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domingo, 24 de mayo de 2015

HISTORIAS DE MUCHO MIEDITO (3)

EL TERROR VIENE EN ENVASE CHICO

Las ciudades que se erigen a lo largo de todo el mundo suelen nutrirse de extrañas leyendas urbanas que, en mayor o menor grado, han sabido persistir en el imaginario popular. Demenciales fantasmas, ritos secretos, ancestrales maldiciones o extraterrestres implicados estrambóticas conspiraciones conforman una parte indisoluble dentro del acervo cultural de la humanidad y de nada valen las explicaciones científicas que intenten aclarar esos misteriosos hechos, que muchas veces no son tales.

La gente se siente dispuesta a creer a rajatabla cualquier tipo de leyenda urbana que se precie de serlo. Quizá, en el fondo de nuestro inconsciente, sea una manera de poder seguir disfrutando de esa fascinación por lo maravilloso que resultaba ser muy común durante la infancia. Es el tratar de seguir creyendo en la existencia del cuco o del monstruo debajo de la cama. Es imaginarse que todavía existe un universo escondido dentro de nuestro universo cotidiano. Quizá sea eso…

… y quizá sea algo mucho más oscuro. Más terrible.
Nuestra querida ciudad de Buenas Aires no es la excepción a esta regla y es así como se ha nutrido con extraños mitos y creencias sobre la existencia de un mundo sobrenatural que se obstina en permanecer oculto a nuestra mirada. A muchos de sus habitantes se les antoja pensar que, en los recovecos de sus calles, puedan aún vivir criaturas aterradoras cuyas horrendas historias nos hacen estremecer cada vez que las escuchamos. 

Entre los muchos relatos que corren por ahí podemos nombrar el de La Dama de Blanco de la Recoleta, el último taxi, el gigante de Once, el hombre sin párpados del ferrocarril Mitre, el fantasma de Felicitas, el Reservito, la Planchadora sin cabeza de Parque Rivadavia y el que quizá sea el más extraño y ridículo de todos ellos… la historia de...


BELEK¡¡EL ENANO VAMPIRO!! 
(No se rían, por favor, que esto es de miedo en serio).


Corría principios de 1970, cuando a la Argentina arribó el Circo de los Zares. El mismo estaba integrado por artistas de origen prusiano que se encontraban realizando una gira de carácter mundial y cuyo predio fue erigido en la zona del bajo Flores (hay otros artículos que lo sitúan en el viejo gasómetro de Avenida La Plata).

La alegre zarabanda circense que había llegado al barrio muy pronto se vio opacada cuando algunos animales del circo, y también los perros y gatos de la zona, comenzaron a aparecer muertos y desangrados de manera harto misteriosa. Sospechando que alguno de los integrantes de su troupe pudiera estar implicado en todo ello, el encargado del circo Boris Loff redobló la vigilancia del predio, una acertada acción que terminaría dando sus frutos.

Entre sus integrantes se encontraba un enano llamado Kirki, el cual desempeñaba la labor de payaso. Esto no sería de extrañar si no fuera porque dicho personaje había nacido nada más y nada menos que en la zona de Los Cárpatos… el mismo sitio en donde había vivido Vlad Tepes el empalador, al que Bran Stoker había hecho mundialmente famoso en su novela de terror gótico Drácula. A este inquietante detalle también se sumaba la misteriosa actitud que tenía este personaje en lo que refería a sus hábitos de vida nocturnos, rehuyendo totalmente de la luz del sol.

Una noche se dejaron escuchar los chillidos de un animal siendo atacado de una manera sumamente cruel. Con sorprendido horror Boris, el hombre Bala y la Mujer Barbuda (unos muy dignos testigos) se encontraron de buenas a primeras con el enano succionando la yugular de Vera, una inocente mona Titi. Para evitar la intervención de la policía, Kirki fue expulsado del circo de manera inmediata.

Pero la espantosa historia, lejos de terminarse, comenzó a tomar estado público entre los vecinos del tranquilo barrio del Bajo Flores. En las semanas subsiguientes a la expulsión del enano, numerosa cantidad de palomas, perros y gatos comenzaron a desaparecer de las calles, por lo que las miradas de todos se dirigieron de inmediato hacia el nuevo vecino que se encontraba entre ellos y que en esos momentos estaba habitando una casa abandonada que se hallaba ubicada entre las calles Recuero y Castañón.

Por supuesto ese vecino no era otro que Kirki, quien había adoptado el nombre de Belek, una diabólica criatura a quien todos llegarían a conocer como… 


¡¡EL ENANO VAMPIRO!! 
(¡Les dije que no se rieran!)


Según se cuenta, el enano de marras era un individuo de no más de 50 centímetros de altura, cabeza ovalada, cabello rojizo, piel extremadamente pálida como la de un cadáver y hábitos nocturnos. También se caracterizaba por su gran agilidad, la cual incluso le permitía salvar altas paredes y escapar de quien tratara de acercársele.

El terror comenzó a ganar su lugar en las calles del barrio y, al llegar la noche, las amadas mascotas eran puestas a salvo en el interior de las casas, las ventanas eran cerradas y las ristras de ajo o los crucifijos eran colocadas en lugares estratégicos con el fin de evitar que la vil criatura satisficiera sus perversos instintos.

Quiso la suerte que unos albañiles, que se hallaban encargados de la demolición de la vieja casona en donde aparentemente se escondía Belek, descubrieran el nefasto destino que habían sufrido las mascotas desaparecidas. En un sótano de la misma fueron encontrados numerosos cadáveres de estos animales a los cuales les faltaba totalmente la sangre de sus cuerpos. Si bien esperaron durante varios días la aparición del siniestro personaje, el enano vampiro no volvió a aparecer por ese sitio.

Pero el monstruo de bolsillo continuaba acechando, desde las sombras, al aterrorizado barrio. 

El asunto comenzó a ponerse realmente feo cuando una vieja vecina del barrio fue atacada por Belek. Posteriormente se habló del ataque a otra mujer y la desaparición de un bebe en una de las villas de la zona. Otro caso, quizá el más gracioso, cuenta que uno de los atacados (un tal Galán) pudo detener el ataque del vampiro haciéndole ¡Un piquete de ojos al mejor estilo de Martín Karadagian!  

Si bien hubo numerosos intentos para atraparlo, todo eso fue totalmente inútil ya que, además de peligroso, Belek era sumamente escurridizo.
-Esquina de Recuero y Castañón en la actualidad-

Durante un lapso de tiempo bastante largo nada se supo de Belek, a excepción de ocasionales encuentros de palomas o gorriones desangrados, y es a partir de aquí donde esta leyenda urbana comienza a tomar diferentes caminos en lo que se refiere a su desenlace. 

Una de ellas cuenta que, luego de los macabros hallazgos de la casona de la calle Recuero, un experto en ciencias ocultas (“cuyo nombre permanece en el anonimato”) diseñó un plan para atrapar al demoníaco vampiro. Para ello pusieron el maniquí de una mujer en la cama de un cuarto con la ventana abierta hacia la calle. Atraído por el irresistible bocadillo hemático, Belek se introdujo en la habitación y finalmente fue atrapado. 

El experto procedió a examinarlo y comprobó que el mismo padecía la temida afección vampírica de la cual se sospechaba. A su vez, el pobre de Belek (que es muy probable que sufriera alguna severa enfermedad mental) contó que tenía 600 años de edad y que había sido la víctima de un Nosferatu en su país de origen.

Luego de una larga deliberación entre los presentes, que fue desde someterlo a rigurosas investigaciones científicas a decapitarlo y clavarle una estaca en el corazón, finalmente terminaron ofreciéndole un empleo como guardia nocturno en el cementerio de La Chacarita, en donde podría llevar a cabo sus tropelías en total soledad y sin dañar más que a las ratas que por allí pululan.

¡¡Argentina país generoso!!
-Cementerio de Flores-

Otra de las historias nos cuenta que, en una noche de invierno, un grupo de vecinos se unió a la caza del malvado Belek y finalmente terminó atrapándolo con la red de un arco de futbol en las cercanías de la estación Flores del ferrocarril Sarmiento. 

Pero el artero personaje, que parecía tener muchos recursos a pesar de su pequeño tamaño, logró cortar las cuerdas con un cuchillo que llevaba consigo y se escapó velozmente por entre las oscuras calles del barrio. Si bien fue visto en varias oportunidades, nadie pudo volver a atraparlo y se cuenta que aún vive en el cementerio de Flores, acechando a los visitantes que visitan ese lugar.

Algunas otras historias han llegado incluso a convertirlo en una suerte de fantasma errante que hizo su aparición en varios barrios de la Capital Federal como Flores, Palermo o Puerto Madero, matando y succionándole la sangre a todo animal que se le ponga en el camino.

¿Un mito urbano sin fundamento alguno? ¿Un mini vampiro? ¿Un loquito?

Nadie hasta el momento sabe exactamente cuál es la auténtica verdad sobre Belek, el enano vampiro. Sus oscuros secretos todavía permanecen totalmente ocultos en laberíntico entramado de nuestra misteriosa ciudad de Buenos Aires.


¡¡Y POR FAVOR DEJEN DE REIRSE QUE ESTA ES UNA HISTORIA DE MIEDO!!


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