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domingo, 3 de julio de 2011

CONTRA-TIEMPOS (8)

Por Daniel Barragán (Alias Terraman)

Taris y Brönte eran dos hermanos que se disputaban el poder al trono de Ammthis, la última ciudad sobreviviente de su otrora poderosa civilización.
Tras la muerte de su padre, el rey Ögost II, acaecida un par de años atrás, los dos príncipes, que siempre habían sido rivales irreconciliables, prontamente se vieron enfrentados entre si cuando el trono quedó vacante.
La súbita e inesperada muerte de Ögost II, impidió a los herederos, que habían nacido al mismo tiempo cuando el satélite azul se hallaba en lo más alto del cielo estrellado y había derramado su sagrada luz sobre las cunas de los pequeños infantes, el poder saber cual de ellos sería el futuro monarca de la poderosa ciudad de Ammthis. Fue debido a estas confusas circunstancias que ambos reclamaron el poder para si, enzarzándose en una agria discusión que de los gritos e insultos, pasó a los puños y, de no mediar algunos integrantes de la corte, hubiera terminado en el uso de las armas dentro de las paredes del palacio real.
La enemistad entre los hermanos tuvo eco en el resto de sus súbditos. Nobles, plebeyos y guerreros fueron uniéndose, según sus pareceres, a alguna de las dos causas. Primero fueron algunas traiciones palaciegas que, más tarde, se transformaron en sangrientas escaramuzas callejeras. Las mismas fueron extendiéndose por toda la grandiosa urbe, otrora baluarte cultural y remanso de paz de una poderosa civilización que se había reinado por sobre todo el planeta. Esas luchas callejeras degeneraron prontamente en una cruenta guerra civil. 

Una guerra de magnitudes apocalípticas devastó totalmente a la bella y bienamada Ammthis.
Carros de combate accionados por energía criónica descargaron sus cañones sobre las altas torres de cristal lupino. Mortales bestias de guerra fueron creadas en las enormes fábricas genéticas que se escondían tras los muros de los castillos que ambos hermanos habían construido para si. Las brillantes espadas de acero tecnorgánico chocaron contra los impenetrables campos de fuerza psíquica.
Pistolas de aguijón explosivo, granadas transfásicas, cohetes multigénicos, cuchillos de finísimo metal kregnor, escudos espejo dimensionales o simplemente con las manos desnudas y dientes apretados. Todo tipo de armas y formas de lucha fueron usadas entre ambas facciones, a fin de prevalecer una sobre la otra. Miles de personas murieron en la gran guerra fratricida. Actos innombrables fueron cometidos en aras de un modo de vida que creían que era el correcto.
Luego de dos terribles años de lucha, en donde ninguna de las partes pudo prevalecer sobre la otra, lo que quedaba de los ejércitos de Taris y Brönte se enfrentaron en último y mortal combate en las cercanías de lo que había sido el parque de la paz de la ciudad de Ammthis, el sitio que había sido erigido orgullosamente 4 siglos atrás cuando la civilización se hallaba en su máximo esplendor.
Taris, con un cyberbrazo y un respirador artificial que suplía sus pulmones perdidos en un anterior combate, miró hacia el otro lado del parque y blandió furioso su poderosa Hacha de la Justicia, heredada de su abuelo.
-¡Por la gloria de la poderosa Ammthis y la muerte de los rebeldes!- Gritó a plena voz, mientras se lanzaba hacia lo que sería la última batalla por el codiciado trono- ¡Morirás maldito hermano!
Brönte, quien debía movilizarse en una tecnoaraña luego de haber perdido sus piernas, observó a su contrincante y levantó la imbatible Espada de la Verdad, que él mismo había forjado en sus herrerías subterráneas.
-¡Por el futuro de la heroica Ammthis y la muerte de los sediciosos!- Clamó a su vez, espoleando su vehículo, el cual emitió un sonoro chillido de furia- ¡Pagarás con tu vida odiado hermano!
Ambos ejércitos avanzaron sin dudar, a fin de entablar el último y definitivo combate sobre la faz de su planeta.
Lamentablemente, nunca podremos llegar a enterarnos de como concluiría la extensa guerra civil por el trono de Ammthis, pues uno de los trenes de aterrizaje del módulo de descenso de la misión Apolo 11 se encargó de borrar de la faz del satélite de la Tierra a la última ciudad sobreviviente de la otrora civilización selenita.

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