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domingo, 11 de enero de 2015

LA INIQUIDAD DE LAS SOMBRAS (10) por Daniel Barragán

INTERLUDIO (3)

Diario personal del doctor Serkis Dakaris, oficial de comunicaciones, lingüística, antropología y paleoetnia de la esfera espacio temporal STE-228 Juan Salvo. 

Hora relativa 172-1 (RA)

La oscuridad ya envuelve todo mi ser como un frío sudario que anticipa mi propia muerte.

La nave espacio-temporal, cual si fuera una pequeña isla, se ha transformado en una suerte de anclaje con la realidad de lo que ha sido mi pasada vida mortal. El resto parece producto de un sueño... o, lo que es peor, de una pesadilla.

Gorg Rotera ha sido devorado por esa misma oscuridad.

Desoyendo totalmente mis objeciones, el teniente había salido fuera de la Juan Salvo para comprobar el funcionamiento de uno de los lectores telemétricos. A pesar de mis temores, todo parecía marchar con normalidad hasta que un extraño sonido, que parecía provenir desde el fondo de la biblioteca, comenzó a escucharse cada vez con mayor intensidad.

Sin atreverme a salir, pero intentando llamar su atención, grité a Rotera que volviera a la nave. 

No recibí ninguna respuesta.

El ominoso sonido volvió a dejarse escuchar aún más cerca, como si algo enorme, una entidad imposible de llegar a ser imaginada por ningún ser humano, estuviera arrastrándose por el polvoriento suelo de madera. Luego de un breve lapso en donde reinó el silencio más absoluto, se dejó escuchar un grito ahogado y un aterrador sonido burbujeante, como de alguien ahogándose en aguas profundas. Cuando se hizo nuevamente el silencio, debieron pasar varios minutos antes que pudiera juntar el valor necesario como para salir de la nave en busca de mi compañero.

No hallé el menor rastro del teniente Rotera.

No pude hacer nada al respecto, ya que ni siquiera tengo la valentía de explorar más allá de unos pocos metros de la realidad que todavía me significa la esfera cronal. Temo que si lo hiciera podría llegar a perderme por entre los pasillos de la laberíntica biblioteca a la que hemos arribado. Me aterra pensar en lo que pueda estar escondido entre los ocultos recovecos, el polvo y las viejas hojas ahítas de vastos conocimientos que han permanecido olvidados hasta que mi insaciable curiosidad se atrevió a profanar sus secretos.

Sé muy bien que allí afuera me aguarda una bestial y primitiva entidad que se encuentra deseosa por devorar todo lo que mi persona representa.

Tan solo me resta la compañía de este libro infernal y sus extrañas tapas de inquietante suavidad, que parecen palpitar con un poder que me es imposible llegar a definir. Sus amarillentas y gastadas páginas encierran verdades, que más me hubiera valido no conocerlas jamás.

Menudo castigo a mi amor por el pasado y los secretos olvidados.

Durante la enfebrecida lectura del manuscrito, me ha parecido llegar a vislumbrar entre las sombras reinantes a aquellas deidades magnificentes arribadas de tiempos remotos como si las mismas realmente hubieran existido… o existieran.

El ciclópeo Mhalyoght, en el centro del caos infinito.

El multiforme Sh-Utor, expansión misma de ese caos y del universo todo.

Ibtha, el guardián eterno del pasado.

El dios, que es gusano y carroña, Y´Rik.

El gran Thargost, el inmortal soñador que yace en la profunda Irkthara.

Los omniscientes N´ur y su séquito de Impheros.

Los malvados Ghurines.

... y tantos, tantos otros.

Criaturas babeantes, amorfas y abominables, que habitan en las dimensiones externas, esperando... siempre esperando.

Mis ojos han recorrido las páginas de este terrible libro con espantado embeleso. Mis pupilas se han dilatado ante los vastos tiempos y las creencias terribles que han  sabido sobrevivir a la historia del ser humano.

Este libro no es solo un libro. Es una puerta y creo haber encontrado la llave.

Ellos nos acechan... y ni siquiera podemos percibir ese simple e inquietante detalle.
Mis osadas investigaciones me han llevado hacia nuevos niveles de comprensión. Si mis compañeros de expedición me vieran en este momento, se aterrarían ante mi nuevo aspecto. 

Mi nuevo ser.

La envoltura, esa cáscara que llamamos humanidad, es apenas una delgada tela que cubre mi auténtico ser. Sé que lo que me espera no es la muerte, pues aquellos que acechan me están deparado otros destinos.

Y hay formas de existencia que son aún más temibles que la misma muerte.

Puedo sentir que nuevamente que hay algo arrastrándose en la oscuridad. Algo de pavorosa naturaleza está acechando en los rincones oscuros, en busca de la nueva presa que ha osado descubrir sus secretos.

El terror me rodea como algo tangible... pero aun así continuaré con este diario, mientras conserve un rastro de humanidad en mí ser, para que la gente del frío siglo 21 sepa la verdad.

Ya no soy Serkis Dakaris, el lingüista de la expedición cronal de la nave Juan Salvo. Muy pronto dejaré de ser lo que soy, pues ya están viniendo por mí... 

¿Adonde me llevaran? 

No quiero saberlo. No, no quiero...

La oscuridad me está rodeando más y más. Pero la misma no sería tan terrible si no fuera porque hay tantos dientes afilados. Tantos ojos sin párpados que me acechan.

Serkis Dakaris

Lingüista de la expedición cronal 9

CONTINUA...

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