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viernes, 12 de febrero de 2016

HISTORIAS DE MUCHO MIEDITO (4)

EL ATAQUE DE LOS DUENDES EXTRATERRESTRES… O ALGO PARECIDO
“Que son estas cosas, de donde vienen y porque vienen, son preguntas que dudo pueda contestar alguien.”
Frank Edwards
Flyng Saucers: Serious Business (1966)

Era un fin de Semana Santa de mediados de la década del 70 cuando tuve la oportunidad de avistar un OVNI.

Recuerdo que ya era de noche, cuando mi madre entró al comedor en donde me encontraba mirando la televisión con mi papá y, con voz apática, nos dijo:-

-A ustedes que les gusta esas cosas raras vayan a ver lo que hay en el cielo.
-RECREACIÓN DIGITAL DE LO QUE VI ESA
NOCHE DE SEMANA SANTA-

Extrañados ante ese extraño comentario, fuimos al patio y dirigimos nuestra mirada hacia la estrellada noche. Enorme fue nuestra sorpresa cuando pudimos observar un punto de luz de color naranja que se desplazaba por el cielo de manera zigzagueante. Aun no repuestos del asombro, mi atención se dirigió hacia otro sector del cielo. Con voz trémula por la emoción, casi grité:-

-¡Mirá lo que hay allá!

A una distancia difícil de determinar, una inmensa y silenciosa estructura esferoide de un casi espectral color naranja pálido avanzaba de manera zigzagueante por sobre nuestras cabezas. De su parte trasera se podía ver una estela blanquecina que lo hacía parecer a un desproporcionado renacuajo o algún tipo de criatura de naturaleza totalmente orgánica.

El desplazamiento de la misma era sumamente lento y ello nos permitió poder observarla con gran atención y detalle. La increíble visión duro aproximadamente unos 10 minutos y en esos momentos lamente mucho el no poseer una cámara fotográfica que retratara ese encuentro con lo desconocido.

Mientras subía a la terraza para poder verlo mejor, el enorme vehículo se fue alejando hacia el horizonte adquiriendo la forma típica de un plato volador con una luz roja en su centro. En tanto, el pequeño punto de luz color naranja se detuvo de manera brusca y se elevó en el cielo para terminar desapareciendo.

¿Un encuentro cercano con una nave de origen extraterrestre? ¿Un fenómeno meteorológico de naturaleza desconocida? ¿Una ilusión óptica? ¿Un proyecto secreto del ejército estadounidense? ¿Una colosal criatura, una Moby Dick cósmica, que pasó a poca distancia de nuestro planeta?

Realmente no lo sé… solo sé que vi lo que vi y esa experiencia se encargó de alimentar mi imaginación y mi amor por todo lo que estuviera relacionado con la posibilidad de vida extraterrestre.

El tema de los OVNIS es tan viejo como la historia misma de la humanidad. Viejos escritos y bajorrelieves suelen hablarnos de los carros del cielo o los vehículos de los dioses que, una y otra vez, han visitado nuestro planeta a lo largo de la ajetreada historia de la humanidad.

En tiempos más actuales, la primera observación oficial ocurrió el 24 de junio de 1947, cuando el piloto Kenneth Arnold avistó desde su avión una formación de extraños objetos plateados desplazándose por el cielo.

Numerosos fueron los casos reportados desde mediados del siglo XX, los cuales iban desde el simple avistamiento de una luz que se desplazaba a gran velocidad hasta inquietantes raptos de personas por parte de criaturas que realizaban crueles experimentos con sus victimas… entre ellos el tan temido (o deseado) sondaje rectal.

Preocupados ante la paranoia nacida a expensas del creciente número de avistamientos, las fuerzas armadas de muchos países (principalmente los EE.UU. y Rusia) se dedicaron a realizar extensas investigaciones sobre este notable fenómeno. Muchos de los avistamientos fueron fácilmente  refutados como mentiras o avistamientos erróneos de diferentes objetos voladores conocidos (bandadas de pájaros, aviones experimentales, globos meteorológicos e incluso ¡la Luna!) pero muchos otros no lograron tener nada en contra que pudiera descalificarlos como encuentros cercanos con platos voladores.

Uno de ellos me llamó la atención desde el primer momento en que leí el caso en la revista 2001: Periodismo de anticipación # 28 (11/1970). El mismo, que puede ser catalogado como un encuentro cercano del tercer tipo, fue conocido con el nombre de el Caso de los Duendes de Hopkinsville.
En la noche del 21 de agosto de 1955, la colonia de Kelly (situada al norte de Hopkinsville-Kentucky) fue testigo de uno de los casos más terroríficos que se encuentran relacionados con el tema OVNI

Todo dio inicio en la granja de la familia Sutton, cuando los miembros de la familia (Elmer, Vera, John, Alene, Glenie, Lonnie, Charlton y Mary) y unos amigos que estaban de visita (Billy Ray Taylor y su esposa June) se hallaban reunidos en la casa. 

Cuando alrededor de las siete de la tarde Billy Ray salió de la vivienda para buscar algo de agua del pozo, pudo ver que un resplandeciente objeto circular se movía lentamente en línea recta por el cielo. Al poco de haberlo avistado, el  mismo se posó en el lecho seco de un río que se encontraba detrás de un pajar. Cuando le informó al resto de los presentes de su observación, estos se burlaron de él diciéndole que probablemente había visto la caída de una estrella fugaz.

No pasó ni una hora cuando los perros de la granja comenzaron a ladrar furiosamente, alertando sobre la presencia de un extraño. Al salir para ver qué estaba sucediendo, se sorprendieron ante una escena totalmente inusual. A unos 15 metros se encontraba una criatura que parecía emitir un brillo fosforescente, la cual se estaba acercando hacia ellos con los brazos en alto.

Según la descripción de los testigos se trataba de una especie de ser humanoide de alrededor de 1.10 metros de altura que se hallaba vestida con un traje metalizado. Su cabeza era más grande que el cuerpo, con orejas puntiagudas y ojos saltones. Sus brazos eran muy largos y culminaban en afiladas garras. 

Según el relato de Vera Sutton: “Era brillante como lámina de aluminio y caminaba como un hombre viejo… o como una especie de mono… la mayor parte del tiempo apoyando las manos.”

Asustados ante la misteriosa visión, Elmer Sutton y Billy Ray no tuvieron mejor idea que emprenderla a los disparos contra los inoportunos visitantes, utilizando para ello una escopeta y una pistola calibre 22. Con un sonido metálico, las balas golpearon a la criatura haciéndola caer hacia atrás. Lejos de matarla, la misma volvió a levantarse y huyo del lugar. En ese mismo momento, Billy Ray notó que una mano tomaba sus cabellos. 

Una de las criaturas se encontraba acechándolo sobre el techo de la casa.

Aterrados ante una situación que parecía estar escapándose de sus manos, toda la familia se encerró en la casa con llave y apagó las luces. Cuando estaban encendiendo la luz de la entrada, una de las mujeres gritó horrorizada cuando pudo ver que algo estaba espiándolos a través de la ventana del comedor. En efecto, todos pudieron comprobar la presencia de uno de los seres,  al que dispararon varias veces hasta que desapareció en la creciente oscuridad de la noche.

Luego de 20 minutos de aterradores sonidos en las paredes y techo, disparos y ladridos enloquecidos de los perros, los hombres finalmente se aventuraron a salir al exterior. Una vez allí pudieron ver a uno de los seres simiescos subido a un árbol y a otro desplazándose por el techo. Si bien hicieron numerosos disparos sobre las mismas, las balas parecían no hacerles ningún daño. Incluso, el ser que se encontraba en el árbol cayó del mismo de manera tal que parecía estar flotando.

Viendo la inutilidad de sus actos intimidatorios, los hombres volvieron a la casa y a eso de las 11 de la noche decidieron abandonar la granja para dirigirse con premura hacia la comisaría de Hopkinsville. Si bien el jefe de policía Russell Greenwell no se sintió demasiado inclinado a creerles, los rostros asustados de los mismos lo decidieron a dirigirse con algunos agentes hacia la granja asediada. Una vez allí pudieron ver las marcas producidas por la furiosa balacera y una mancha luminosa en una cerca que desapareció misteriosamente antes de poder ser analizada.

El propio Greenwell comentaría con respecto a la investigación realizada: “No hay duda en mi mente de que estas personas, hasta la última de ellas, estaban aterrorizadas cuando llegaron a Hopkinsville el domingo por la noche. No hallamos una sola pequeña huella de pisadas, es verdad, pero ese terreno se encontraba tan duro y seco que un tractor no hubiera dejado mucho rastro sobre el. Yo tampoco dejé huellas de pisadas, así que la ausencia de ellas no prueba nada; ¡Nadie, con un poco de juicio, habría esperado hallar una sola de esas condiciones! Esa gente vio algo extraño. No sé qué fue, pero lo vieron y dispararon contra lo que fuera, a través de las ventanas, las puertas y los lados de la casa. Allí están los agujeros para probarlo.”

Cuando la policía se hubo retirado del lugar a las dos y cuarto de la madrugada, los misteriosos visitantes volvieron a las andadas hasta poco antes del amanecer… como si se estuvieran divirtiendo a costa del manifiesto terror de los ocupantes de la casa. Posteriormente desaparecieron para no dejarse ver nunca más.

Afortunadamente, otros testigos de la zona se encargaron de validar la historia narrada por los integrantes de la granja Sutton (entre los cuales se encontraba un agente estatal de carreteras) quienes hablaron sobre la presencia de objetos voladores que parecían meteoros.
El evento acontecido cobró estado público de manera inmediata. El 22 de agosto los diarios Kentucky New Era y Evansville Press reportaron una batalla a balazos con “hombrecitos del espacio”. Ese mismo día la noticia se hizo eco en la cadena radial WHOP, en donde el locutor Andrew Ledwith entrevistó a siete de los testigos, realizando incluso algunos dibujos de las criaturas en base a las informaciones dadas por los presentes en el programa.

Pocos días después, el mayor Albert Coren fue enviado desde Fort Campbell con el fin de investigar todo el asunto e interrogar a los testigos. Posteriormente, se negaría totalmente que eso hubiera sido llevado a cabo. Semanas más tarde, un par de individuos, que se identificaron como vendedores, estuvieron realizando muchas preguntas sobre lo sucedido entre los vecinos de la zona.

En el año 1956, la CIA ordenó que se llevara a cabo una investigación concienzuda sobre dicho avistamiento, la cual estuvo a cargo de un hombre llamado John Mullholland, un tipo dedicado a escribir sobre los trucos de magia. Para la agencia, escribió un libro llamado The Official CIA Manual of Trickter and Deception (Manual Oficial de la CIA de tretas y engaños) en el cual es nombrado el caso de Hopkinsville, pero sin tomar partido sobre la veracidad o no del mismo.

El evento Hopskinville-Kelly se transformaría en uno de los encuentros cercanos de tercera fase más paradigmáticos de la ufología mundial, siendo intensamente investigado por gente como J. Allen Hynek, Isabel Davis, Allan Hendry y Frank Edwards. Incluso fue mencionado en el famoso proyecto Blue Book, llevado a cabo por la fuerza aérea norteamericana entre 1952 y 1969, como un caso sin explicación o un fraude muy bien realizado.

Debido a la gran afluencia de fans de los OVNIS en la granja y el descrédito creciente de muchos, la familia decidió mudarse del lugar en un intento por tratar de olvidar esa nefasta noche de horrores.

Lo más extraño de este caso fue que una semana atrás, en el río Ohio que se halla cerca de Evansville (Indiana), habían sido avistados objetos brillantes desplazándose por el cielo. A todo eso se sumó el relato de la señora Darwin Johnson que fue atacada mientras nadaba por unas criaturas que le infligieron cortes en todo su cuerpo. Las mismas eran exactamente iguales a las descritas por la familia Sutton.

¿Extraterrestres con intenciones malévolas o simplemente criaturas burlonas que se divirtieron de nuestra primitiva y asustadiza humanidad? ¿Hay inteligencias más allá de nuestro planeta que nos observa de manera desapasionada cual si fuéramos simples hormigas? ¿Ocultan los grandes gobiernos la verdad sobre las visitas extraterrestres? ¿Qué hay atrás del gran misterio de los OVNIS?

No lo sé a ciencia cierta, como tampoco sé que es lo que realmente vi en aquella lejana noche de Semana Santa. Como única respuesta, tan solo me queda citar un diálogo que aparece en Hamlet:-

“Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía”
A MI NO ME MIREN... YO NO TUVE NADA QUE VER CON ESE ASUNTO

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