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jueves, 28 de enero de 2016

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (25) por Daniel Barragán

CAPITULO XVIII
LA CRUZ DAGA

Cuando mis ojos se abrieron ya era de noche y, de manera casi inmediata, me di cuenta que algo andaba mal en todo lo que me rodeaba Algo que me sacó inmediatamente de la modorra que me invadía.

En el cielo que podía verse a través de las ventanas, un caos de colores iridiscentes relampagueaba como una aurora boreal que parecía tener vida propia. Si bien este fenómeno ambiental ya se consideraba como algo corriente, no pude dejar de sentirme inquieto ante esa extraña manifestación que, según los especialistas, tenía un origen natural.

En mi interior sabía que esos cielos no eran para nada normales.

-“El cielo se llenará de colores que no son nuestros, pues no serán nuestros sino de cosas que llegarán desde los cielos- Murmuré, recordando un oscuro pasaje que había encontrado en uno de los libros de Ulric un par de meses atrás- Así, la iniquidad de las sombras corromperá el espíritu inmortal, sumiéndolo en la desesperación del gran advenimiento... pues Ellos, Los que acechan, moran acá y allá, y en todos lados, aun en nuestros propios pensamientos...”


(Los que acechan)


Con presteza volví a dirigir mi atención hacia la ventana y no pude evitar ahogar un grito de horror. La Luna, poco antes una bella visión nocturna, se había teñido de sangre.

Quizá debido al fenómeno atmosférico (quería creer que fuera así) extraños remolinos rojos, que semejaban infectos coágulos, recorrían la superficie, desfigurando su habitual geografía. Permanecí varios minutos apoyado en el alfeizar, preguntándome si todavía no estaría dormido e inmerso en una de mis habituales pesadillas.

-Acabo de recibir la noticia sobre la pérdida total de las comunicaciones con las colonias lunares- Dijo Ulric, que se había asomado a mi habitación. Ante mi gesto inquisitivo, agregó- Toshio, uno de los Hackers más confiables que conozco, captó una última transmisión proveniente de la Luna, poco antes que empezara la tormenta iridiscente... lo acabo de recibir y no es nada agradable lo poco que llega a escuchar. Gritos y sonidos succionantes…

-Creo que es mejor que volvamos a trabajar... -Respondí, alejándome de la ventana. No sentía ningún deseo por escuchar esa grabación- No voy a negarte que el descanso fue reparador, pero me parece que no es precisamente tiempo lo que nos sobra.

Ulric no había permanecido ocioso durante mis horas de reposo. Prueba de ello eran las siete pantallas plásmicas desplegadas y los numerosos libros que se hallaban abiertos sobre el escritorio. Nos sentamos uno frente al otro en sendas butacas y mi amigo me miró largamente, sopesando cada palabra que diría a continuación. Su mirada era más elocuente que cualquier frase que pudiera llegar a decir. En mi fuero íntimo sabía que las noticias que me iba a dar no eran para nada buenas.

A un simple gesto del profesor, una de las pantallas se posicionó entre nosotros. La misma no mostraba más que una serie de códigos que me resultaron incomprensibles.

-Esta información está clasificada para que nadie, excepto nosotros dos, pueda leerla- Dijo Ulric, mientras apretaba diferentes sectores de la pantalla- Está adaptada a nuestros códigos genéticos... pulsá el rectángulo que está en el espacio superior derecho.

Cuando hube realizado la acción indicada, las otras pantallas que habían permanecido inactivas se abrieron y amalgamaron entre sí, para formar una única imagen. Sentí que un frío indecible recorría cada fibra de mi cuerpo.

Frente a mí podía ver, con todo detalle, algo que jamás había creído volver a ver.

-¡Es la cruz que tenía el sacerdote en su mano!- Dije, sin poder creer lo que estaba viendo- ¡Es esa maldita cruz daga!

-La Cruz Daga del Diablo... –Me dijo Ulric, mientras abría otros documentos- Uno de los instrumentos esotéricos más buscados de todo el mundo.

Al oír ese nombre, el temor atenazó todos mis sentidos. A mi alrededor, la realidad tremoló como si se tratara de un sueño. El rostro de Ulric pareció transfigurarse en algo más. Algo terrible, de aspecto corrupto y ojos hinchados.

En ese momento sentí que el mundo que tanto creía conocer se caía a pedazos, revelando una realidad aterradora. Unas voces quedas, como murmullos, llegaron a mí.


(Ia Ia Thoy kansara Meight kansara Thoy Mhalyoght)


-“Tengo que irme de acá lo antes posible, antes que mi maldición contamine a esta buena gente- Pensé- Ellos no merecen mi suerte.”

Hice un titánico esfuerzo por no huir de allí en ese mismo momento, abandonando el único refugio que me quedaba en este mundo. Si bien se trataba de una impostergable decisión, sabía que primero debía averiguar algunas cosas antes de mi partida.

-Esta cruz es portadora de una larga y terrible historia- Dijo Ulric, cuyo entusiasmo evitó que se diera cuenta de mí alterado estado de ánimo- Tan vieja es que incluso ha sido olvidada por casi todos. Ni siquiera se sabe quién fue su creador.

“Las primeras referencias sobre este instrumento datan de hace unos 700 años, cuando una congregación religiosa conocida como La Compañía de Jesús la encontró escondida en la cripta de una iglesia en Valladolid. Los motivos por los cuales se hallaba allí no fueron muy claros, pero parece ser que la mismísima Inquisición la había guardado en ese sitial un par de siglos atrás. Según pude intuir, a medida que fui obteniendo más información, esa Cruz Daga cargaba con una antigua maldición, ya que aparentemente había sido usada por su olvidado creador en una serie de espantosos sacrificios humanos...

-¿Y porque no fue destruida, si era considerada una herramienta del mal?

-Ojalá pudiera darte una respuesta más concreta al respecto... tal vez eran tan inocentes, o estúpidos, como para creer que sus buenas acciones la podrían transformar en un arma del bien o quizá estuviera protegida por alguna fuerza que desconocemos ¿No te acordás que me contaste que parecía brillar como si estuviera vida propia?

Tan solo pude asentir con la cabeza, tan pasmado estaba ante los recuerdos que se agolpaban en mi mente.

-Disculpame por traerte a colación ese recuerdo. Ahora estás a salvo con nosotros... creo que es mejor que termine de contarte todo lo que pude averiguar. - Dijo el profesor, apretándome el brazo con afecto- Como te venía diciendo, Los Jesuitas guardaron esa perversa cruz en un cofre consagrado, con el fin de mantenerla apartada del devenir de la humanidad. Pero no habían tomado en cuenta las ambiciones de poder inherentes en el hombre. Una facción sediciosa de la iglesia y algunos corruptos nobles habían unido sus fuerzas para formar La Cofradía de la Cruz Daga, una orden herética cuya principal meta era apoderarse de ese objeto maldito. Para estos impíos, la Cruz del Diablo era más que sagrada.

Ulric señaló los afilados bordes de la cruz, en donde podían ser leídos una serie de intrincados jeroglíficos.

-Mhalyoght... Sh-Utor... Ethreum… Ibtha… Lititz… Thargost… Impheros.

-¿Que significan esas palabras?- Pregunté, estremecido por esos vocablos que habían salido de la boca de mi amigo cual si fueran una oscura blasfemia.

-Los venerados nombres de los Siete Grandes Durmientes... los caminantes de las dimensiones de afuera... los señores del tiempo... los que acechan- Ulric parecía hablar como un poseído, quizá excitado por todo el conocimiento obtenido en tan pocas horas de trabajo- Los que acechan.


(Los que acechan)


-¿Cómo llegó la cruz a ese pueblo que visitamos con la Juan Salvo? ¿Pudiste averiguar algo más?

-Hubo una guerra por la posesión de la Cruz Daga entre la Compañía de Jesús y la Cofradía, que duró casi 100 años, en la cual la primera se llevó la peor parte. Viendo que el enemigo se hallaba cerca de obtener lo que tanto deseaba, un grupo de religiosos trasladó la cruz a América, en un intento para que no pusieran sus manos sobre ella. Por supuesto a ninguno de los religiosos se le ocurrió destruirla... y esa fue su perdición. Según se supone, la Cruz Daga cayó en manos de la Cofradía en 1767, cuando el rey Carlos III de España ordenó, a instancias de uno de sus allegados que había abrazado la demoníaca fe, que le fueran expropiadas todas las pertenencias a los Jesuitas, entre ellas esa cosa que viste esa noche. No te voy a relatar en esta terrible noche, pues no creo que sea conveniente, los hechos nefastos que estuvieron relacionadas con la misma. Alimentada con la sangre de muchas víctimas inocentes, la Cruz del Diablo creció en poder y con ello aumentó la prosperidad de la Orden. Todo fue así hasta una noche de 1934 en que ocurrió una terrible catástrofe que acabaría con todo eso. A raíz de ciertas luchas de poder, la Cofradía de la Cruz Daga se dividió en dos facciones, las cuales trataban de imponerse una sobre otra. Ello degeneró en una feroz y sangrienta contienda, que diezmó a una buena cantidad de sus principales integrantes.

-La Cruz te da poder... pero, de alguna forma, te quita la poca humanidad que poseés- Dije- Las ansias de poder y de inmortalidad te pueden transformar en un terrible monstruo sediento de destrucción.

-De los sobrevivientes de este terrible hecho, nació la Iglesia Crepuscular del Gran Advenimiento- Agregó Ulric- La misma se retiró a un rincón olvidado del mundo, en esos momentos inmersos en otras locuras más reales que unos imaginarios seres monstruosos, llevándose consigo ese terrible instrumento. Pero, a pesar de estar olvidados, ellos no dejaron de lado las prácticas de su magia arcana. Sus extraños dioses fueron uno con los sacerdotes y acólitos. Los cuerpos de estos últimos fueron deformándose en una mutación difícil de ser explicada, hasta que se transformaron en algo que ya no era para nada humano.

-Los monstruos que batían los tambores... –Dije con un hilo de voz.

-Ellos son solo una parte de ese horror engendrado. Las bestias que viste en el altar eran Los Ghurines. Cuerpos de niños, apenas nacidos, que fueron poseidos por demonios- Me respondió- Infelices y espantosos esclavos de un poder mucho mayor... un poder que jamás podremos llegar a comprender.

El silencio se hizo nuevamente entre nosotros, como si se tratara de una pesada carga. Afuera, el fuego de los cielos había dejado paso a una oscura noche cargada de titilantes estrellas, fríos ojos distantes que parecían mirar con indiferencia nuestros pesares. La Luna, por suerte, había desaparecido tras la línea del horizonte.

-Los integrantes del culto se escondieron para siempre de los acontecimientos humanos y se transformaron en leyenda... un cuento para asustar a los chicos- Ulric encendió su pipa y se recostó en su sillón- En esos tiempos las comunicaciones era bastante primitivas, lo cual facilitaba el poder permanecer apartado. La zona sur de América, que por esos tiempos era conocido como Argentina, era un lugar más que ideal para que ellos pudieran prosperar sin que nadie los molestara. Allí podrían permanecer a la espera de tiempos más propicios para que sus dioses pudieran volver a ser.

-¡La Argentina!- Exclamé- Yo nací en la periferia de Megabaires, que formaba parte de ese país, antes de la unificación suramericana. Según recuerdo, poco antes de salir de allí me llamó la atención la gran fuerza que tenían las sectas sobre la población.

-Tuviste suerte que Megabaires no fuera el lugar donde se asentó la secta, ya que si hubiera sido así, dudo que hubieras podido escapar tan fácilmente- Ulric rebuscó entre una serie de pantallas. El holograma de un globo terráqueo se desplegó- Este mapa lo elaboré en base a las noticias que pude obtener de Overnet, con respecto a las sectas que han prosperado en estos últimos años. Voy a hacer un progreso inverso, desde la última información obtenida hasta la primera. Lo que vas a ver te va a aclarar la forma en que descubrí el probable paradero de la Cruz Daga.

Miles de puntos rojos, muchos de ellos en apretada formación, aparecieron por toda la superficie del globo. A medida que Ulric hacia retroceder la imagen en el tiempo, la cantidad de puntos fueron mermando y me permitieron una mejor visión de todo el panorama.

-Las mayores concentraciones se ubican en las grandes capitales- Murmuré. Dirigí mi vista a un punto en especial- Ciudad Helios parece ser la más afectada por el problema (”¡Querida Annah!... ¿Qué será de ti?”)

-Las ciudades más importantes, especialmente las grandes capitales, siempre han sido el caldo de cultivo para que una idea o un concepto pueda expandirse con facilidad. Pero ese no es el asunto que quiero que veas... lo que me interesa es que prestes atención a lo que pasa con Suramérica.

Aparté mi atención del sitio de mis preocupaciones y examiné detalladamente lo señalado por mi amigo. Me sorprendí cuando pude ver que la profusión de puntos en ese lugar era mucho mayor a los que aparecían en el resto del mundo.

-El foco del mal- Sentí que el temor volvía a aposentarse en mi corazón, al darme cuenta que la verdad estaba siendo expuesta en toda su crudeza.

-Exacto... –Respondió Ulric, mientras presionaba uno de los botones del omnicontrol. El mapa suramericano se apartó del resto, permitiéndome tener una mejor visión- Si observás bien te vas a dar cuenta que, a diferencia del resto de los países, la concentración de hechos relacionados con sectas no se halla ubicado sobre Megabaires, sino más al sur... cerca de la cordillera de los Andes.

-Conozco bastante bien ese lugar... se trata de una zona salvaje y desértica conocida con el nombre de Patagonia. Hay muy pocas poblaciones, las cuales aún hoy permanecen apartadas de la civilización. Estuve allá hace más de diez años, desarrollando mi tesis sobre mapeo genético del ganado ovino. Esa soledad me abrumó.

-El sitio ideal para prosperar sin que nadie te moleste.

-Es una zona demasiado vasta para realizar una búsqueda en tan poco tiempo y con tan escasos recursos. No sabemos dónde pueden esconderse.

-Creo que sé dónde podés iniciar tus investigaciones...

Ulric permaneció unos instantes en silencio, como si temiera decir más de lo debido, mi ansioso gesto terminó por decidirlo.

-A principios del siglo 20, un tal Phillipus de Tormesolle y un grupo de seguidores, fundaron el pueblo de San Blas. Se desconocía la procedencia de los mismos, aunque se supuso que provenían de Europa. Era gente de extraña e inquietante presencia, que no pasaron desapercibidos a las miradas de los pobladores de la zona, siempre dispuestos a escuchar habladurías y creer en oscuras supersticiones. En muy poco tiempo San Blas obtuvo un rápido progreso, gracias a la cría de ganado y a las extensas plantaciones de vides, que se asentaban en las laderas cordilleranas. Este éxito vertiginoso, que difería notablemente del resto de los poblados que había en las cercanías que se debatían entre la pobreza y la privación, trajo consigo la desconfianza y el temor entre los campesinos. Eso poco le importó al floreciente pueblo, que se había transformado en el punto de referencia económico de la provincia...

La imagen de un viejo diario provincial, con fecha de 1953, se desplegó. En el mismo pude leer:-

PROMETEDOR PROYECTO PARA EL PUEBLO DE SAN BLAS

-Con un costo aproximado a quinientos mil pesos, para el año entrante el gobierno provincial pretende extender un tramo de la ruta provincial 24 hasta la floreciente población de San Blas, auténtico punto de referencia económico de la región...


-Todo parecía perfectamente normal... pero era evidente que algo muy malo se cernía sobre San Blas, pues de la noche a la mañana no se supo más sobre él- Habló Ulric desde las sombras- Ni la menor mención o registro de su existencia. Algunos diarios zonales, días antes de esta extraña desaparición, hablaron sobre inquietantes sucesos en los que habían estado involucrados la desaparición de los hijos de los lugareños. Los aterrorizados habitantes de los pueblos vecinos echaron las culpas de sus desgracias a un supuesto culto arcano practicante de magia negra, el cual se escondía en el mencionado San Blas. Pero luego nada... la historia de este misterioso pueblo dejó de ser a partir de una noche de 1954, como si jamás hubiera existido sobre la faz de la tierra. Los hechos que te acabo de contar no hubieran llamado mi atención si no fuera por la noticia que encontraste. Ello me llevó a una nota anterior, en la cual se hablaba de un procedimiento policial contra una secta, llevado a cabo en una zona cordillerana cercana a un pueblo conocido como San Blas.

-¡Entonces, ese pueblo todavía existe!

-Eso es lo que supuse al leer el artículo. Espoleado por esa noticia, continué investigando el posible paradero sobre San Blas. Ello me llevó a descubrir una muy antigua leyenda sobre el lugar en el que podría estar asentado, que ya era conocido mucho antes de que el hombre blanco apareciera por allí. Según los primitivos habitantes, ese sitio era conocido con el nombre de R´ngalnko dumiñ, que en el idioma mapuche significa Pozo Oscuro, una tierra maldita que en eras anteriores a la existencia de la humanidad había sido habitada por unos demonios llamados Los Grandes Durmientes.

-Todo coincide... –Dije, luego de meditar largamente lo que me contara Ulric- y resulta evidente que para saber más debemos encontrar a ese pueblo ¡Tengo que partir de inmediato!

Miré a mi amigo, en una suerte de silenciosa invitación a venir conmigo. A pesar de haber tomado de antemano la decisión de abandonar Zurich en solitario, no podía dejar de sentirme hermanado con alguien que tanto había ayudado en una casi imposible línea de investigación.
Me sorprendí mucho al reparar en la profunda tristeza que se pintaba, indeleble, en el rostro de Ulric. Dándose cuenta de mi gesto interrogante, me miró con una fijeza estremecedora y dijo:-

-Lamentablemente, vas a tener que continuar solo con tu búsqueda. Hace un par de días encontré una serie de manchas en mi cuerpo, las cuales han ido creciendo de forma alarmante...

“Estoy infectado Dewan… y dudo que viva más allá de unos pocos meses.


FIN DE LA SEGUNDA PARTE

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