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jueves, 26 de febrero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (12) por Daniel Barragán

CAPITULO IX
EL LLAMADO

Los espectrales durmientes continuaron con su cansino andar por el sinuoso camino empedrado sin evidenciar ningún signo de alarma por nuestras presencias. Desde las callejuelas que convergían sobre el mismo podía adivinarse la presencia de numerosas sombras que se iban sumando al sombrío cortejo. El mortal silencio que imperaba tan solo se veía roto por algún escondido maullido de las bestiales criaturas felinas que rondaban en las cercanías, alejadas de nuestra vista.

Con cada paso que daba sentía que poco a poco me iba alejando de la frágil seguridad otorgada por la “Juan Salvo”... y de toda mi existencia pasada. Aun así no detuve mi avance. 

Era como si una llamada lejana, una poderosa voz, se hubiera apoderado de mi voluntad.

Por unos instantes me imaginé como un integrante más de ese espectral ejército de sonámbulos, caminando eternamente hasta que mi cuerpo fuera por fin corrompido por el inexorable paso del tiempo.

-“Somos como muertos dirigiéndonos hacia su descanso final... –Me dije una y otra vez en monótona letanía- hacia un destino difícil de ser vislumbrado

Paso a paso…

(Los oscuros trashumantes nocturnos)

Paso a paso…

(Un espectro que alguna vez se había llamado Dewan Bars)

Paso a paso...

-¡Dios mío!- Gritó de pronto Arthus, sacándome del lóbrego ensueño en el que estaba sumergido- ¡Dios mío!

Haciendo un tremendo esfuerzo, mi enturbiado entendimiento por fin se dio cuenta hacia donde nos había conducido nuestra caminata. Por unos instantes creí que mi anclaje con la realidad comenzaba a desaparecer y no pude evitar que una tenebrosa risa asomara, incontenible, desde lo más profundo de mi ser.

Pesadas cruces, cargadas de extraños jeroglíficos de incomprensible significado. Enormes y seráficos ángeles custodiando los portales de inmensas criptas. Frías columnas de mármol blanco, carcomidas por el tiempo. El vaho imperceptible de la muerte soplando sobre nuestros pálidos rostros. El constante roer del gusano a nuestros pies. Los murmullos de aquellos que deberían estar descansando eternamente. 

-Un cementerio… -Musité aterrado- ¡Un maldito cementerio!

Un cementerio en donde dormir el largo sueño. Mis piernas tan pesadas. Mi corazón tan cansado...

-Tenemos que irnos de acá- Dijo Arthus, volviendo a sacarme del inexplicable sopor que parecía empecinado en dominarme- Es tiempo de volver al lugar de reunión.

Desesperado, me tironeó del brazo una y otra vez.

-Continuemos un poco más- Contesté obstinado, sintiendo aun esa extraña atracción por el lugar al que habíamos llegado.

Consulté mi reloj, el cual parecía estar detenido en la misma marca desde hacía mucho. Con gran esfuerzo miré la pantalla del detector, que en esos momentos pulsaba de manera anárquica y totalmente enloquecida.

-Todavía tenemos tiempo- Mentí- No estamos muy lejos de la fuente de emisión. Tenemos que seg...

Me callé al instante, al darme cuenta de un inquietante detalle.

Los habitantes del nefasto pueblo se habían desvanecido totalmente entre la niebla, dejándonos totalmente solos y desamparados. Únicamente nos acompañaba el silencio...

(“y el sinuoso arrastrar de algo acechando. Algo feroz. Primitivo”)

Retrocedí aterrado ante el inquietante panorama y tropecé con mi amigo. Sentí mi corazón acelerarse cuando pude observar su rostro en la oscuridad. Un rostro anegado por un más que palpable sentimiento de terror... y también de una incipiente locura.

-“No podemos continuar con esta estupidez- Pensé- Tenemos que dejar que las autoridades se encarguen del asunto- Miré a Arthus y su pavoroso rostro- No puedo contar con él para nada... es mejor volver a la nave y esperar que la capitana tenga mejor suerte que nosotros”

Cuando estaba por decirle a mi amigo que era tiempo de retornar, olvidando la misión que nos había traído a ese lugar, algo volvió a llamar mi atención.

Más allá de las cruces inclinadas, un pulsante resplandor se reflejaba nítidamente en la pesada niebla. A nuestros oídos, probablemente magnificados por el gran silencio, nos llegaron los acordes de una extraña melodía retumbante que parecía estar acompañada por un coro de profundas voces.

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght... Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Decían una y otra vez, hasta que cada una de esas inquietantes y desconocidas palabras se grabaron de manera inclemente en mi cabeza- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght.

Picado por una morbosa curiosidad, tomé del brazo a mi aterrorizado amigo y avancé imprudentemente hacia la luminosidad. Aturdido por sus propios miedos, Arthus se dejó conducir cual si fuera un muñeco por entre el mar de tumbas. Su boca se movía, como si estuviera orando:-

-Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght- Me pareció oírle susurrar, como si estuviera respondiendo al llamado- Ia Ia thoy kansara Meight kansara thoy Mhalyoght...

Mi cordura me gritó que parara allí, que me volviera y no tratara de develar el secreto que se escondía en esa extraña luminiscencia. Fue totalmente inútil. Mis pasos desesperados me acercaron más y más hacia mi destino.

… y ningún poder humano podría ya detenerme.

CONTINUA...

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