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sábado, 13 de julio de 2013

KINGDOM COME (1996)

EL FUTURO LLEGÓ HACE RATO
Desde que en 1938 la revista Action Comics publicara la primera historia de Superman, el universo superheroico ha ido evolucionando a pasos agigantados, generando una inmensa cantidad de fans… y, por ende, grandes ganancias a las editoriales que las han estado publicando hasta nuestros días.

Cual si fueran una suerte de dioses cotidianos, estos variopintos personajes han sabido alimentar nuestra enfermiza imaginación y, porque no, nuestro gusto por la lectura.

Los superhéroes, ese invento auténticamente norteamericano, han sabido transformarse en emblemas de una filosofía de vida que ha ido sufriendo numerosos cambios a lo largo de sus años de existencia. 

En un principio eran los bastiones de la democracia contra un enemigo externo al que consideraban representantes del mal (llámese nazis, japoneses, comunistas o terroristas) pero el tiempo se encargó de cambiarlos, ya fuera tanto para bien como para mal.

Víctimas de sus propias incongruencias, muchos de ellos fueron transformándose y apartándose de esa imagen unidimensional que habían sabido tener en sus comienzos. Temas como el hambre, la corrupción, las guerras, la violencia desenfrenada y el racismo ya no podían permanecer ajenos para ese inocente universo de colores chillones. 

Los superhéroes debían madurar.

Hubo muchos intentos para lograr eso. Algunos, como la movida Marvel de la década del 60 y algunos escarceos de la DC con héroes como Green Lantern/Green Arrow, lograron llamar la atención de un grupo de lectores más adultos.

Luego de la renovación llevada a cabo por DC Comics en 1986, esta editorial se puso los pantalones largos y abrió sus puertas para que un nuevo tipo de comics pudiera ver la luz. 

Prueba de ellos fueron las labores llevadas a cabo por grandes guionistas de la talla de Alan Moore, Frank Miller, Neil Gaiman y unos cuantos más, los cuales se encargaron de construir un nuevo universo superheroico que fuera más creíble y por ende más interesante.

El panteón superheroico prosperó y, a pesar de las ambiciones editoriales por hacer mucha plata con esos personajes a riesgo de desgastarlos, nuevas ideas fueron surgiendo como pequeñas islas en un mar de inmensa chatura creativa.
Una de ellas fue el proyecto conocido originalmente como The End of the Heroic Age. El mismo tuvo su origen en una premisa argumental pergeñada por Alan Moore en 1987, antes de su indignada retirada de DC, llamada Twilight of the Superhéroes (Crepúsculo de los Superhéroes). Si bien el proyecto no prosperó, sus conceptos sirvieron para que numerosos guionistas idearan historias de similar factura, que si tuvieron la suerte de ser publicadas.

Luego del éxito obtenido con la miniserie Marvels, Alex Ross tomó como propia esa idea, le hizo algunos cambios y la expuso ante los directivos de la Editorial DC. El editor Dan Raspler se interesó en el asunto y lo puso en contacto con el guionista Mark Waid, el cual se encargó de redondear la trama descripta por el dibujante.

Ese fue el nacimiento de Kingdom Come.

Concebida como un Elseworld, relatos en donde los superhéroes son sacados de sus escenarios habituales y son colocados en tiempos y lugares totalmente diferentes, esta historia poco a poco fue transformándose en un referente casi indiscutido para un posible futuro del universo heroico de la editorial DC Comics.

El argumento, desarrollado en una miniserie dividida en 4 partes más un epílogo (La Llegada del Reino, Verdad y Justicia, Arriba en el CieloBattalla sin Fin y Planet Krypton), se mueve a un nivel mítico-apocalíptico en el cual el hombre común se verá confrontado con sus casi deíficos superhéroes, ahora temidos y muchos de ellos olvidados. En este posible futuro, nuevas generaciones de poderosos metahumanos se mueven sin moral ni respeto por el prójimo ni por si mismos, al hacer un mal uso de sus particulares dones.

Todos estos terribles acontecimientos se transformarán en el marco ideal para el regreso de un ya retirado Superman, quien ve con preocupación el oscuro camino que está tomando el mundo que ha jurado defender. Junto a Wonder Woman, Green Lantern, un renuente Batman y otros viejos mitos superheroicos, reúne bajo su manto a un grupo de aliados de entre las filas de los rebeldes. El fin de toda esa movida es imponer un nuevo orden y respeto por la ley.

Estas dramáticas acciones podrían llegar a detener toda la locura imperante o, por el contrario, acelerar el proceso destructivo de la humanidad, ya que las mismas  podrían estar equivocadas y existen demasiados enemigos, liderados por Lex Luthor y un poderoso Capitán Marvel, los cuales se hallan más que dispuestos para que el sueño del hombre de acero no pueda verse cumplido.

Tan solo el ser humano común y corriente, encarnado en la figura de un párroco llamado Norman Mc Cay (quien se halla apesadumbrado ante oscuras visiones del fin de los tiempos) deberá intentar humanizar a esos omnipotentes seres… aunque el precio de tamaña hazaña pueda culminar en la muerte y la destrucción de todo lo conocido.

El estupendo guión de Mark Waid va firmemente amalgamado con el apartado gráfico, sorprendiendo al lector en cada una de las viñetas que la conforman. Una convive en perfecta sincronía con la otra.

Mark Waid (1962 –Alabama-EE.UU.) es un gran conocedor de los grandes universos superheróicos de Marvel y DC. Para dichas editoriales realizó una innumerable cantidad de guiones para The Flash, Superman: Birthright, Capitán América, Action Comics, Adventures of Superman, Superman/Batman Secret Files, Impulse, Justice League Quaterly, JLA: Year One, Legionnaires, Legión de Super-Héroes, All Star Comics, 52, The Brave & the Bold, Countdown, Deadpool, Onslaught, X-Men, Spider-Man, Los Cuatro Fantásticos y un más que increíble etcétera que lo llevaría a ganar el famoso premio Eisner como escritor de comics.

La otra gran baza de esta magnífica obra son las espectaculares ilustraciones a cargo de Alex Ross. Lo más notable de su trabajo no es el haber creado una nueva forma de dibujar. Los mismos no son las estilizadas figuras de Neal Adams. Tampoco las abstractas escenas al mejor estilo Bill Sienkiewicz. Ni tan siquiera las hermosas y perfectas imágenes nacidas de la mente de Jim Lee

Nada de eso.

La obra de Alex Ross es simplemente un retrato de la vida misma. Una simple belleza de una complejidad aterradora, llena de esos pequeños detalles que nos ofrecen las maravillosas imperfecciones de la realidad. 

En sus creaciones no hay sombras donde no tiene que haberlas, ni los trajes son hiperajustados y sin ningún pliegue o costura. En sus héroes existen las canas… las gorduras… los tics. Sus héroes son creíbles y por ello se transforman en una auténtica obra de arte de características hiperrealistas. 

Nacido en 1970 en Portland (Oregon), Ross estudió ilustración en la Academia de Arte de Chicago y trabajó durante un tiempo en el campo de la publicidad. Su primer trabajo en el terreno de los comics fue Terminator: The Burning Earth (Now Comics). 
A principios de los 90, junto al guionista Kurt Busiek, realizó el primer trabajo importante de su prolífica carrera: Marvels, una historia que relata el nacimiento del universo Marvel visto desde la óptica del ciudadano común.

Sus obras posteriores son imposibles de enumerar en este artículo, yendo desde los grandes mitos superheroicos como Superman, Capitán AméricaBatman, Los Cuatro Fantásticos o Wonder Woman hasta la realización de portadas de comics sobre personajes televisivos como Ultraman o El Fantasma del Espacio o cinematográficos como Spider-Man o Hellraiser.

A fines de 1998 se realizó una miniserie llamada The Kingdom, que se transformó en una especie de puente entre las series regulares y Kingdom Come

Los guiones estuvieron a cargo de Mark Waid y contó con los dibujos de Tom Simmons, Mark Pajarillo, Frank Quitely, Barry Kitson, Brian Aptorps, Mark Farmer y el argentino Ariel Olivetti.

Esos intentos, y otros posteriores, estuvieron muy alejados de la gran obra de la cual abrevaron... y no es para menos.
Kingdom Come continúa el camino trazado por Watchmen (1986) y The Dark Knight Return (1986), transformándose así en parte de una importante tríada  iconográfica superheroica de finales del siglo XX. 

Este comic es una indudable referencia e ineludible lectura para todo fan que se precie de tal.

¡El comic de superhéroes no está muerto!

¡Gloria y larga vida a Mark Waid y Alex Ross que se encargaron de regalarnos esta auténtica joya!


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