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sábado, 13 de diciembre de 2014

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (8) por Daniel Barragán

INTERLUDIO (2)

Diario personal del doctor Serkis Dakaris, oficial de comunicaciones, lingüística, antropología y paleoetnia de la esfera espacio temporal STE-228 Juan Salvo. 

Hora relativa 171-10 (RA)


He descifrado con gran trabajo, pues el texto se encuentra escrito en una variante del latín que solo ha sido utilizado por algunos círculos esotéricos actualmente desaparecidos, varias partes del libro que he mencionado en la anterior entrada a este diario.

No puedo dejar de estremecerme por el conocimiento que el mismo me ha otorgado.

En mis épocas de estudiante había dedicado parte de mi tiempo libre a la investigación de las leyendas, mitos y supersticiones que han sabido formar parte de la evolución cultural humana desde tiempos inmemoriales.

Dioses y demonios. Fantasmas y espectros. Vampiros y licántropos. El cuco y el hombre de la bolsa. Gran cantidad de inconcebibles criaturas han sobrevivido desde siempre en ese vasto mundo imaginario que se esconde en nuestra mente.

Lamentablemente, el tecnificado siglo 21 ha perdido buena parte de esa magia y las historias fantásticas del pasado apenas si son escuchadas por los niños pequeños, como un simple pasatiempo para que sus atribulados padres puedan hacerlos dormir.

Hoy, debido al gran avance en las comunicaciones, el planeta es más pequeño que antes. Gracias a los múltiples usos del sistema multimediático de comunicación conocido como Overnet, no hay rincón de la Tierra que permanezca desconocido al infatigable racionalismo humano.

Los viajes espaciales sublumínicos, que nos han acercado a los planetas y satélites del sistema solar, se encargaron de terminar de destruir la endeble esperanza de algunas personas por encontrar algo que fuera totalmente ajeno a la ciencia del hombre.

Pero, aunque no crean ahora en ellos, todavía existen reinos que no han sido alcanzados por el saber humano. Fantásticos y vastos mundos desconocidos se esconden más allá de la conciencia. En esos lugares, de leyes físicas diferentes, habitan cosas que jamás podríamos llegar a entender con nuestra mortal comprensión.

Ellos, los auténticos y oscuros señores, tan solo aguardan su momento en el vasto devenir de las eras.

Quien pueda llegar a acceder a este diario pensará que todo lo que ha sido escrito en él pertenece a los desvaríos de un loco que ha sido afectado por algún tipo de desorden psicológico. Pero, aunque me hubiera gustado que así fuera, no es mi caso. Claro que no.

Recorriendo las páginas de Los Manuscritos Impheros, que de manera tan imprudente me propuse descifrar, he tomado cabal consciencia que esos universos desconocidos no se encuentran tan lejos como pensaba, sino que se esconden a muy poca distancia del nuestro. Mundos de terrible malevolencia, ciudades de ciclópeas columnas y espantosos tronos de piedra desconocida se encuentran separados de nuestro pobre entendimiento por un velo muy delgado. 

Ojos profundos y devoradores observan, sin pestañear siquiera, nuestras realidades, como si se trataran de simples piezas de caza.

En mis tiempos de estudiante, gracias a ciertos contactos que tuve con algunas sectas esotéricas secretas, tuve la oportunidad de acceder a algunas bibliotecas privadas en las que eran guardados libros olvidados de nuestra actual sabiduría. Los mismos me introdujeron en esos mundos de espanto y, muchas veces, me vi sorprendido postrándome ante esas vastas y polimorfas deidades, en busca de alguna respuesta a mis muchos interrogantes. 

Horrorizado por tales desvaríos juveniles, finalmente logré alejarme de todo eso, como si esas cosas entrevistas hubieran sido tan solo una mala pesadilla.

Pero aquí y ahora, frente a este terrible libro, me he dado cuenta que todo ese horror había permanecido escondido en algún oscuro rincón de mi mente... acechándome en expectante silencio, hasta que por fin me percatara de su presencia.

He apagado el scanner a fin de impedir que siga con el trabajo de transcribir, en su memoria virtual, todo ese caudal de conocimientos prohibidos que he puesto a su alcance. Tengo que impedir que esas ideas puedan llegar a nuestro siglo, pues no estamos preparados para ello.

Mucho es lo que podría decir sobre lo peligroso que es este libro y no sería totalmente la verdad. Una simple muestra se halla en sus primeras páginas, que actúan a modo de prólogo, las cuales nos pueden dar una vaga idea sobre los alcances de este horror apenas entrevisto.


“... sucedió que Ellos, Los que Acechan, descendieron a la Tierra, en los tiempos en que el hombre era un sueño de la creación.

Allí plantaron sus reinos y por millares de evos sus oscuras potestades gobernaron los mares primigenios y las imponentes montañas de fuego.


Más, cuando el llamado hombre estuvo preparado para regir su propio destino, aquellos que acechan percibieron que su tiempo había dejado de ser.


Pero no murieron.


Sus magnificencias no fueron corrompidas por el gusano, que es la carroña propia de los mortales.


Sus protervos espíritus yacen en un sueño eterno, para despertar cuando los signos sean propicios, auspiciados por extraños hombres que reniegan de serlo y criaturas corrompidas por enfermedades de la carne.


Pues lo dijo el gran profeta, el vidente y servidor de Mhalyoght, Sh-utor e Ibtha, los que nunca olvidan. Los que nunca mueren.


Y lo dicen los vientos. Y las mareas del tiempo.


Volverá a ser lo que ha sido. Volverá a andar lo que ha andado.


 Y surgirán donde antes surgieran.


Y extenderán sus formas desde el caos mismo y mirarán en su torno, buscando su lugar, su destino ya fijado.


Y se alzarán desde el polvo del olvido. Desde los abismos del tiempo. Desde el alma misma.


Y dejarán por fin su eterno acechar, para volver a ser lo que siempre han sido...”


El silencio reinante es el único testigo de este inquietante descubrimiento. Por fin llegué a comprender que las investigaciones que había llevado a cabo cuando era joven han cobrado su verdadera dimensión. 

Es poco menos que imposible hablar de estos temas con el teniente Rotera, pues seguramente se reiría de todo lo que pudiera llegar a decirle. Él todavía no se encuentra preparado para asumir esta verdad.

Ahora estoy por demás seguro que no nos hallamos en este sitio por accidente, ni siquiera por la supuesta acción terrorista de unos fanáticos del siglo 21. Todo lo que está aconteciendo es mucho más vasto y antiguo que un grupo de simples mortales.

Pero aún es poco lo que sé. Muy a mi pesar, tengo que continuar con todo esto. Debo descubrir la verdad. Aunque a todos les parezca una auténtica locura, debo prevenir a la humanidad de que el fin de los tiempos esta llegando.


Serkis Dakaris

Linguista de la expedición cronal 9

CONTINUA...

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