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domingo, 4 de noviembre de 2018

SU SECRETO- Daniel H. Barragán

He descubierto su secreto. Por fin sé su escondido secreto.
Casi por una casualidad, o quizá por las voces de mi corazón
que retumban ensordecedoras cuando estoy a su lado
y percibo el incontenible poder de su existencia.

Ella es como una tigresa salvaje, indomable, formidable.
Una feroz criatura de arrolladora belleza, una fuerza primigenia,
un poder elemental nacido en la noche de los tiempos
que puede llegar a herir profundamente
a todo aquel que no esté preparado para llegar a contenerla.

Ella es un ser libre, una deliciosa criatura imposible de conquistar,
una tentadora presa que muchos han intentado domar,
ignorantes cazadores ganados por el deseo de convertirla en un trofeo
que pueda destruir, de alguna manera, el extraño temor engendrado ante ella,
sin ser en absoluto conscientes que ese es, y a sido, su más craso error.

Ella es pura vitalidad. Poderosa determinación, avasalladoramente intensa.
Ella es como la marea. Una tormenta que destruye todo, pero que renueva,
dejando tu ser desnudo a increíbles sensaciones, al éxtasis de una nueva existencia
en la cual ella, fiel amante, entregará de sí alma, corazón y carne.

Ella es el fuego elemental, destructor y dador de vida
pues de su interior emana un brillo tal que te enceguece,
e ilumina nuevos caminos, devasta prejuicios, alimenta emociones,
te envuelve en el calor de su alma y te transforma.

Y yo sé su secreto. Por fin se su más escondido secreto.
Casi por casualidad, tales son los misterios de las pasiones que habitan en todos,
pues ella es la indiscutible dueña de mi corazón ya cansado de tristes historias.
De amores perdidos. De sueños derrocados por la molicie cotidiana.

Ella no es como cualquiera que he conocido, y eso la vuelve única a mis ojos.
Ella es poderosa, indomable, salvajemente hermosa.
Yo he podido vislumbrar esa feroz voluntad en la cual fue inspirada
con un poder tal que atrae, incontenible, cada fibra de mi agitada alma.

Ella no es alguien pasible de ser conquistada cual si fuera un premio
o una débil presa a la cual enjaular para satisfacer ignominiosos placeres.
Ella es una mujer en toda la potestad de su extraordinaria presencia.
Ella es un espíritu libre. Un corazón feroz. Un alma ahíta de pasiones.

No me siento un cazador y mucho menos un conquistador.
No quiero ser su dueño, ni atraparla y, mucho menos, dañarla.
Soy tan solo un hombre que, con manos desnudas y corazón abierto,
se encuentra dispuesto a dejarse llevar por el placer de su descubrimiento,
aguardando, a veces sin esperanzas, el poder ganar su muy esquiva confianza.

Aun a riesgo de recibir profundas heridas, o de ser devorado,
con paso firme, a ella me acerco con la mano tendida
dispuesto a entregar todo mi ser ante su feroz comparecencia
y, en algún momento soñado, poder llegar a abrazarla, sin querer atraparla.
A contenerla con mi boca, mi cuerpo todo, sin pensar jamás en enjaularla.

Ofrecerle una caricia, una flor o un poema apenas esbozado
para que por fin pueda descansar en mi regazo y así poder cuidarla.
Pues yo sé su secreto, su más escondido secreto
Ese secreto gracias al cual he aprendido a amarla.

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