración: 86 min.


BEWARE! THE BLOB (1972- Jack H. Harris Enterprises)

Dirección: Larry Hagman

Producción: Anthony Harris y Jack H. Harris


Guión: Jack Woods, Anthony Harris, Richard Clair y Jack H. Harris


Música: Mort Garson


Fotografía: Al Hamm


Edición: Tony de Zarraga


Efectos especiales: Tim Baar, Jim Aupperle y Conrad Rothman


Protagonistas: Robert Walker (Bobby Hartford), Gwynne Gilford (Lisa Clark), Richard Stahl (Edward Fazio), Richard Webb (Sheriff Jones), Shelley Berman (Peluquero), Godfrey Cambridge (Chester Hargis), Larry Hagman (Young Hobo), Carol Lynley (Leslie), Marlene Clark, Gerrit Graham, J, J, Johnston, Burgess Meredith y Danny Goldman.


Duración: 91 min.


THE BLOB (1988- TriStar Pictures/Palisades California Inc.)

Dirección: Chuck Russell

Producción: Andre Blay, Jack H. Harris, Rupert Harvey y Elliott Kastner


Guión: Theodore Simonson, Kay Linaker, Irvine H. Millgate, Chuck Russell y Frank Darabont


Música: Michael Hoenig


Fotografía: Mark Irvin


Edición: Tod Feuerman y Terry Stokes.


Efectos especiales: Dream Quest Images, Diligent Dwarves Effects Lab, Frazee & Frazee, All Effects Company y Anatomorphex


Protagonistas: Kevin Dillon (Brian Flagg), Shawnee Smith (Meg Penny), Donovan Leitch Jr. (Paul Taylor), Jeffrey DeMunn (Sheriff Herb Geller), Candy Clark (Fran Hewitt, Joe Seneca (Dr. Meddows), Del Close, Paul McCrane, Sharon Spelman y Beau Billingslea.


Duración: 95 min.


sábado, 31 de enero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (11)

VIII

LOS CAMINANTES NOCTURNOS

La gente apareció como de la nada.


En un momento estábamos envueltos en la más absoluta de las soledades y al otro, oscuras formas bamboleantes nos estaban rodeando por todos lados. Un frío terror ascendió por mi espina dorsal hasta el cráneo, el cual pareció latir de manera harto dolorosa.

Sorprendidos ante esas presencias, lo primero que atiné a hacer fue sacar mi arma de su bandolera. A mi lado, Arthus realizó el mismo gesto defensivo. A pesar del miedo que anegaba nuestros sentidos, nos encontrábamos más que dispuestos a vender cara nuestra inevitable derrota.

Pronto me di cuenta que eso no iba a ser necesario.

Caminando con pasos vacilantes, como si aún estuvieran inmersos en las tinieblas de un profundo sueño, hombres, mujeres y niños avanzaban como espectros por el brillante empedrado. Sus rostros no reflejaban ningún gesto de temor o sorpresa ante nuestra presencia.

-¿Qué les pasa?- Pregunté con voz trémula- Es como si estuvieran todos hipnotizados…


-Como zombis... –Murmuró Arthus, sin volver a guardar el arma- ¡Parecen unos malditos zombis!

Armándome de valor me acerqué a una mujer de mediana edad, vestida con un largo camisón de intrincados brocados, que en esos momentos pasaba cerca de nosotros. A pesar de encontrarme a su lado, sus ojos vidriosos y carentes de voluntad ni siquiera dirigieron una mirada de comprensión ante mi presencia.

-Se hallan sumidos en un estado de profundo sonambulismo- Le informé a mi amigo, que en esos se estaba acercando- Esto puede llegar a entenderse en una o dos personas, pero... ¿En semejante cantidad de gente?

-¿Adónde hemos venido a parar Dewan? ¿Hasta cuándo va a continuar toda esta locura?- La voz de Arthus rayaba la histeria.

Ante ese apremiante interrogante no supe que contestar. Mi mirada volvió a posarse sobre los sonámbulos, los cuales continuaban con su monótono caminar. Me di cuenta que, si la cosa seguía así, mi amigo terminaría enloqueciendo y me sería muy difícil poder contenerlo yo solo.

-Se están dirigiendo hacia el mismo lugar de donde provienen las señales- Dije finalmente, cuando hube mirado el detector de mi muñeca- Creo que es mejor que llamemos a la capitana... hay que informarla sobre este hallazgo y ponerla en alerta sobre los durmientes.
Cuando pulse la pantalla, lo único que recibí por el comunicador fue una tremenda carga estática.

Sin saber muy bien que hacer a continuación, pues de forma inconsciente había tomado el mando de nuestro grupo de dos, volví a mirar al ya apretado ejército de sonámbulos que deambulaban por la calle.

-Tenemos que continuar. Debemos seguir a esta gente hacia donde vaya...

-Hacia donde están Los que acechan... –Fue la única respuesta de un desesperado Arthus- Los que acechan...


(Los que acechan)

Miré hacia las sombras bamboleantes y un oscuro terror comenzó a anidar en mi interior.

Por unos instantes la luna plateada se dejó ver entre las oscuras y pesadas nubes. Esa tenue luminosidad tuvo la virtud de transformar a los caminantes dormidos en corruptos espectros. Sus fantasmales ojos parecieron brillar demencialmente. Sus ropas parecían raídas y muy antiguas como si, en lugar de sus camas, hubieran abandonado alguna tumba olvidada, para caminar y caminar hacia algún remoto y terrible destino.

Mi alma se estremeció ante la perspectiva que nos deparaba si continuábamos con nuestra exploración. Pero sabía que nada ganaría quedándome allí parado alimentando mis miedos. Debía descubrir el misterio que se escondía detrás de todo lo que nos rodeaba.

Sin guardar el arma en mi funda, comencé a andar en pos de los caminantes dormidos.

CONTINUA...

martes, 20 de enero de 2015

¡SOLTAD LOS COMICS DE LA GUERRA!

"Gritad ¡Desvastación! y soltad los perros de la guerra"
Julio Cesar- William Shakespeare

Durante mi querida infancia, allá lejos y hace tiempo, existían ciertas reglas que manejaban de manera casi implacable el mundo de los niños. Entre las niñas era muy común el jugar con las muñecas, en tanto que los varoncitos lo hacíamos con los soldaditos. 

Innumerable cantidad de pequeñas figuras de plástico bastante mal moldeadas se encargaron de ocupar horas y horas de mi niñez, enfrascándome en interminables batallas destinadas a conquistar una mísera porción de terreno del jardín de mí casa. 

En estas luchas sin cuartel casi no existía la piedad pero, al llegar la noche, todos esos pequeños guerreros volvían a estar en pie. 

Sin manchas de sangre y con todos los miembros en su lugar… 

Sin rencores ni odios sin sentido…

Sin ambición alguna por esa porción de terreno conquistado…

Y era así, mientras regresaban a su viejo cajón de madera, como todos ellos volvían a ser grandes amigos que se juntaban para dormir el justo sueño de los valientes. 

En nuestra inocencia, esas guerras eran tan solo un simple juego... como una pequeña competición entre amigos para ver quién era el primero en leer alguna revista de historietas nueva.  

Pero, por desgracia, la infancia no es eterna y la guerra no es precisamente ninguna pavada.

Una de las armas que quizá más ha ayudado a los soldados en los frentes de guerra de todo el mundo y de todos los tiempos no fueron precisamente las balas, los aviones o los tanques, sino algo conocido como propaganda. 

Actuando a nivel psicológico, miles y miles de panfletos -ya fueran para alentar a los supuestos buenos o para denigrar a los supuestos malos- han caído hacia uno u otro lado de las líneas de batalla. 

Que la democracia y el fascismo. 

Que la libertad y la intolerancia. 

Que fulano y mengano.

Toda una serie de frases rimbombantes, de un marcado tono nacionalista, se convirtieron en los caballitos de batalla que fueron montados tanto de un lado como del otro (¡Con Dios como testigo!) en un intento por desacreditar o ridiculizar a su enemigo declarado. 

Como siempre sucede en este tipo de cosas, los medios masivos de comunicación fueron los encargados de llevar a buen término ese tipo de propaganda y dentro de estos podemos nombrar a los omnipresentes comics de superhéroes estadounidenses.

Una de las más grandes esperanzas para la democracia y el modo de vida americano fue sin lugar a dudas el primer superhéroe de la historia de los comics: Superman, el hombre de acero. 

Desde su génesis misma, allá por 1938, la creación de Jerry Siegel y Joe Shuster había calado muy profundo en el gusto del pueblo norteamericano, transformándolo en un éxito inmediato. Incluso, su fama llegó a trascender más allá de sus fronteras, desparramándose a supervelocidad por todo el mundo y Alemania no fue la excepción, ya que en cierta forma representaba de alguna manera los sueños pergeñados por Adolf Hitler y compañía con respecto al Übermensch (superhombre) descripto por Friedrich Wilhelm Nietzsche

Pero su éxito en este país no sería muy duradero, ya que en 1940 la revista Look publicó una nota en la cual se mencionaba el creciente e imparable éxito obtenido por la publicación de Superman en la revista Action Comics. A dicho artículo se le sumaba una historieta de tan solo dos páginas, que estuvo realizada por los mismísimos Siegel y Shuster

En dicha historia, el hijo de Krypton se encargaba de poner fin a la guerra europea, llevando a Joseph Stalin (por ese entonces aliado de los nazis) y a Adolf Hitler a Ginebra (Suiza). En ese sitio ambos líderes eran castigados por sus crímenes en contra de la humanidad.
Adolph Hitler y Joseph Stalin, os declaro culpables del mayor crimen de la historia moderna… ¡Agresión no provocada contra países indefensos!”, es la dura sentencia de un juez a unos afligidos ex dictadores, mientras el hombre de acero observa toda esa escena con beneplácito. 

Todo este asunto enfureció al líder de la nación alemana y a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Reich, que tildó a Superman de “Judío circuncidado, tanto física como espiritualmente”. Incluso, el diario del partido Daz Schwerz Korps se encargó de criticar duramente al personaje, acusándolo de ser una fantasía degenerada producto de demócratas liberales (¡Mein Gott!). 
Lamentablemente, como Superman es un personaje ficticio, ese final feliz gestado dentro de esas sencillas páginas nunca pudieron verse convertidas en realidad y las ansias de conquista de la nación alemana se vio transformada en una terrible guerra que duraría hasta el año 1945… un conflicto armado que se llevó la vida de millones de personas. 

Por esos tiempos, la editorial Timely Cómics -que años más tarde se transformaría en la conocida Marvel Cómics- fue un paso más allá y se encargó de poner en los puestos de revistas un personaje que se transformaría en el héroe por excelencia en la lucha contra los agresores alemanes. El mismo sería El Capitán América y sus creadores fueron nada menos que Jack Kirby y Joe Simmons

Enfundado en su traje de barras y estrellas, este centinela de la libertad se encargaría de llevar su cruzada al frente de guerra mismo, siendo sus peores enemigos el odiado Hitler y sus sicarios, entre los que se encontraba el malévolo Red Skull.

Pero el arma propagandística estaba en marcha e innumerable cantidad de comics acompañaron a las publicaciones del hombre del mañana en su lucha libertaria. Héroes como Wonder Woman (All Star Comics- 1941), The Shield (Pep Comics- 1/1940), Uncle Sam (National Comics- 7/1940), Captain Victory (Flag Comics- 8/1941), Super American (Fight Comics- 10/1941), Major Victory (Dynamic Comics) y muchos otros se embarcarían de lleno a combatir sin cuartel a todo lo que Hitler, Mussolini, Stalin e Hirohito representaban. 
En cientos de apabullantes y coloridas portadas, las acciones de estos héroes marcadamente estereotipados se encargaban de inflamar el espíritu del pueblo norteamericano e incluso hacían tomar conciencia sobre todo lo que estaba sucediendo a lo largo de la sufrida Europa y en las islas del vasto Océano Pacífico.

Como cabría esperar en este tipo de medio masivo, todo ese marcado fervor patriótico se transformó en una auténtica panacea comercial para los editores de cómics y daría pie al nacimiento de la famosa Edad de Oro (Golden Age) de los comics. 
Todas esas publicaciones, caracterizadas por guiones repetitivos y dibujos de muy poca calidad, se encargaron de mostrar a esos estrambóticos personajes dándole enormes palizas a los ejércitos del eje del mal, destruyendo poderosas armas enemigas o deteniendo a oscuros saboteadores.

Pero la guerra llegó a su fin y con ella la casi lógica decadencia del genero superheroico, que durante más de 10 años se debatió entre la ñoñez y la chatura. Mientras tanto, las guerras ya no volverían a ser guerras, sino algo peor: Intervenciones militares… un juego de palabras que justificaría de ahí en más el genocidio de siempre.

Y así llegaría la famosa guerra fría. Y la guerra de Corea. Y el muro de Berlín. Y el peligro chino. Y el conflicto de Vietnam. Y el enfrentamiento árabe-israelí. Y el 11-S. Y la guerra del Desierto. Y el terrorismo internacional. Todos estos eventos, y unos cuantos más, fueron instalándose en el mundo como una suerte de holocausto definitivo y sin sentido, hiriendo gravemente el corazón de toda la humanidad… en especial los intereses del pueblo estadounidense. 

Y allí estaban nuevamente los comics de superhéroes para representar de alguna manera esos temores que tanto los aquejaban.

Como es de suponer, nuevos villanos fueron presentados en sociedad y de manera inmediata se vieron transformados en iconos representativos de todo lo que no formaba parte de los ideales democráticos, la madre y el pastel de manzanas. Personajes como Crimson Dynamo (Tales of Suspense # 46-10/1963), El Mandarín (Tales of Suspense # 50-2/1964), El Jihad (Suicide Squad # 1-5/1987), Doctor Doom (Fantastic Four # 5-7/1962) o la KGBestia (Batman # 417-3/1988) intentaron someter esos ideales libertarios, siendo detenidos de manera oportuna por el héroe de turno que le tocaba en suerte. 

Los superhéroes volvían a tomar partido.

Uno de los casos más significativos que podemos situar en tiempos actuales fue una historia que hizo su aparición en Adventures of Superman N° 427 y 428 (1987). En ella el Superman resurgido luego de la miniserie Crisis en las Tierras Infinitas decide tomar partido por la democracia entrando de manera impune en un país imaginario llamado Qurac, que se encontraba en manos del dictador Marlo, a fin de destruir todas las armas que este posee para someter a su pueblo y a las naciones vecinas.
Extrañamente, unos cuantos años después el presidente George Bush (quien probablemente se haya creído una suerte de Superman) se encargaría de que esa historia fantástica se convirtiera en una dura realidad.

Resulta más que evidente que los cómics/historietas/tebeos suelen transformarse en un reflejo de nuestras existencias. Eso es algo que muchas veces no queremos ni mirar ni tener en cuenta, ya que no siempre ese reflejo es el ideal y, como dijo Nietzsche, “Si miras el abismo largo tiempo, el abismo te devolverá la mirada”

Hoy, cuando todavía no sabemos bien quien es el enemigo ni quien es la víctima, es muy fácil ver la guerra por la televisión o los diarios. Aun así, y a pesar del gran acceso a la información de la cual disponemos en la actualidad, es muy difícil que podamos llegar a darnos cabal cuenta de lo que es el auténtico horror de aquellos que se ven envueltos en ella. 

A veces quisiéramos pensar que todo esto es tan solo un juego y que, con la llegada la noche, los caídos puedan volver a levantarse para dirigirse tranquilamente, como grandes amigos, a descansar a sus hogares. 

Muchas veces me sorprendo mirando al cielo en busca de algún superhéroe que logre poner fin a toda esta locura que parece haber hecho presa de todos nosotros. Pero, por desgracia, también pienso que todo eso es tan solo un gesto infantilmente inútil. Y es así como la negra realidad vuelve a golpear nuestras cansadas almas.
Mientras tanto en la televisión nos es mostrada la guerra a todo color y en alta definición, mientras de manera indolente leemos una revista de historietas... y eso no es precisamente una pavada.