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domingo, 16 de junio de 2013

EL HOMBRE DE ACERO (The Man of Steel -2013-)

EL MUNDO NECESITA DE UN HÉROE

El Hombre de Acero (Man of Steel- Warner Bros./Legendary Pictures/Syncopy/DC Entertainment/Third Act Productions -2013-)

Producción: Wesley Coller, Christopher Nolan, Jon Peters, Lloyd Phillips, Charles Roven, Deborah Snyder, Emma Thomas y Thomas Tull.

Director: Zack Snyder.

Guión: David S. Goyer y Christopher Nolan (basado en el personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster).

Música: Hans Zimmer.

Fotografía: Amir Mokri.

Diseño de producción: Alex McDowell.

Decoración de escenario: Anne Kuljian.

Diseño de vestuario: James Acheson y Michael Wilkinson.

Efectos especiales: Double Negative, Gentle Giant Studios, Gimzi Studios, Moving Picture Company, Pixel Liberation Front, Teamworks Digital, Twenty One y Weta Digital.

Protagonistas: Henry Cavill (Clark Kent/Superman), Amy Adams (Lois Lane), Michael Shannon (General Zod), Diane Lane (Martha Kent), Russell Crowe (Jor-El), Antje Traue (Faora-Ul), Harry Lennix (General Swanwick), Richard Schiff (Dr. Emil Hamilton), Kevin Costner (Jonathan Kent), Ayelet Zurer (Lara Lor-van) y Lawrence Fishburne (Perry White).

Duración: 143 min.

Cuando a mediados de la década del 30 unos jovencitos llamados Jerry Siegel y Joe Shuster crearon a un héroe con habilidades muy particulares que lo colocaban por encima del hombre corriente, jamás llegaron a imaginarse que el mismo se transformaría en un icono socio-cultural de mediados del siglo XX. 

Y no fue solamente eso.

Superman también se transformó en la puerta de entrada para que los comics de superhéroes pudieran erigirse, a pesar de los altibajos, como dueños indiscutidos del mercado a lo largo de sus 75 años de existencia. Gracias a él, personajes tan conocidos como Batman, La Liga de la Justicia, Linterna Verde, El Capitán América, Spider-Man, Los Hombres X, Los Cuatro Fantásticos, Hellboy, Spawn y tantos otros jamás habrían llegado a ver la luz o, por lo menos, no hubieran sido tal como los conocemos en la actualidad.

La andadura de Superman en los comics y las tiras de prensa no fueron suficientes como para poder contener el éxito generado por esta creación y muy pronto su estampa heroica llegaría a las pantallas de cine y, posteriormente, a la televisión.

Gracias a la técnica conocida como Rotoscopía, en 1941 los hermanos Fleisher (creadores de las versiones animadas de Betty Boop y Popeye) llevaron a las pantallas de los cines una serie de cortos de excelente factura y que resultan altamente recomendables, aun para los cánones actuales que imperan en este medio cinematográfico.

En años venideros, dos seriales de la Columbia Pictures -Superman (1948) y Superman vs. The Atom Man (1950)- se encargarían de mostrarnos a un héroe de carne y hueso. Las mismas contaron con las actuaciones de Kirk Alyn, Noel Neill, Carol Forman, Tommy Bond y Lyle Talbot.
Pero el gran éxito llegaría de manos de un actor casi desconocido llamado George Reeves que se convertiría en el primer Superman definitivo del cual tengo un gran recuerdo. Con una película (Superman & The Mole Men -1951-) y nada menos que 103 episodios televisivos, Reeves se ganó la incondicional admiración de cientos y cientos de niños que, arrobados ante sus heroicas hazañas, no se perdían ninguno de los episodios que eran emitidos cada semana.

Tuvimos que esperar casi 20 años, y algunos dibujos animados de detestable calidad, para que el supertipo volviera al ruedo. En 1978, los estudios Warner Bros. y el director Richard Donner estrenaron en los cines Superman La Película (Superman The Movie) y con ella llegaría la segunda versión definitiva del hijo de Krypton.

Gracias a los increíbles efectos especiales de la época (tengan en cuenta que la animación computada ni siquiera era una idea), la música a cargo del genial John Williams, un elenco multiestelar (nada menos que Marlon Brando, Gene Hackman, Glenn Ford, Margot Kidder, Susannah York y Trevor Howard) y el carisma de un desconocido Christopher Reeve, que le impuso a su personaje las características propias que le eran inherentes, la película terminaría recaudando algo más de 300 millones de dólares. ¡Un negoción!

Superman había vuelto a transformarse en el héroe de todos y en un negocio más que rentable.

Como los de la Warner no eran ningunos tontos, muy pronto salió al ruedo Superman II (1981), esta vez dirigida por Richard Lexter, que resultó ser tan exitosa como su predecesora. La gloria parecía estar sonriéndole al hijo dilecto de la DC Comics.

Lamentablemente esta sería la última producción del hombre de acero… exitosa, claro está.
En 1983 llegaría la insoportable Superman III (Richard Lexter) y en 1987 la nefasta Superman IV: En Busca de la Paz (Sidney J. Furie). Gracias a ellas, la fama de Superman en los cines cayó de manera estrepitosa, un hecho que puso fin a cualquier idea que hubiera para continuar con la saga.

En la década de los 80, los comics del hombre de acero sufrían de una chatura creativa tan grande que fue necesario llevar a cabo la reformulación de un héroe que poco a poco iba cayendo desde las alturas hacia los oscuros abismos del olvido. A instancias del evento comiquero conocido como Crisis en Tierras Infinitas, a cargo de Marv Wolfman y George Pérez, el dibujante y guionista canadiense John Byrne, que ya había sido ampliamente conocido por su trabajo en la Marvel (X-Men y Los Cuatro Fantásticos), se encargó de revitalizar totalmente el pasado de nuestro querido héroe, “aggiornándolo” magistralmente a los nuevos tiempos e ideales que imperaban por entonces.

Luego de la retirada de Byrne de DC Comics, la andadura del hombre del mañana continuó de manera irregular, según el escritor o dibujante que le tocaba en suerte, pero en ningún momento se dio la más mínima señal sobre alguna nueva realización en el cine… a excepción  del fallido proyecto que iba a estar a cargo de Tim Burton y que iba a ser protagonizada por Nicholas Cage.

Por esas épocas, la posta fue tomada por la televisión con series como Superboy, Lois & Clark: Las Nuevas Aventuras de Superman, la excelente Superman: La Serie Animada (y sus numerosos derivados) y la exitosa Smallville (Con un joven Clark dándole a cuanta mujer se le ponía por delante).
Pero los fans no estábamos conformes… ¡Queríamos más!

Y los indicios de que Superman volvía a las pantallas nos llegarían en el 2006, cuando los Estudios Warner decidieron (luego de innumerables idas y venidas) estrenar la megaproducción Superman Returns, la cual estuvo dirigida por Bryan Singer (X-Men).

Lamentablemente, por lo menos para mí que esperaba otra cosa, esta versión muy poco osada con ciertos toques existencialistas y filosófico-religiosos generó una profunda controversia entre los fans. Hubo quienes la alabaron incondicionalmente, destacando la visión heroica aportada por Singer y elucubrando una serie de interpretaciones para cada una de las escenas del film, y hubo otros tantos que se encargaron de defenestrarla totalmente, criticando el tratamiento de las situaciones y los personajes, con Brandon Routh a la cabeza, con un guión que intentaba recrear una historia que ya había sido contada varias décadas atrás.

La película no respondió a las expectativas que la Warner había puesto sobre ella, pero aun así no dejó que el mito del hombre de acero volviera al freezer. A partir del 2008, comenzó a ser planeada una nueva producción en un intento por devolverle la gloria a un personaje que hacía bastante tiempo venía de capa caída.

El resultado final fue El Hombre de Acero (The Man of Steel -2013-) y, cuando los fans se enteraron de quienes se habían implicado en el proyecto, saltaron de alegría ante la buena nueva.

A instancias del guionista David S. Goyer, que le había presentado una idea sobre una nueva versión de Superman, el director Christopher Nolan –que había encumbrado a la categoría de mito moderno al hombre murciélago –  presentó la misma a los ejecutivos de la Warner, los cuales le dieron de manera inmediata el visto bueno.

No dispuesto a dirigirla, pero si a producirla junto a su esposa Emma Thomas, Nolan se embarcó en la difícil búsqueda de el director que estuviera acorde con el personaje y su historia.
Ese dudoso privilegio, ya que hubo muchos que se bajaron del proyecto por considerarlo un plato demasiado difícil de digerir, recayó sobre Zack Snyder. Este director, dueño de un concepto visual  muy particular, ya había incursionado previamente en el mundo de los comics con sus adaptaciones de la Graphic Novel escrita y dibujada por Frank Miller: 300 (2007) y la magna obra de Alan Moore y Dave Gibbons: Watchmen Los Vigilantes (Watchmen -2009-).

Al respecto de esta nueva versión de Superman, Nolan diría: “Durante demasiado tiempo las interpretaciones modernas del superhéroe de DC Comics pidieron disculpas por lo anticuado de sus orígenes. Buscaron disimularlo en entornos contemporáneos en lugar de abrazar una mitología esencial que era eterna como el propio personaje. ¡Muchachos!... ¡Es Superman! ¡Es el rey padre! ¡Todos deberían estar haciéndole reverencias!”
.
La filmación dio inicio en agosto de 2011 en la ciudad de Chicago (que personificó a Metropolis) y en un pueblito de Illinois llamado Plano (que se vio transformado en Smallville). Acompañada de una poderosa campaña publicitaria en los cines, televisión e Internet, la cuenta regresiva hacia su estreno por fin dio inicio. 
Los efectos especiales estuvieron a cargo de Weta Digital (entre cuyos logros podemos citar las trilogías del Señor de los Anillos y El Hobbit de Peter Jackson), MPC y Double Negative y la música corrió por cuenta de Hans Zimmer (Dark Knight Rises, Thelma & Louise y Madagascar), en detrimento de la conocida marcha heroica escrita por John Williams.

Nuevamente, el actor encargado de interpretar el papel del hombre de acero sería un total desconocido, un inglés llamado Henry Cavill quien había logrado cierta fama por su intervención en la serie The Tudors. Respaldándolo se asoció un espectacular elenco conformado por Russell Crowe (Jor-El), Kevin Costner (Jonathan Kent), Amy Adams (Lois Lane), Michael Shannon (General Zod), Diane Lane (Martha Kent) y Lawrence Fishburne (Perry White… ¿negro?).

Así como Superman Returns fue un “homenaje-remake-que se yo” de Superman The Movie, El Hombre de Acero tomó como base argumental a Superman II, en donde nuestro héroe se enfrenta al megalomaníaco General Zod (Terence Stamp), aunque en el desarrollo de la misma poco tiene que ver con ella. Tanto Nolan como Snyder se encargaron de abrevar  en las fuentes arquetípicas del personaje, alejándose totalmente de las versiones cinematográficas anteriores y decantándose más hacia el terreno de la ciencia ficción que del puramente superheroico.

Sin entrar en detalles argumentales pues los lectores de este artículo me matarían, el guión no es precisamente un dechado de ingenio pero cumple con creces las expectativas de los espectadores. En el mismo nos describe un Kal-El muy humano y a la vez sumamente heroico, con una actuación más que digna de un Henry Cavill al que no le quedó para nada grande el uniforme rojiazul.

La acción, que no decae en ningún momento, esta hábilmente matizada con las escenas retrospectivas de la difícil infancia y juventud de Clark Kent en Smallville. Por suerte, ese periodo iniciático no se transforma en un lastre para el desarrollo del film y a su vez contribuye a que el mito de Superman vaya cobrando sustancia de manera inteligente.


Aparte de Cavill, es de destacar la labor artística de Russell Crowe, que encarna el papel de Jor-El, otorgándole al mismo una personalidad muy particular que lo aleja ostensiblemente del gordito kryptoniano que fuera interpretado por Marlon Brando en la versión del 78. El resto de los protagonistas, sin destacarse uno sobre el otro, no desentonan en ningún momento aunque varios de ellos no sean fundamentales para el desarrollo de la historia. 

El Superman de Zack Snyder y Christopher Nolan es el Superman de este siglo, un tipo oscuro pero que se halla más que deseoso por impartir su particular justicia gracias a sus increíbles poderes. Mientras miraba la película, no pude evitar pensar en el hombre de acero creado por Jerry Siegel y Joe Shuster y en la versión presentada por John  Byrne a mediados de los 80, ya que el film es una amalgama harto interesante de estas dos ideas que prometen ir por más en futuras entregas (que, según escuché por ahí, ya son un hecho).

En el apartado técnico, desde las espectaculares escenas del condenado planeta Krypton hasta la apocalíptica batalla entre Superman y el General Zod en la ciudad de Metropolis, la película es realmente soberbia y se encarga de alimentar profusamente el sentido de lo maravilloso que anida en todos aquellos que amamos este género tan especial. 

... y, gracias a Rao el dios de Krypton, Superman vuela en serio sin que se le noten los hilos. 

El Hombre de Acero es un auténtico producto de nuestros tiempos. Sin pretensiones más que el de entretenernos durante sus más de dos horas de duración, el film cumple con creces su cometido. El mundo comiquero andaba necesitado de que este gran héroe regresara a las pantallas de cine y que, luego de varios años de larga espera, se pudiera convertir en la gran esperanza para todos aquellos que aprendimos a amar a este personaje desde nuestra más tierna infancia.

Un último consejo: no se gasten en ir a verla en 3D, ya que el mismo parece metido con forceps, y no se queden esperando a que terminen los títulos (a menos que quieran escuchar la banda sonora o intenten leer los quichicientos nombres que aparecen en los títulos) porque no van a ver ningún extra, como suele suceder con las películas de los personajes de la Marvel.
¿Cual va a ser el futuro de El Hombre de Acero

Yo creo que glorioso, pues Superman aun tiene mucha tela para cortar y sé que volveremos a verlo surcando por los cielos de Metropolis, esa mítica ciudad que se encuentra en el seno de nuestra imaginación y nuestras esperanzas más queridas.


¡Allá en el cielo! ¡Es un ave! ¡Es un avión! ¡No, esta vez es realmente Superman!

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