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jueves, 24 de enero de 2013

MAFALDA: ¿OTRA VEZ SOPA?


A lo largo del accidentado y duro camino que tuvo que recorrer la historieta argentina se han ido asentando numerosos e importantes hitos, que incluso llegaron a obtener el reconocimiento a nivel internacional.

Muchos son los guionistas y dibujantes que, a través de sus creaciones, pudieron trascender más allá de las simples páginas de un diario o un semanario de actualidad para finalmente transformarse en parte de nuestro acerbo cultural.

Uno de estos grandes creadores fue sin duda alguna Joaquín Lavado (1932), un mendocino que sería mayormente conocido por el apodo de Quino.

El mayor pecado cometido por su parte es haber traído a este atribulado mundo a una nenita con peinado ridículo a la cual no le gustaba la sopa... pero que la tenía reclara.

La niñita de marras se llamaba nada más ni nada menos que Mafalda.

Corría el año 1962 cuando, a instancias del humorista Miguel Brascó, la Compañía Siam Di Tella le encargó a Quino (que ya venía trabajando para revistas como Rico Tipo, Tía Vicenta y Leoplan) la creación de un personaje infantil que promocionara su línea de electrodomésticos Mansfield y cuya primera letra empezara con la letra M.

Por supuesto, todos ustedes se imaginarán quien fue dicho personaje.

Lamentablemente, este proyecto no prosperó, por lo que el material quedo totalmente inédito al no ser publicado en ningún medio impreso. Pero el nacimiento oficial de este entrañable personaje no ocurriría hasta el 29 de septiembre de 1964 cuando Mafalda vio finalmente la luz en el suplemento humorístico de la revista Leoplan, gracias a la ayuda de sus amigos Julián Delgado, que era el jefe de redacción de la misma, y Miguel Brascó, los cuales vieron en esos sencillos dibujos una auténtica mina de oro.

En esas tiras de apenas 3 o 4 cuadritos se trataban, con gran ingenio y un humor sumamente ácido, la actualidad político social de nuestro país y del mundo, a la vez que dejaba al desnudo todas las pequeñas miserias que aquejaban a los seres humanos.

El éxito de la tira fue incuestionable y el mito comenzó a crecer... y con el, toda una generación de argentinos.

Como era de esperar, también fueron creciendo sus personajes, no solo en calidad si no que también en número. En 1965 hizo su aparición Felipe, como una suerte de contrapunto de la contestataria Mafalda, un chico excesivamente imaginativo, inocentón e inseguro.

La tira pasó al diario El Mundo a partir de 1965, extendiéndose su publicación hasta el cierre del mismo en 1967, para luego ser editado por otros periódicos en el interior del país.
En su andadura Quino se aboca a la creación de nuevos personajes, con el fin de ir enriqueciendo la historia. Así nace Manolito, Susanita y Miguelito (creados a partir de estereotipos de la conducta humana) los cuales cobraron protagonismo propio, llegando incluso a ponerse a la altura del personaje principal.

La posta de la publicación fue tomada en 1968 por la revista Siete Días Ilustrados, iniciándose con el nacimiento de Guille, el genial hermanito de Mafalda. Más tarde llegarían la tortuga Democracia (obviemos cualquier tipo de explicación al respecto, pues se cae de maduro) y una pequeñina llamada Libertad (1970), que poseía un diálogo aun más denso y más ácido que la mismísima Mafalda.

En 1970, alentados por el creciente éxito del personaje, Ediciones De La Flor inició la recopilación de las tiras en unos 19 coquetos tomitos y fue así como la fama de Quino se disparó más allá de las fronteras. Como dato anecdótico, les hago saber que en estas ediciones fueron omitidas una serie de tiras, con marcadas referencias de índole política, que probablemente no hubieran podido salvarse de la censura de esos tiempos.

Pero, a pesar de cosechar premios y éxitos, todo ese maravilloso universo esta llegando a su fin.

Cansado ya del personaje, ante la incipiente falta de ideas para seguir desarrollándola y con la sana filosofía de no encasillarse, Quino abandonó la serie en 1973 y se dedicó a la publicación de chistes en diarios, revistas y libros recopilatorios, como A Mi No Me Grite, Yo Que Usted y Gente en su Sitio, solo por nombrar algunos.

De vez en cuando, se encargó de realizar algunos dibujos en campañas solidarias (como El Hospital de Niños o UNICEF), en las que usó a sus queridos personajes como una suerte de embajadores de buena voluntad.

A pesar del abandono de su autor, el impulso propio de su creación superó con creces todo lo que se esperaba de él. 

Prueba de ello, fue la emisión de una serie de cortos animados, estrenados  en 1972 en el canal Once –actualmente conocido como Telefe-, los cuales fueron producidos por Daniel Mallo y Oscar Desplats (un amigo de quien les escribe, que incluso tuvo la gran amabilidad de regalarme algunos slides de animación). 
-SLIDE DE ANIMACIÓN ORIGINAL  QUE EL ANIMADOR OSCAR DESPLATS
ME REGALARA. NÓTESE LAS ESCRITURAS SEÑALANDO LOS DETALLES
PARA REALIZAR LA FILMACIÓN-

Estos cortos fueron dirigidos por Catú (Jorge Martín), con guiones de Alberto Cabado (sobre ideas de Quino). En 1981, estos capítulos fueron recopilados en un largometraje, que fue dirigida por Carlos D. Márquez. Si bien en la Argentina no generó el éxito que se esperaba, esta producción obtuvo lo que se merecía en Italia, cuyo público adoptó con mucho entusiasmo a estos personajes.

Posteriormente, en 1994, el realizador cubano Juan Padrón se encargó de dirigir 104 episodios sobre los personajes de Quino, esta vez más centrado en la acción que en los diálogos de los mismos. Dicha serie seria también compilada en un largometraje de 80 minutos de duración.

Otras recopilaciones de la tira, editadas nuevamente por De La Flor, lograron tener un buen éxito de ventas y a su vez sirvieron para no dejar caer en el olvido a estos queridos niños terribles, los cuales supieron abrir nuestros legañosos ojos a una terrible realidad que día a día parece ir apoderándose de nuestras existencias. Los más destacados fueron Mafalda Inédita (1989) y Todo Mafalda (1993), en los incluso se agregó el material que en su momento fue muy cuestionado por los gobiernos militares de turno y las gentes de buen ver.

Cuando de tanto en tanto agarro el Todo Mafalda, leyendo acá y allá algunas de sus tiras, casi siempre me pregunto… ¿Cómo se explica el éxito generado por Mafalda y sus amigos? ¿Por qué permanece actual aun después del tiempo transcurrido? ¿Será por el estereotipo tan bien desarrollado de sus personajes y situaciones? ¿Será que nuestras realidades han cambiado poco o nada?

Si quieren saber las respuestas, tómense el trabajo de leerla y disfrutarla... no tiene ningún desperdicio.

Mafalda va más allá del contexto de la historieta, transformándola en una suerte de fenómeno socio-cultural de una Argentina atemporal. A veces uno tiende a sentirse identificado con la actitud contestataria de esa nenita con peinado ridículo... pero que la tiene reclara. Mucho más en este mundo del siglo XXI, que poco a poco parece estar encaminándose hacia el abismo.

¿Será por eso que me sigue sin gustar la sopa? 

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